Salsilla entre fogones

No llegaron a temblar los muros del txoko el fin de semana pasado, y eso que estábamos todos. Imagino que algo tendría que ver la excursión al museo de la madera y el festival gastronómico que se pegaron algunos.

 
Total, que casi pasó de puntillas el último escándalo político acontecido en nuestro territorio histórico la pasada semana del que han sido protagonistas destacados dirigentes del PNV alavés y que ha acarreado la dimisión de algunos de ellos. 
 
Presunciones de inocencia al margen lo que más salsilla le da al tema son los detalles menos importantes. Igual que cuando se hablaba de los trapis de Camps te imaginabas al sastre tomándole medidas, aquí el tema ha ido hacia el hecho diferencial, esto es, a lo gastronómico, con lo que esta trama huele sobre todo a bacalao al pil pil, chuletón poco hecho, y a buen vino de Rioja Alavesa. 
 
Ahora que lo pienso es lo mismo que hacemos nosotros, sólo que nuestras cenas suelen ser bastante menos pretenciosas en lo gastronómico (aunque no en lo que al bebercio se refiere), ah, si, y que todavía no se nos ha ocurrido hacer un par de sociedades mercantiles con sede social en el Txoko de Edu.
 
A ver qué pasa con esta historia, que el tema no ha hecho más que empezar. Es de prever que en sucesivas cenas volvamos a hablar del asunto, o que se entonen variaciones sobre el tema. Volveremos a discutir sobre la política en general, la política en los pueblos en particular, qué significa eso del “desarrollo rural”…. y sí, seguiremos nosotros también debatiendo a ver cuál es el mejor bar para comerse una tortilla de patatas como dios manda. Se aceptan propuestas, por cierto.
 
Y hoy hay que mandarle un gran besico a la Cule, que ha sido su onomástica recientemente.
 

Un Yankee en la Corte del rey Arturo

Desparecida es la novena novela de Harlan Coben que tiene como prota al agente deportivo Myron Bolitar, y en esta ocasión nos cuenta una aventura que en gran medida se desarrolla en suelo europeo, en París y Londres en concreto.
 
Es una pena la forma tan irregular en que RBA ha ido publicando los libros de esta serie. Anuncian el tercero para dentro de unos meses y ahora nos sacan el noveno. Hace un par de años editaron el octavo mientras que otros libros de la serie están agotadísimos, al punto que si se quieren leer hay que tirar de bibliotecas públicas, y en mi caso de préstamos interbibliotecario, ya que en la red gasteiztarra no están ni en depósito. Habrá que esperar que el tirón del autor haga que se vayan publicando aunque sea a cámara lenta.  
 
La serie Bolitar es un producto puramente americano. Para empezar, el protagonista es una antigua gloria deportiva, su compañero de aventuras y desventuras un millonario que vive al ladito de Central Park, y la mayor parte de los casos con los que se encuentran tienen que ver con el mundo del deporte, el famoseo y la clase alta neoyorquina. 
 
En este caso, Coben saca a su personaje de su entorno y lo enfrenta a una realidad cultural distinta, sin perder por ello las señas de identidad de su literatura: mucho ritmo, mucho diálogo y mucho sentido del humor. 
 
Una novela, pues, para los incondicionales de Coben entre los que me encuentro. Un thriller de ritmo desenfrenado, al fin, entre tanta novela de nostálgicos y tristones autores nórdicos.
 
 
Desaparecida
Harlan Coben
RBA 2010 
 

Atornillando la noche de los viernes

El viernes pasado estuvimos en un concierto de los que organiza la asociación mirandesa Mirajazz. Intentamos ir siempre que podemos a estas audiciones porque la verdad es que están muy bien y la gente de la asociación se lo curra un montón. La convocatoria era tentadora, “un grupo cubano”, pero al final sólo nos animamos la Yuyu, Elvi y el menda lerenda. Ah, y también vino Ana, que no se me olvide.

Los conciertos de Mirajazz son especiales. Para empezar, el sitio en el que tocan los grupos es un lujo: la fábrica de tornillos; un local muy guapo y muy bien acondicionado para estos eventos. Y justo cuando llegas es cuando empiezan las sorpresas: pagas la entrada (10 euros normalmente), y nada más pasar la puerta te obsequian con una copita de cava bien fresco. De ahí pasas a la zona para el público… y te encuentras con un montón de mesas y sillas con sus velitas encendidas que le dan un ambiente molón y cálido al local. Como si estuvieras en un bar con música en directo pero a lo bestia, vamos.

Es habitual que la gente además de pillar unas birritas (caso de no seguir con el cava) pida para picar una tabla de embutido y queso, y también es habitual que como el concierto pierda intensidad en algún momento, la gente opte por ponerse a hablar en lugar de escuchar. Este tipo de concierto es lo que tiene, y casi diría que es parte de su encanto.

Pues bien, el viernes tocó el grupo de Jazz latino Zambura, y la verdad es que estuvo muy bien. Es cierto que se esperaba al vibrafonista Alfredo Chacón, pero el saxofonista que le sustituyó respondio con mucha solvencia… y además hizo felices a mis tres acompañantes, que acordaron que sí, “… que muy bueno el del saxo”.

Total, que pasamos un rato muy entretenido escuchando a un buen grupo de jazz latino y que por momentos nos hizo trasladarnos de la primaveral Miranda a alguno de esos paraísos tropicales de nuestro imaginario.

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Latinia-Gasteiz

Ayer estuve en un concierto didáctico de jazz. Esta temporada es la tercera vez que me acerco a ver lo que nos propone la gente de Jazzargia y el Departamento de Educación del Ayunta gasteiztarra. Las dos veces anteriores los conciertos eran, el primero sobre la bossa nova en el jazz y el segundo se habló (tocó) jazz-rock. Ah, y al que daba comienzo a la temporada,  jazz y flamenco, no pude ir porque justo cayó la primera nevada de la temporada y no era cosa de andar jugándose el tipo por ahí. Ah, y como la vez anterior, que ya casi está convertida para la causa, fui con Elvi.
 
 La estructura de los conciertos siempre es la misma: Gere (José A Guereñu), un bajista de lo mejorcito que se puede escuchar por estas lindes, hace de aglutinador, y a su vera se juntan un puñado de buenos músicos que irán tocando temas más o menos representativos del estilo del día. La historia se complementa con la presencia de una persona experta en el estilo al que se dedique la sesión que es entrevistada por un miembro de jazzargia que se encarga de dinamizar el coloquio.
 
Yendo al lío, ayer se tocó mucho y buen jazz latino. Por allí fueron pasando temas de Dizzy Gillespie, Mongo Santamaría…  hasta la “manteca” de Chano Pozo, muchos de ellos muy reconocibles e interpretados con solvencia por la banda del día, que la formaban Mikel Andueza al saxo, Jon Urrutia al piano, Luis Dulzaides a la percusión, Hasier Oleaga a la batería y el mencionado Gere al bajo.
De los tres conciertos en los que he estado, el de ayer fue el que menos me gustó. Puede ser que yo esperase un repertorio más cercano a Michel Camilo, Paquito D’Rivera y compañía, o puede que la banda se quedase un poco corta (en mi opinión hubiese hecho falta otro músico de viento para acompañar a Andueza), pero a pesar de todo hay que reconocer a la banda el esfuerzo que hizo y felicitarles porque por momentos te olvidabas que estabas en Siberia-Gasteiz y dejabas ir la imaginación al ritmo de la percusión (muy potente el dueto Oleaga – Dulzaides, por cierto).
 
Volveré a pasarme a ver las “Ondas de Jazz en la ciudad” el próximo mes, que creo que versará sobre la voz en el jazz (la cosa promete), y si lees esto y quieres aprender un poco de este estilo musical, no te lo pienses porque estos conciertos están pero que muy bien. Ah, se me olvidaba, la pesona invitada ayer fue Patri Goyalde, un buen acompañante a un buen grupo de músicos.
P.S.: Se me olvidaba. En la página de Jazzargia se pueden escuchar (cuando funciona) los comentados conciertos. Ya sabes, que aproveche. Ah, y os dejo la canción con la que me hubiese gustado que acabasen el concierto… pero no pudo ser.
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Benemérita estrategia

La estrategia del agua es la quinta novela que escribe Lorenzo Silva protagonizada por los guardias civiles Bevilaqua y Chamorro, aunque existe un sexto volumen titulado “Nadie vale más que otro” y que son cuatro relatos con los mismos personajes.

 
Mucho se ha leido estos días en los medios de comunicación sobre esta novela; que si cómo trata el tema de la mala utilización de la justicia, que si es un alegato a favor de la custodia compartida de los hijos…. Temáticas al margen, a mi cada vez me gusta más cómo escribe Lorenzo Silva. Me han gustado especialmente los diálogos y lo bien que le tiene cogida la medida a su protagonista, el brigada Bevilaqua. Además, en esta ocasión este personaje empieza la historia con un mosqueo considerable, que pienso es muy bien aprovechado por el escritor.
 
La novela se lee muy fácil, más si ya eres una persona asidua a otras aventuras de esta pareja. En esta ocasión hay algunos personajes nuevos dentro de su equipo, pero la dupla del prota con Chamorro son los que llevarán, como siempre, la voz cantante. También me ha gustado el protagonismo que se le da al agua. Silva da la sensación que tiene mucho cuidado a la hora de escoger los títulos de sus obras. En esta ocasión, también, y ese fluir del agua por debajo de la trama es un recurso muy bien llevado y muy interesante.
 
Sólo puedo ponerle un “pero” a esta novela, y es que en su empeño por romper la histórica imagen de la benemerita, Silva nos presenta a unas fuerzas de la ley en las que todos son buenos profesionales y buenas personas. Hombre, ni tanto ni tan calvo. Está bien que le vayan a tener que hacer un monumento los beneméritos por haberse inventado a estos dos personajes, y está bien que en su papel de “defensor del lector” no se meta en muchos charcos (me acordaba a veces del tremendo personaje que crearon Andreu Marín y Carles Quílez, el teniente Molero, un personaje memorable), pero un poquito más de realismo tampoco le hubiera venido mal a las trama en este aspecto.  
 
Dicho lo cual, en cuanto escriba la próxima aventura de esta gente me la leeré, que lo cortés no quita lo valiente y yo soy muy fan tanto de Chamorro como de Bevilaqua.
 
 
La estrategia del agua
Lorenzo Silva
Destino 2010 
 

Santa Rita Rita

Creo que fue en una reciente vida anterior cuando de la mano de Gorka, uno de mis compas de Erdu me fui enganchando a la música brasileña. Antes, en otras reencarnaciones había disfrutado mucho con Jobim, Charlie Bird o Stan Getz. Sin embargo, el Gorka nos fue actualizando el catálogo cuando nos descubrió a Djavan, Ivan Lins o Maria Bethânia….tremendo, vamos.

 Pues hoy, y aprovechando que viene de gira por la piel de toro (girilla habría que decir, ya que sólo toca en Madrid y Barcelona) me gustaría poneros alguna canción de María Rita, una artista que no me atraía nada por eso de ser “hija de” (y ser hija de Elis Regina tiene que ser un condicionante tremendo tratándose de música) y que sin embargo ya con su primer disco (Maria Rita – 2003) me dejó sin palabras.

 No voy a intentar teorizar ni sobre ritmos ni sobre “el color de su voz” ni nada de eso. No sé de esas cosas, así que no me voy a hacer el listo. Simplemente deciros que Maria Rita suena muy bien, y que cuando la escuchas, además de escuchar una voz contemporánea parece que escuchases parte de la tradición musical de ese tremendo (por extenso y por grande) país que es Brasil.

 No hablo más, que está a punto de empezar uno de esos temazos de la Rita.

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Literatura que huele a mar

Este ha sido, seguramente, el libro que más me ha gustado de los que tuve la oportunidad de leer en 2009. Este autor ya  me había dado buen rollo cuando leí “Ojos de agua”, su anterior obra, que era el inicio de una serie en la que el protagonista es el comisario Leo Caldas y cuyas tramas se han desarrollado (hasta la fecha) en Galicia.

 La playa de los ahogados se inicia con la llegada de un cadáver a una playa gallega. El prota, Caldas, tiene que lidiar con las peculiares características de las gentes de la mar mientras paralelamente se nos cuentan  los tiras y aflojas de Caldas con su padre, dueño de una pequeña bodega de excelente vino.

 Me parece especialmente interesante y divertida la relación entre el gallego Caldas y su ayudante, el aragonés Estévez. Aquí salen a flote un montón de tópicos regionales pero que en la novela funcionan muy bien. Teniendo en cuenta el carácter melancólico de Caldas, estas pinceladas de humor enriquecen la obra.

 Así pues, nos encontramos con una obra que huele a mar, a vino y a bruma y en la que la gastronomía tiene un papel destacable. Solo una cosa más: si no tienes prisa por hincarle el diente a este libro te recomendaría que leyeras antes la primera novela de la serie, “Ojos de agua”, una muy interesante novela que aun tocando una temática muy distinta, nos sirve para ir conociendo a los personajes y el entorno en el que se mueven.