@Yoriento

Conocí a Alfonso Alcántara en un programa de “la 2”. La verdad es que es una frase para quedar muy pero que muy bien. “Oye, que yo veo la dos, ¿eh?” y “Oye, que a mi me va lo de estar al día en todo lo concerniente a la web social, ?eh? 

Y resulta que ninguna cosa de las dos es verdad. Veo la dos muy pocas veces, y lo de la web social y el dospuntocerismo me supera por todos los lados, sobre todo porque creo que soy una persona muy mal preparada para la constante evolución tecnológica que requiere todo esto.

 Y ¿qué hice tras ver a Alcántara en la dos?. Pues suscribirme a su blog. Un hombre que es un gurú de la internet y que encima está especializado en temática laboral, algo en lo que yo también he de esmerarme en mi trabajo aunque de forma tangencial… pues casi era de obligado cumplimiento.

 Pero he aquí mi sorpresa cuando me lo encuentro de ponente en la jornada que organizó la gente del BBT Gasteiz para dar una charlilla sobre identidad digital. Y digo sorpresa porque su exposición me pareció de lo mejor que he oído en los últimos años, y no sólo por lo que nos vino a contar sino por cómo nos lo contó. Creo que este hombre ha hecho de la sencillez y del sentido del humor unas armas (de destrucción masiva, claro está) infalibles para acercar su discurso a personas que en muchas ocasiones ven todo esto de la web social y los twitters y feisbucs algo lejano y complejo.

 Y nada más lejos de la verdad. El mensaje de @Yoriento es bastante sencillo: gestiona tu identidad digital y aprovéchala al máximo como herramienta de acceso o movilidad en el mundo de las relaciones laborales.

 En estos tiempos en los que de tanto hablar de participación, innovación y fomento de la creatividad, estos conceptos se van pareciendo cada vez más a palabras vacías, darse una vuelta por @yoriento, y sobre todo conocer a Alfonso Alcántara, la persona que hay detrás de esa marca, un tío cercano, divertido y que sabe mucho de lo que habla, es casi casi…. una obligación.

 

Llega Camilleri, llega el veranito

Cuando me entero que Camilleri ha publicado un nuevo libro de la serie Montalbano lo compro en cuanto tengo ocasión. Además, es norma de la casa dejar cualquier otra obra que tenga entre manos para zambullirme en sus páginas.

Es esta una serie bastante larga (creo que son 12 novelas más algún libro de relatos) y que tiene aun más mérito porque el autor empezó a escribirla cuando ya era bastante mayor. En la actualidad es uno de los autores más leídos en Italia, y por lo que he podido leer en alguna entrevista, un antiberlusconiano furibundo. Un viejecito entrañable, vamos.

Me gusta también Montalbano (o Camilleri, que los confundo), porque sus libros me hacen ver el Mediterráneo y cuando paso las páginas me llega el olor del aceite de oliva, la pasta, los calamares fritos y los salmonetes; y también me gustan estas novelas porque me encuentro con una cuadrilla de currantes bastante entrañable. La gente de la comisaría de Vigatá: Fazio, Cattarella, Augelo, etc.. son ya parte indispensable en las historias. Aunque el protagonista sea Montalbano, la gente que trabaja en su comisaría son auténticos secundarios de lujo. Si, una especie de canción triste de Hill Street a la siciliana.

Así expuesto, el argumento de cada historia no es lo fundamental. En este caso el argumento gira alrededor del robo de unos caballos…. pero casi da lo mismo. Es más emocionante leer cómo se complica la vida Montalbano, cómo afronta el paso del tiempo, cómo se relaciona con sus iguales, cómo encara los enamoramientos o cómo analiza la presencia de otro protagonista que siempre está ahí en un segundo plano; la mafia.

Por estas cosas, y me imagino que también por otras más, es por lo que me gustan tanto las novelas de Camilleri. Además, ese homenaje nada velado a Manuel Vazquez Montalván hace que en ocasiones, sobre todo cuando comienza a describir esos platos de pasta y pescado que se mete el dottore Salvo entre pecho y espalda, me acuerde de Carvalho, el hombre que protagonizaba una historia que creo recordar se llamaba “Los pájaros de Bangkok”, una novela (una historia) que me hizo pensar, en otra vida, que a lo mejor esto de las novelas negras no era mal negocio aunque no estuviesen muy bien vistas.

Y por qué no decirlo; que ante la avalancha de títulos nórdicos que nos ha inundado y sigue inundando las estanterías de nuestras librerías y bibliotecas, no viene nada mal volver la mirada al Mediterráneo de vez en cuando.

La pista de arena
Andra Camilleri
Salamandra, 2010