Archivo mensual: junio 2010

Giley: cuando el juego no lo es tanto

Cómo me ha gustado esta novela de Julián Ibáñez. Ya había leído alguna de sus obras, sobre todo aquellas en las que el protagonista era Novoa, un contable que empezó moviéndose en los primeros títulos por alguna ciudad portuaria del norte de España y al que encontrábamos en su última novela regentando un club de carretera en algún lugar de la meseta. A esta serie pertenecen los títulos “Mi nombre es Novoa”, “Tirar al vuelo”, “Llámala Siboney”, “Doña Lola” o “Entre trago y trago”. 

Las novelas de Julián Ibáñez no son novelas fáciles. Son historias en las que enseguida intuyes que difícilmente va a haber un final feliz y en las que la sensación de desasosiego es permanente. Novelas en las que cuesta encontrar algo parecido a buenas personas y en las que la violencia siempre está latente, esperando a brotar como un estallido brutal. La escena “a ciegas” de Giley es un buen ejemplo de lo que comento. 

En Giley, el nombre de un juego de azar, se nos cuentan las andanzas de Cobos, un policía que vive al límite de muchas cosas y al que se le van complicando las cosas cuando se encuentra con una bella mujer que viste un vestido rosa. 

Si el otro día hablábamos de Plinio, Cobos sería el nieto cabrón (muy cabrón) de aquel entrañable policía municipal. Porque Giley también es una historia mesetaria de calor, de polvo, violencia y sudor….pero aquí lo bueno escasea y al puteo se apunta todo el mundo.

 Giley, un libro áspero y duro. Como una copita de orujo…. pero de litro.

Giley

Julian Ibáñez

RBA, 2010

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CSI – Tomelloso

Fue en la pasada Feria del Libro de Madrid cuando adquirí este libro que recoge las primeras aventuras de Plinio. Tenía curiosidad por leer alguna de las novelas de García Pavón, ya que en opinión de muchos expertos son obras muy curiosas, tanto por lo que supone haberlas escrito en la época en las que lo fueron (estas primeras historias son de los años 50), como por el hecho de encuadrar a esta pareja de detectives en el medio rural, y esto, dentro del género policíaco es algo poco habitual. Además, no se puede olvidar que aunque los cimientos del género se le atribuyen a otros autores (Alarcón, Galdós o Emilia Pardo Bazán), se considera a Plinio “el personaje fundacional del género policíaco español de madurez” (Jesús Egido).

 La pareja protagonista la componen el jefe de la Policía Municipal de Tomelloso, Plinio y su amigo y fiel escudero, el veterinario Don Lotario; y las historias que se nos cuenta en este recopilatorio son historias de pueblo, historias de sexo, de recuerdos, de honor….. pero historias cercanas qeu nos hablan de una Mancha calurosa, pobre y polvorienta. Este es el mundo de Plinio en estos tres relatos que se desarrollan en los años de la dictadura de Primo de Rivera.

Historias distintas, sin CSIs, sin huellas dactilares ni bases de datos… en las que los enigmas se van resolviendo “porque en los pueblos, al final, todo se sabe”, y donde la acción la marca el ritmo de la cosecha o una fuente de información fundamental es el Casino del pueblo.

Leí en algún sitio hace poco que las novelas de García Pavón “se habían quedado antiguas”. El lenguaje, las situaciones…. son fruto de la época en la que fueron escritos, y sin embargo, los críticos nos hablan de un autor que intentó con estos personajes y este género contar cosas que no se podían contar. Decir cosas que no se podían decir.

Al parecer es muy curioso comprobar cómo van evolucionando los personajes en las sucesivas novelas y cómo van creciendo algunos secundarios que en estas novelitas sólo se esbozan (incluso personajes que aquí ni aparecen). Así, iremos dándole en ocasiones la oportunidad a Plinio y su cuadrilla para que nos cuenten las historias que ocurren en Tomelloso. Cuando estemos un poco saturados de delitos tecnológicos o grandes baños de sangre cometidos por implacables asesinos en serie volveremos a visitar a esta extraña mezcla de Sherlock Holmes y Watson con Don Quijote y Sancho Panza que son Plinio y Don Lotario.

Francisco García Pavón

Plinio. Primeras Novelas:

Los carros vacíos

El carnaval

El charco de sangre

Rey Lear, 2007

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@loretahur

Llevaba tiempo queriendo hacer un comentario a unas jornadas formativas a las que asistí hace ya unas semanas y que me dejaron un buenísimo sabor de boca.

Las jornadas en cuestión, o curso introductorio lo organizaba el Observatorio Vasco de la Juventud y tenía como título “Redes sociales virtuales: profesionales del 2.0” y si bien en un principio iba a dichas jornadas con bastante escepticismo (es difícil pillar el punto, o te machacan a conceptos técnicos o dices “nada nuevo bajo el sol”), el planteamiento y buen hacer de Lorena Fernández, la encargada de llevar a buen puerto las tres mañanas de curso, hicieron que ese “voy a ver qué me cuentan” un tanto pasotilla se convirtiese en un “oye, ha estado pero que muy bien la historia” entusiasta, que fue lo que comuniqué a mis jefas, compañeros y demás famila.

Me gustó mucho cómo organizó Lorena la historia por varios motivos:

  • Porque era la primera vez oía a alguien hablar de redes sociales para jóvenes desde el punto de vista de una persona joven, y esto, aunque parezca una tontería no es algo habitual ni siquiera en ámbitos en los que esto tendría que darse por supuesto. 
  • Porque en todo momento quedó claro que detrás de todo el despliegue tecnológico que puede acompañar al mundillo de las redes sociales (portátiles, teléfonos de última generación, etc…) lo que importan son las personas que están detrás de esas máquinas.
  • Porque llegados a este punto, en el debate de las redes sociales y el dos punto cerismo, lo que realmente importa son las preguntas que nos hacemos, el por qué hacemos las cosas o el cómo organizamos nuestras identidades digitales o las de las instituciones en las que trabajamos.
  • Porque nos hablaron de falsas verdades en cómo organizan las personas jóvenes su identidad digital y se puso en entredicho la supuesta brecha digital entre nativos y emigrantes digitales.

No me voy a liar con los contenidos (si buceáis un poquillo por el reino de @loretahur seguro que encontráis toda la información) ni os voy a contar las comidas de tarro que sobre este tema tenemos en el curro. No. De toda la avalancha de información que te puedes llevar en tres mañanas de trabajo quiero quedarme con un par de cosillas: que tenemos que pensar mucho antes de iniciar cualquier actuación en el mundillo de las redes sociales, pero por el contrario, que este es un mundo pensado para la creatividad y la innovación, y ahí también entra la experimentación. Posiblemente lo mejor sea ir haciendo e ir pensando. Todo a la vez.

Y no quería dejar de comentar en esta entrada otra cosa que me sorprendió un poco: yo esperaba que en el auditorio la mayor parte del personal fuésemos gente de la red de información juvenil vasca o de asociaciones del entrono del asociacionismo juvenil… pero no. Allí había un montón de personas que venían del mundo de la educación, lo cual me dejó bastante perplejo por dos motivos:

  • Porque pude ver una preocupación grande en el profesorado por cómo dar respuesta a estas nuevas formas de comunicarse entre la gente joven. 
  • Porque los comentarios de este profesorado a veces destilaban un cierto nivel de frustración ante fenómenos como el programa Eskola 2.0 o ante cómo hacía frente la administración a estas nuevas formas de comunicación y de educación. Se hablaba de falta de formación, falta de medios…… a la gente se le veía con interés y con ganas pero preocupada por no poder estar a la altura de las circunstancias.

Y por mi parte, poco más que comentar. Que aprovecho para mandarle un saludo a @loretahur (y de paso caer rendido a sus pies) y que animo al Observatorio Vasco de la Juventud a que siga programando historias tan interesantes y con gente tan buena.

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Africa Negra

Una de las cosas buenas que tiene la novela negra es que es un género que en general vive muy pegado a la realidad de los lugares en los que transcurren las historias. Con Brunetti puedes viajar a Venecia, con Carvalho a Barcelona, con Montalano a Sicilia o con Olga Lavanderos a Ciudad de México… así que estos días he decidido que quería darme una vuelta por  Suráfrica a ver qué tal van los preparativos del mundial de fútbol.

Ya había leído hace tiempo alguna novela que transcurría en Suráfrica, ya que Júcar, en la memorable colección “Etiqueta Negra”, tradujo algunos títulos de James McClure, “El cerdo de vapor”, “El huevo ingenioso” y “El leopardo de medianoche”. Aunque justo tengo una leve idea de qué iban, creo que me quedé con una buena sensación al leerlas.

A Deon Meyer le he conocido hace poco, cuando RBA publicó “El corazón del cazador”, y el resumen que proponía la editorial me enganchó. Para empezar, es poco común encontrarse con novelas que transcurran en Africa, y cuando en el personaje principal se mezclan características tan dispares como ser un ex espía de la guerra fría y además un guerrero xhosa que se arregla bastante bien con el assegai, un arma que utilizaban tanto los xhosas como los zulúes como herramienta de caza y defensa.

Para leer “El Pico del Diablo” no es necesario leer “El corazón…” auque el protagonista sea el mismo en parte. Y digo en parte porque esta es una novela más complicada y en la que el protagonismo se reparte entre tres personajes: el policía alcohólico, Benny Griessel; una prostituta de lujo, Christine y el ex espía de la Stasi Thobela Mpayipheli.

Tres personajes con tres duras historias que poco a poco irán confluyendo y donde la frontera entre el bien y el mal se difumina totalmente hasta no saberse en qué punto está cada cual. La víctima que se convierte en vengador, el agresor que se aferra al trabajo y la ley para tirar hacia delante, personas que harían lo que fueran por acabar con aquellos que hacen daño a niños y niñas…

Meyer no nos presenta una novela tribal. Nos intenta retratar la Suráfrica actual, la de después del apartheid. Para él, “el país ya no se divide por razas, sino por clases”, y por eso nos habla de malos tratos, de pobreza, de alcoholismo, del maltrato a la infancia…. Temás, como se puede ver para los que no necesitamos hacer ninguna filigrana para comprenderlos o para ponernos en la piel de los personajes.

Dicen las crónicas que Meyer es el escritor negrocriminal más importante de Suráfrica. Así será. A mi me ha parecido que sus libros están muy bien. Nos encuadra eternas problemáticas en un lugar a medio camino entre el desarrollismo y lo tradicional. Me encantó Tóbela en “El corazón…” y me ha gustado un montón el personaje de Benny en esta obra… así que habrá que estar al tanto de lo que se vaya editando de este autor.

Ah, y del mundial, ni palabrita.

El pico del diablo

Deon Meyer

Traducción de Alberto Coscarelli

RBA, 2010

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Irrintzi jazz

Hace unos días me acerqué a la Escuela de Música Jesús Guridi (lo que mayormente llamábamos “El Conser” cuando yo me dejaba caer por allí a aporrear el saxofón) a ver el sexto concierto de la cuarta temporada de “Ondas de Jazz en la Ciudad”, una especie de conciertos didácticos alrededor del jazz y que este año han sido una auténtica delicia.

 Ya he hablado en algún otro momento de este ciclo de conciertos, una verdadera golosina musical que nos ponían un martes al mes y a la que por fortuna he podido asistir a casi todos los conciertos. Una nevada inoportuna y un despropósito de curso me han esquilmado dos conciertos, pero en los que he estado la verdad es que me lo he pasado muy bien.

 Este año Jazzargia ha programado sus conciertos temáticos alrededor de la fusión. Jazz con flamenco, con bossa, con rock, con ritmos latinos…. y con música vasca, que es la fusión que nos proponían en este último concierto.

 Para la ocasión llegaron a Gasteiz unos músicos de lo mejorcito que se puede escuchar por estas latitudes. Liderados en este caso por Mikel Andueza al que acompañaban Iñaki Salvador, Gonzalo Tejada y Vincent Thomas tuvimos la ocasión de que sonasen como estándares de jazz temas de Mikel Laboa, canciones populares de Iparralde e incluso el Aitormena de Hertzainak o el Lau Teilatu de Itoiz.

 La propuesta hay que reconocer que además de ejecutada con un gusto brutal es muy original y muy fácil de entender. En nuestro caso, este concierto fue un repaso a lo escuchado hace casi un año en la primera sesión del Festival de Jazz de Miranda, ese que con tan buen tino organiza la gente de Mirajazz.

 En esta ocasión la acústica fue tremenda y el público se fue metiendo en el concierto muy poco a poco para acabar absolutamente rendido al buen hacer de estos fantásticos músicos. Sin embargo, eché en falta la magia de la fábrica de tornillos, pero es que ahí juegan con ventaja los mirandeses; los conciertos empiezan a una hora más razonable para la improvisación y el público se relaja mucho mejor con una cervecita en la mano. Indudable.

 La gente de Jazzargia dejó entrever que es posible que esta idea de “fusión vasca” se concrete en una grabación, y la verdad es que estaría muy bien que este proyecto que ha ido creciendo de concierto en concierto por casas de cultura sobre todo de Gipuzkoa, se pudiese materializar en un documento sonoro de calidad. Por lo menos que intente llegar a la calidad de los intérpretes.

 Me quedo con un muy buen sabor de boca con lo propuesto este año por Jazzargia, y sólo quiero aprovechar la ocasión, además de para felicitar a la asociación, para pedir al Ayuntamiento que siga apoyando iniciativas de este tipo. Que no todo se quede en los grandes festivales y se apoye más la cantera y la formación musical de la gente que luego vamos a los festivales.

 Y a nivel musical… pues la gente que más me ha impresionado serían por un lado el Gere, sobre el que pivotaron tres conciertos a los que asistí y al que siempre es un placer oir rasgar el bajo eléctico, los baterías Maurice London y Hasier Oleaga, ese bajo tremendo que es Gonzalo Tejada y el saxo Andrzej Olejniczak que lo bordó el día de la fusión rock.

 Que vuelvan pronto.

La foto en Flickr es de Tabernilla

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