Giley: cuando el juego no lo es tanto

Cómo me ha gustado esta novela de Julián Ibáñez. Ya había leído alguna de sus obras, sobre todo aquellas en las que el protagonista era Novoa, un contable que empezó moviéndose en los primeros títulos por alguna ciudad portuaria del norte de España y al que encontrábamos en su última novela regentando un club de carretera en algún lugar de la meseta. A esta serie pertenecen los títulos “Mi nombre es Novoa”, “Tirar al vuelo”, “Llámala Siboney”, “Doña Lola” o “Entre trago y trago”. 

Las novelas de Julián Ibáñez no son novelas fáciles. Son historias en las que enseguida intuyes que difícilmente va a haber un final feliz y en las que la sensación de desasosiego es permanente. Novelas en las que cuesta encontrar algo parecido a buenas personas y en las que la violencia siempre está latente, esperando a brotar como un estallido brutal. La escena “a ciegas” de Giley es un buen ejemplo de lo que comento. 

En Giley, el nombre de un juego de azar, se nos cuentan las andanzas de Cobos, un policía que vive al límite de muchas cosas y al que se le van complicando las cosas cuando se encuentra con una bella mujer que viste un vestido rosa. 

Si el otro día hablábamos de Plinio, Cobos sería el nieto cabrón (muy cabrón) de aquel entrañable policía municipal. Porque Giley también es una historia mesetaria de calor, de polvo, violencia y sudor….pero aquí lo bueno escasea y al puteo se apunta todo el mundo.

 Giley, un libro áspero y duro. Como una copita de orujo…. pero de litro.

Giley

Julian Ibáñez

RBA, 2010

CSI – Tomelloso

Fue en la pasada Feria del Libro de Madrid cuando adquirí este libro que recoge las primeras aventuras de Plinio. Tenía curiosidad por leer alguna de las novelas de García Pavón, ya que en opinión de muchos expertos son obras muy curiosas, tanto por lo que supone haberlas escrito en la época en las que lo fueron (estas primeras historias son de los años 50), como por el hecho de encuadrar a esta pareja de detectives en el medio rural, y esto, dentro del género policíaco es algo poco habitual. Además, no se puede olvidar que aunque los cimientos del género se le atribuyen a otros autores (Alarcón, Galdós o Emilia Pardo Bazán), se considera a Plinio “el personaje fundacional del género policíaco español de madurez” (Jesús Egido).

 La pareja protagonista la componen el jefe de la Policía Municipal de Tomelloso, Plinio y su amigo y fiel escudero, el veterinario Don Lotario; y las historias que se nos cuenta en este recopilatorio son historias de pueblo, historias de sexo, de recuerdos, de honor….. pero historias cercanas qeu nos hablan de una Mancha calurosa, pobre y polvorienta. Este es el mundo de Plinio en estos tres relatos que se desarrollan en los años de la dictadura de Primo de Rivera.

Historias distintas, sin CSIs, sin huellas dactilares ni bases de datos… en las que los enigmas se van resolviendo “porque en los pueblos, al final, todo se sabe”, y donde la acción la marca el ritmo de la cosecha o una fuente de información fundamental es el Casino del pueblo.

Leí en algún sitio hace poco que las novelas de García Pavón “se habían quedado antiguas”. El lenguaje, las situaciones…. son fruto de la época en la que fueron escritos, y sin embargo, los críticos nos hablan de un autor que intentó con estos personajes y este género contar cosas que no se podían contar. Decir cosas que no se podían decir.

Al parecer es muy curioso comprobar cómo van evolucionando los personajes en las sucesivas novelas y cómo van creciendo algunos secundarios que en estas novelitas sólo se esbozan (incluso personajes que aquí ni aparecen). Así, iremos dándole en ocasiones la oportunidad a Plinio y su cuadrilla para que nos cuenten las historias que ocurren en Tomelloso. Cuando estemos un poco saturados de delitos tecnológicos o grandes baños de sangre cometidos por implacables asesinos en serie volveremos a visitar a esta extraña mezcla de Sherlock Holmes y Watson con Don Quijote y Sancho Panza que son Plinio y Don Lotario.

Francisco García Pavón

Plinio. Primeras Novelas:

Los carros vacíos

El carnaval

El charco de sangre

Rey Lear, 2007