Giley: cuando el juego no lo es tanto

Cómo me ha gustado esta novela de Julián Ibáñez. Ya había leído alguna de sus obras, sobre todo aquellas en las que el protagonista era Novoa, un contable que empezó moviéndose en los primeros títulos por alguna ciudad portuaria del norte de España y al que encontrábamos en su última novela regentando un club de carretera en algún lugar de la meseta. A esta serie pertenecen los títulos “Mi nombre es Novoa”, “Tirar al vuelo”, “Llámala Siboney”, “Doña Lola” o “Entre trago y trago”. 

Las novelas de Julián Ibáñez no son novelas fáciles. Son historias en las que enseguida intuyes que difícilmente va a haber un final feliz y en las que la sensación de desasosiego es permanente. Novelas en las que cuesta encontrar algo parecido a buenas personas y en las que la violencia siempre está latente, esperando a brotar como un estallido brutal. La escena “a ciegas” de Giley es un buen ejemplo de lo que comento. 

En Giley, el nombre de un juego de azar, se nos cuentan las andanzas de Cobos, un policía que vive al límite de muchas cosas y al que se le van complicando las cosas cuando se encuentra con una bella mujer que viste un vestido rosa. 

Si el otro día hablábamos de Plinio, Cobos sería el nieto cabrón (muy cabrón) de aquel entrañable policía municipal. Porque Giley también es una historia mesetaria de calor, de polvo, violencia y sudor….pero aquí lo bueno escasea y al puteo se apunta todo el mundo.

 Giley, un libro áspero y duro. Como una copita de orujo…. pero de litro.

Giley

Julian Ibáñez

RBA, 2010

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