Archivo mensual: agosto 2010

Hasta Siempre Comandante – Buena Vista Social Club

Seguiría reflexionando si no me interrumpiera la voz de Zisis, que está cantado. El viejo, calvo y de barba rala, al que le falta la mitad de sus dientes, sostiene entre los dedos amarillentos un pitillo a medio fumar y corea la canción con voz estentórea, mientras las lágrimas le resbalan por las mejillas. Tengo la impresión de que no pronuncia bien pero no me atrevería a jurarlo, porque no distingo una palabra. No entiendo la letra de la canción, ni por qué Zisis está llorando, ni nada de nada. Lo único que pillo es una especie de estribillo que repite: “comandante Che Guevara”. Esta frase es el único nexo que he encontrado entre la canción con la camiseta.

MARKARIS, Petros. En: Suicidio Perfecto. Barcelona: Ediciones B, 2005. p. 387

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Folie à deux

(…)

La vida debería significar vida.

Yo quería escribir algo acerca de la motivación de los asesinatos. Veía en ellos un retorcido enfoque romántico, una clásica folie à deux.

-¿Folie à deux? -replicó Sid Franks-. ¿Qué coño es eso? ¿Un número de baile francés con chicas con las tetas al aire?.

-No, Sid -contesté pacientemente-. Es una locura compartida por dos personas. Una relación obsesiva que lleva al crimen.

-Pues no nos interesa. No queremos explicaciones, por favor. No queremos un artículo de un médico dedicado a esos dos cabrones. Son malos, lisa y llanamente -declaró, lamiéndose sus labios resecos.

(…)

ARNOTT, Jake. En Canciones de sangre. Barcelona: Mondadori, 2009. p.59

La Foto en Flickr es de Nicko’

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London Bridge Is Falling Down

-Mira ese capullo -comenté a Ernie.

Otro agente intervino y le dio un par de puñetazos mientras él forcejeaba. Abucheos, silbidos y pitidos procedentes de la multitud. Empezó a sonar una canción. Al principio no entendí lo que cantaban. Algo con la música de “London Bridge Is Falling Down”

Entonces el canto se repitió por todas partes en la gradería sur. Se extendió rápidamente, como una gota de tinta en el agua. Los dos bandos estaban cantando juntos. La canción los unió. Ahora la policía era incapaz de mantener a los aficionados a distancia. Se juntaron y comenzaron a hacer retroceder a los agentes uniformados como un ejército. La canción resonaba ahora por todo el estadio. Un grito de guerra. Entonces distinguí lo que cantaban aquellos cabrones.

Billy Porter es nuestro amigo,

nuestro amigo, nuestro amigo.

Billy Porter es nuestro amigo,

se carga a los polis.

ARNOTT, Jake. En Canciones de sangre. Barcelona: Mondadori, 2009. p. 237

London Bridge Is Falling Down

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Triste, solitario y final

No se me ocurría mejor título para este comentario que el de la gran novela que escribió Osvaldo Soriano hace ya un tiempo. Un título que transmite pena, que es lo que yo he sentido cuando he llegado a la última página de este libro.

Y es que tenía desde hace tiempo pendiente esta obra de Mankell pero me daba un poco de pereza empezar con ella, en parte porque había leído por ahí que era la última obra de la serie Kurt Wallander, y en parte porque me sentía un poco saturado del pesimismo, la lentitud y el darle tantas vueltas a las cosas de este personaje.

Y seguramente ahí hubiese seguido este libro, en “la pila” si no hubiese sido por la indignación que sentí cuando me enteré de los asesinatos por parte del gobierno de Israel a los militantes de la Flotilla de la Libertad que intentaban romper el bloqueo de Gaza y que una de las personas que iban en uno de los barcos que fue abordado era Henning Mankell.

Pues nada. Que en medio de la mala hostia he sentido una gran simpatía por este hombre y cuando me he acercado al montón, he rebuscado hasta encontrar El hombre inquieto, décimo libro que Henning Mankell ha escrito con el comisario Wallander como protagonista. Este libro, bien podría ser uno más, pero no lo es por varias razones.

Para empezar, porque con esta obra Mankell echa el telón a los libros protagonizados por Wallander. Esta serie ha sido una de las más importantes en lo que a novela negra se refiere en la última década, y su éxito ha coincidido con el renacimiento-relanzamiento del género negro de los últimos años.

Es esta una novela en la que sobre todo se nos habla del miedo a la vejez y el miedo a la muerte. Es también un homenaje a Wallander, y por eso aparecen a lo largo de sus páginas algunos personajes importantes que también lo fueron en anteriores novelas. Ademas, el protagonismo que adquieren su hija y su nieta cierran el círculo de lo que ha sido la serie Wallander. Sólo comentar, para terminar la clase con la que Mankell acaba este largo ciclo. Chapeau.

Henning Mankell

El hombre inquieto

Traducción: Carmen Montes

Tusquets, 2009

 

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El visitante

(…)

-Encuentra todo esto un poco excesivo, ¿no? -dijo Tansu, leyéndole los pensamientos.

-En fin, no es usted un Jeck, ni siquiera un Imi. Cuesta un poco acostumbrarse. -Tansu vio que Fabel no la había entendido-. Es el dialecto Kölsch: un Jeck es alguien nacido en Colonia; un colonés auténtico, como yo o Benni. Hay una expresión en colonés que define a la gente de aquí: “Mer sinn all jet jeck, äver jede Jeck es anders” …significa que todos los Jecks están locos, pero cada uno lo está a su manera. Los Imi son los que viven en Colonia pero han nacido en otras partes de Alemania o del extranjero… como nuestra amiga Andrea.

-¿Y yo qué soy? -preguntó Fabel, sonriendo.

-Un Jass, un visitante.

(…)

RUSSELL, Craig. En: El señor del Carnaval. Barcelona: Roca bolsillo, 2009. p. 340

La foto en Flick es de HB Art

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Louis Armstrong – What a wonderful world

(…)

Después de que anocheció, Bosch caminó por Broadway hasta Mr B’s, encontró un taburete en la barra y pidió un chupito de Jack Daniels. Había un quinteto tocando en el pequeño escenario de la parte de atrás. El solo era de un saxo tenor. Estaban terminando Do Nothing Till You Hear From Me y Bosch se dio cuenta de que había llegado al final de una larga sesión. El saxo se arrastraba. No era un sonido limpio.

Decepcionado, apartó la mirada del grupo y echó un trago largo de cerveza. Miró el reloj y supo que el tráfico sería fluido si se marchaba entonces. Pero se quedó. Levantó el chupito, lo echó en la jarra de cerveza y echó un buen trago de la implacable mezcla. El grupo pasó a What a Wonderful World. Ningún miembro de la banda se puso a cantar, aunque por supuesto, nadie podía emular la voz de Louis Armstrong por más que lo intentara. No importaba. Bosch conocía la letra:

Vi árboles verdes

y también rosas rojas.

Los vi florecer

por ti y por mí

y pensé para mi:

¡qué mundo maravilloso!

(…)

CONNELLY, Michael. En: El último coyote. Barcelona: Ediciones B, 2005. p. 74

Louis Armstrong – What a wonderful world

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Monstruos en la frontera

Margaret Millar es una autora poco conocida, seguramente porque su carrera se vió eclipsada por la de su marido Ross Macdonald, uno de los grandes de la novela negra estadounidense.

Y sin embargo, pienso que se le puede considerar como una de las “damas del crimen” más importantes y más interesantes que podemos encontrar entre las estanterías de nuestras librerías o bibliotecas preferidas.

Recientemente leí de esta autora su novela Un extraño en mi tumba, que me gustó un montón, y ahora he tenido la oportunidad de leer la contundente Más allá no hay monstruos. En esta, y a partir del desarrollo de un juicio por desaparición, se nos cuenta cómo viven varias familias, varios personajes, en un rancho situado entre San Diego y Tijuana. Mientras se nos van desgranando los hechos que desencadenan el juicio vamos conociendo las miserias de los protagonistas, las tensiones entre los dueños de los ranchos y los temporeros, los problemas legales de estos últimos… en todo un juego de verdades escondidas. La frontera es un límite y en él viven y se mueven estos personajes.

Esta es una novela negra, negrísima, pero que nos narra la cotidianidad de una forma tan sencilla y cruda que una vez expuestos los hechos parece que no hay más que hablar. Solo al final, cuando la historia hace un requiebro será cuando comprendamos lo que realmente ocurrió aquella noche de hace ahora (al empezar la novela) ya un año.

Creo que no hay que decir más de Margaret Millar. Animaros a leerla y a que os acerquéis a esos monstruos que habitan en las fronteras.

Margaret Millar

Más allá hay monstruos

Traducción de Marta Isabel Gustavino

RBA, 2010


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