The Moody Blues – Nights in white satin

(…)

Voy a cambiarme, dice Ay.

Todos le miramos el trasero debajo de la parte inferior del biquini mientras anda por el bar con sus tacones altos. Todos excepto el musulmán. La atmósfera empieza a espesarse.

Afortunadamente, el cambiarse de Ay es una simple cuestión de ponerse una falda y una camiseta. Ahora ya está de vuelta y Greg ya ha pagado por las bebidas y por su tarifa.

-Hasta luego -dice Greg.

El musulmán observa cómo se va la pareja con una exquisita hosquedad.

Ahora irrumpe el gigante calvo con su grupo y llenan el bar. Supongo que no se puede decir que sea una mejora, desde el punto de vista de Alá.

-¡Eh, Sonchai! ¿Qué haces con la música, tío? Esto que suena tienen casi mil años.

Cambio a los Moody Blues, Nights in white satin.

-Mejor.

(…)

BURDETT, John. En: Bangkok Tatto. Barcelona: Rocaeditorial, 2006. p. 62

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Nueve Dragones

-Kowloon -dijo Starkey-. Suena siniestro-

-Mi hija me dijo que significa Nueve Dragones

-Justo. ¿Quién iba a ponerle a su barrio Nueve Dragones a menos que quiera asustar a todo el mundo?

-Viene de una leyenda. En una de las antiguas dinastías, el emperador era sólo un niño al que persiguieron los mongoles en una zona de lo que ahora es Hong Kong. Vio los ocho picos de las montañas que lo rodeaban y quiso llamar al sitio Ocho Dragones. Pero uno de los hombres que lo custodiaban le recordó que el emperador también era un dragón, así que lo llamaron Nueve Dragones: Kowlow.

CONNELLY, Michael. En: Nueve Dragones. Barcelona: Roca Editorial, 2010. p. 137

La imagen en Flickr es de Swamibu

Carnaval, te quiero

El señor del carnaval es la cuarta novela que protagoniza el comisario Jan Fabel, a ver si me sale, Erster Kriminalhauptkommissar de la policía de Hamburgo. Como se ve, un cargazo que acojona sólo de verlo. Fabel es un personaje que en las tres entregas anteriores ha tenido que vérselas con unos casos bastante complicados y truculentos. Es especialista en crímenes en serie y en sus novelas tanto los aspectos psicológicos como rituales tienen una gran importancia. Vamos a encontrar desde crímenes relacionados con los cuentos de Hansen y Gretel (Cuento de Muerte) o con los carnavales (la obra que nos ocupa) hasta criminales que descuartizan a sus víctimas para que parezcan ángeles (Muerte en Hamburgo).

Este es Fábel y en este su ecosistema. Fabel es un poli moderno. Le gusta trabajar en equipo, habla varios idiomas, sabe de psicología, de historia y de todo lo que le pongan por delante…. Y además en esta novela nos lo encontramos con pie y medio fuera de la policía. Quemado y pensando que su futuro se va a encaminar hacia la empresa privada como comercial de altos vuelos.

Sin embargo, y mientras es tentado para ser el coordinador de una nueva sección de la policía, Fabel va a acercarse a Colonia para colaborar en el esclarecimiento de un caso en calidad de experto. Esto, y la vuelta a las andanzas de un antiguo criminal con el que tienen él y su equipo cuentas pendientes irán complicarán la trama.

Como en todas partes cuecen habas, me ha resultado especialmente curioso cómo se juega durante la novela con los localismos, y cómo Fabel se siente en ocasiones fuera de lugar con sus colegas coloneses.. y viceversa. Este juego de caracteres colectivos contrapuestos me ha recordado las disparatadas conversaciones entre el gallego Leo Caldas y el Aragonés Rafael Estévez que tan buenos ratos nos han hecho pasar en “Ojos de Agua” y “La playa de los ahogados”.

Sólo que con los personajes de Domingo Villar me lo paso mejor.

Craig Russel

El señor del carnaval

Traducción de Mar Vidal

Roca bolsillo, 2009


Tiella de arroz

(…)

La tiella de arroz, patatas y mejillones es un plato parecido a la paella valenciana, aunque cualquiera de Bari aseguraría que mucho más bueno. Se prepara superponiendo en una cacerola especial -la tiella, precisamente- capas de arroz, mejillones, patatas, calabacines, tomates frescos cortados en trozos o rodajas, condimentadas con aceite, pimienta, cebollas trituradas y perejil también triturado. Se añade el agua de haber lavado los mejillones y se mete al horno durante unos cincuenta minutos; el resultado, salvo que seas de Bari desde hace al menos, cuatro generaciones, nunca está garantizado.

(…)

CAROFIGLIO, Gianrico. En: Las perfecciones provisionales. Madrid : La esfera de los libros, 2010. p. 135

La imagen en Flicker es de annalibera

Di Derre – Faren til Ivar

De todos los autores y autoras nórdicos de novela negra mi preferido es Jo Nesbo. Ha conseguido un personaje, Harry Hole, muy dinámico, con muchas características de otros detectives nórdicos como Wallander o Martin Beck pero con un ritmo más cercano a los autores estadounidenses. Me gusta Harry Hole, un poli que en ocasiones me recuerda un poco a Harry Bosch, tanto en su forma de actuar, la importancia de la música en las novelas… hasta en el nombre se parecen. Hablamos, pues de una serie de novelas muy contundentes y entretenidas. ¿Qué más puedo pedir?.

Pues a lo que hoy vamos es que Hole era ya persona conocida y popular en Noruega por ser cantante de un grupo de música bastante conocido. Hasta la fecha, las pocas canciones que había conseguido oír de su grupo, Di Derre me parecía que estaban bien, sin más, y que el grupo tenía un toque country simpático. Sin embargo, he encontrado esta canción en el youtube que me ha gustado un montón y que os la quería presentar: “Faren til Ivar”

Hoy no hay Karaoke. Hoy directamente le dejamos cantar a Jo Nesbo (en la foto, el de la izquierda).

A ver si os gusta.

Holodomor

(…)

– Lo siento, señor, no quiero retenerle, pero, ¿ha oído usted hablar del Holodomor?

El eslavo lo miraba con ojos serios e inquisitivos. Fabel se fijó en sus ojos, de un azul penetrante y frío, como el cielo de aquella mañana de invierno. Sintió una sacudida en el estómago al recordar a otro eslavo de ojos penetrantes que había conocido.

-¿Es usted ucraniano? -le preguntó Fabel.

-Sí, lo soy. -El eslavo sonrió. El Holodomor fue el genocidio deliberado de mi pueblo, llevado a cabo por la Unión Soviética y Stalin. Murieron entre siete y diez millones de ucranianos, un cuarto de la población. Los soviéticos los dejaron morir de hambre entre 1932 y 1933. -Con un gesto abrió la carpeta que sostenía debajo de su sujetapapeles, llena de viejas fotos en blanco y negro, imágenes de la miseria humana: niños escuálidos, cuerpos tirados por las calles, enormes fosas comunes en las que echaban cuerpos cadavéricos. Las imágenes eran reminiscencias de las que Fabel había aprendido a asociar al Holocausto-. Hubo un momento en el que cada día morían 25.000 ucranianos. Fuera de Ucrania, prácticamente nadie sabe del Holodomor. Incluso allí, hasta después de la independiencia no empezamos a hablar de ello abiertamente. Rusia todavía se niega a reconocer que el Holodomor fue un acto deliberado de genocidio, y lo atribuyen a la colectivización incompetente de los comisarios de Stalin.

(…)

RUSSELL, Craig. En: El señor del Carnaval. Barcelona: Roca bolsillo, 2009. p. 84


La fotografía en Flickr es de Kirill Simonov

Rififí a ritmo de gaita

Me ha costado bastante pillarle el punto a este libro, y eso que es de uno de mis autores preferidos, Ian Rankin, un escritor tan peculiar que hasta es dueño de un equipo de fútbol, bastante modesto eso sí, allá en Escocia, donde se desarrollan los argumentos de sus novelas. Ah, y este hombre ha sido premio Carvalho, seguramente el premio más importante (en cuanto a reconocimiento, en lo relativo a dinero no tengo ni idea) del género negro en España, y comparte este reconocimiento con escritores y escritoras de la talla de Francisco González Ledesma, P.D. James, Henning Mankell o Michael Connelly, el barrilete cósmico del género negro para el que esto suscribe.

Es muy habitual que los autores jueguen con distintos personajes e incluso que lleven distintas series a la vez, pero en este caso se ve que me he quedado enganchado al personaje de Rebus y la plantilla que nos presenta en esta novela no me ha acabado de convencer. Me ha parecido todo un poco cogido por los pelos, poco creíble y con un final bastante improbable.

Imagino que es más un problema mío que otra cosa, porque la novela tiene una alineación que la hace a priori interesante: una trama alrededor del mundo del arte, el protagonismo de Edimburgo, algo que comparte con las novelas de Rebus, personajes que se acercan al mundo del crimen casi como afición y que comparten cartel con hampones y criminales de championsligui…. y porque la planificación de un robo es todo un clásico dentro del género, y si no, basta con releer por ejemplo la tremenda Un diamante al rojo vivo de Donald Westlake.

Como por el momento no hay noticias de que Rankin vaya a sacar del banquillo a Rebus habrá que seguir esperando las nuevas propuestas de este autor, un hombre que ha hecho que Edimburgo sea una parte de nuestro imaginario literario y al que siempre, en todas las novelas rebusianas le encanta que sus historias huelan a rock and roll.

Confiemos en que en su próxima novela vuelva a colarla por la escuadra, como acostumbra.

Ian Rankin

Puertas abiertas

Traducción de Francisco Martín Arribas

RBA, 2009