La trama Gorki

Noche cerrada y primer día del curso casi recién comenzado en el que la niebla me acompañará en el trayecto al trabajo.

Las mismas maniobras de salida, las mismas marchas para salir del pueblo… un poco más de precaución en el cruce… mayor cuidado a la hora de pisar el freno…

…y de repente la peli del día de la marmota cambia de argumento; un objeto que en ese momento, parece inmenso, me frena en medio de la carretera. Mareos, desubicación, gritos, lloros, sonido de ambulancia, dolor, mucho dolor y llegada a urgencias. En la radio, mientras, dirán que ha sido “un accidente leve”, y aunque en ese momento cueste encontrar alguna zona en el cuerpo que no duela, la noticia no merecerá sino unas pocas líneas en la prensa local.

Un número de la Hertzantza  confirma lo que ya sospechaba: – Han intentado que parezca un accidente, pero han dejado huellas inconfundibles de su autoría- . Los medios de comunicación hablarán de un camión que en mitad de la noche perdió una de las poleas de una gigantesca grúa en medio de la carretera, pero han sido ellos; los Gorkis.

Un grupo de intelectuales de la sanidad, la informática, el derecho, la construcción y el sector financiero a los que une su pasión por Máximo Gorki (pseudónimo utilizado por el escritor ruso Alekséi Maksímovich Péshkov, alcohólico, diabólico, charlatán y viajero, también conocido en círculos parisinos como ‘el cheff viajero’) muy bien asesorados por un alto cargo militar, con mucho tiempo libre y varias hectáreas de dehesas yermas.

En el arcén de la autovía, la prueba irrefutable de la culpabilidad górkica: una botella de London, vacía, y una abarca vieja, deshilachada.

Y todo por una miserable foto que aun no entiendo cómo llegó a mi poder.

Sé que me queda poco tiempo, ya que los Gorkis ni acostumbran a fallar, ni a dar segundas oportunidades, así que aquí os dejo la foto que ha sido mi perdición y en la cual se distingue a algunos de ellos.

Retén sus rostros y si les ves, no pienses. Huye.

Survivor – Eye Of The Tiger

(…)

-¿Qué diferencia a los grandes deportistas de los muy buenos? ¿Qué los convierte en ganadores?

-El talento -repuso Myron-. El entrenamiento. La habilidad.

Win negó conla cabeza.

-Vamos, sé que sabes la respuesta -dijo.

-¿Ah, sí?

-Sí. Muchos tienen talento y entrenan. Hay algo más en el arte de crear a un verdadero ganador.

-¿Ese brillo en la mirada al que te refieres?

-Sí.

-No te pondrás ahora a cantar Eye of the Tiger, ¿verdad? -dijo Myron en tono burlón.

Win irguió la cabeza.

-¿Quién cantaba esa canción?

El constante juego de las trivialidades. Win conocía la respuesta, por supuesto.

-Salia en Rocky II, ¿verdad?

-En Rocky III -corrigió Win.

-¿Es en la que salía Míster T?

Win asintió.

-¿Quién interpretaba….?

-Clubber Lange.

-Muy bien. Ahora contéstame, ¿quién cantaba la canción?

-El nombre del grupo era Survivor -señaló Win-. Resulta irónico teniendo en cuenta lo pronto que desaparecieron del mapa, ¿no?

-Así es -convino Myron-. ¿Y en que consiste esa línea divisoria, Win? ¿Qué hace a un ganador?

Win tomó otro trago de coñac.

-El deseo -respondió.

-¿El deseo?

-El anhelo.

-Ajá.

-No tiene nada de sorprendente -dijo Win-. Piensa en los ojos de Joe DiMaggio. O en los de Larry Bird. O en los de Michael Jordan. Recuerda las fotografías de John McEnroe en sus comienzos, o las de Chris Evert. Fíjate en Linda Coldren. .Hizo una pausa-. Mírate en el espejo.

-¿En el espejo? ¿Yo tengo esa mirada?

-Cuando estabas en la pista -dijo Win despacio-, tus ojos eran los de un demente.

(…)

COBEN, Harlan. En Muerte en el hoyo 18. Barcelona: RBA, 2010. p. 108

Edimburgo

(…)

Glasgow bien podía ser la Segunda Ciudad del Imperio, pero Edimburgo, mucho más pequeña, era la capital de Escocia. Sus habitantes la llamaban “la Atenas del norte”, seguramente porque ninguno de ellos había visto la verdadera Atenas. Si Glasgow podía describirse como una ciudad negra, Edimburgo era gris. Edificios grises y gente gris. También era la ciudad de mayor influencia inglesa de Escocia, lo que podía ser la razón por la que sus residentes eran los más anglófobos que podían encontrarse; lo que uno más odia es aquello que más quiere ser pero no es.

Cuando el tren se detuvo en la estación Waverley me recibió un estandarte que anunciaba Ceud Mille Failte, lo que según me habían dicho, en gaélico quería decir. “Cien mil veces bienvenidos”. Después de haberme familiarizado un poco con la personalidad de Edimburgo, habría supuesto que esas palabras significarían “Vete a la mierda, inglés hijo de puta”.

Pero la ira de Edimburgo no tenía como objetivo sólo a los ingleses. La rivalidad entre las dos ciudades principales era grande y llena de maldad. Las diferencias culturales entre Glasgow y Edimburgo se consideraban muy importantes. En Glasgow llamaban a los niños weans y en Edimburgo bairns; en Edimburgo acompañaban su pescado frito y sus patatas con sal y salsa, mientras que en Glasgow lo hacían con sal y vinagre. Los glasgowianos terminaban sus oraciones con la coletilla “pero”, algo completamente inexplicable, pero en Edimburgo lo hacían con el interrogativo “¿eh?”.

A veces, el caleidoscopio cultural de Escocia terminaba mareándome.

(…)

RUSSELL, Craig. En: Lennox. Barcelona: Roca editorial, 2010. p. 157

La fotografía en Flickr es de Castorp Republic

Donde la tortuga criminal siempre vence a la liebre

Me decidí a comprar este libro sobre todo porque el autor es uno de los guionistas de “The Wire”, el serial televisivo sobre el que más veces he leído es “la mejor serie de la historia de la televisión”. Bueno, luego te enteras que por The Wire han pasado un montón de guionistas prestigiosos, entre ellos gente de lo más granado en esto de lo negrocriminal (George Pelecanos, David Simon, Dennis Lehane…), pero es indudable que mientras leía esta novela no me podía quitar de la cabeza a muchos personajes de la tele: McNulty, Bunk, Lester, Kima, o a los tremendos Omar o “Bubbles”.

Alguna vez he intentado que mis amigos a los que creo que les pueda gustar este tipo de pelis se enganchen…. pero es en vano. Me dicen que “es que no es mi estilo”, “es que no pasa nada”…. y es verdad. La grandeza de este universo es eso, el mostrarnos la cotidianidad, pero al ritmo que marca la desesperación y la falta de futuro, esto es, despacito. ¿Para qué correr si hoy no va a pasar nada que nos saque de la miseria?. O pasando al bando de los polis: ¿Cuánto les cuesta montar una escucha en condiciones? Pues eso, una eternidad.

The Wire es puro policial procedural. Nos enseña cómo funciona una comisaría, lo importante que es el trabajo en equipo… pero no solo en el bando de los polis. También nos enseña cómo se organizan los traficantes, cómo se relacionan entre ellos… cómo matan…. pero todo lleva su cadencia; lenta y tranquila. Parece que no pasa nada, y ese ritmo tranquilo te va atrapando.

No lo he dicho, pero The Wire es una serie muy triste y muy dura, en la que el clásico mensaje esperanzador que suelen dejar muchas pelis estadounidenses por aquí no se deja ver. Por cierto, hace poco oí en un programa de radio a Lorenzo Silva comentando que él veía esta serie con sus hijos porque creía que tenía un valor educativo indudable. Un punto para Silva.

De todo lo que he visto me quedo con dos momentos que me parecieron simplemente sublimes:

  • La escena en que Mcnulty y Bunk llegan a la escena de un crimen y se pasan un par de minutos analizando el terreno diciendo solamente “joder”!!.
  • El primer capítulo de la segunda temporada, cuando se presenta la vida de los trabajadores del puerto de Baltimore.

Y en el libro os vais a encontrar algo parecido. Es un libro en el que la historia se va deslizando lentamente, tediosamente en ocasiones, y en el que la tristeza y la desesperanza campan por sus fueros. Como en The Wire.

Richard Price

La vida fácil

Traducción de Carlos Milla Soler

Mondadori, 2010