Klabautermann

(…)

Él sonrió y dejó el cuchillo sobre el periódico discretamente para esconderlo.

-Ya veo… Usted cree que voy a matarlo porque sabe demasiado, porque ha visto mi rostro.

-Algo así.

-Lo entiendo. Los marineros alemanes creen en un pequeño duende que se llama Klabautermann. Es invisible, y trae buena suerte a los que navegan con él. Pero si uno ve la cara del Klabautermann, sabe que va a morir. Tengo que admitir que yo siempre he pensado en mí de esa manera.

(…)

RUSSELL, Craig. En: Lennox. Barcelona: Roca editorial, 2010. p. 173


La imagen en Flickr es de adapar

Ay, pena, penita, pena

Esta novela se basa en esa premisa de la que tanto ha tirado el mundo de las redes sociales de que entre cualquier persona del planeta hay como mucho seis grados de separación. El mundo globalizado; todo tan complejo y a la vez tan cercano.

Y esta es la teoría sobre la que Irene Ricart, la detective miope, se irá moviendo para intentar descubrir el misterio que a ella le preocupa. Porque ella está convencida que resolviendo los casos a los que debe hacer frente en su trabajo en la agencia “Detectives Marín” irá resolviendo su puzzle personal, el misterio que a ella realmente le preocupa.

Si tuviera que destacar algo de esta obra sería la abrumadora sencillez con la que está escrito, algo tremendamente complicado y que combina con un sentido del humor que te hace estar en muchas ocasiones leyendo mientras sonríes. A esto ayudan los compañeros de trabajo de Ricart y su propio jefe. También me ha gustado mucho la propia protagonista; un personaje cercano, muy vulnerable y por el que sientes una cercanía y una atracción inmediata.

Cuando empecé a leer a la detective miope, me dio la sensación de que iba a encontrarme con una novela ligera y sencilla (qué difícil debe ser escribir tan claro y la vez de forma tan sencilla) … pero no. Me he encontrado con una muy buena obra que dentro de lo entrañable y cercano que es el personaje transmite una sensación de tristeza y pena tremenda, porque la pena que arrastra consigo Irene Ricart es tan enorme que le hace ir perdiendo dioptrías mientras vas pasando las páginas del libro.

Y yo os dejo, que he quedado con una amiga en uno de los bancos del jardín. Sí, en el número 8 al lado de la papelera…..

Rosa Ribas

La detective miope

Viceversa, 2010