Ay, pena, penita, pena

Esta novela se basa en esa premisa de la que tanto ha tirado el mundo de las redes sociales de que entre cualquier persona del planeta hay como mucho seis grados de separación. El mundo globalizado; todo tan complejo y a la vez tan cercano.

Y esta es la teoría sobre la que Irene Ricart, la detective miope, se irá moviendo para intentar descubrir el misterio que a ella le preocupa. Porque ella está convencida que resolviendo los casos a los que debe hacer frente en su trabajo en la agencia “Detectives Marín” irá resolviendo su puzzle personal, el misterio que a ella realmente le preocupa.

Si tuviera que destacar algo de esta obra sería la abrumadora sencillez con la que está escrito, algo tremendamente complicado y que combina con un sentido del humor que te hace estar en muchas ocasiones leyendo mientras sonríes. A esto ayudan los compañeros de trabajo de Ricart y su propio jefe. También me ha gustado mucho la propia protagonista; un personaje cercano, muy vulnerable y por el que sientes una cercanía y una atracción inmediata.

Cuando empecé a leer a la detective miope, me dio la sensación de que iba a encontrarme con una novela ligera y sencilla (qué difícil debe ser escribir tan claro y la vez de forma tan sencilla) … pero no. Me he encontrado con una muy buena obra que dentro de lo entrañable y cercano que es el personaje transmite una sensación de tristeza y pena tremenda, porque la pena que arrastra consigo Irene Ricart es tan enorme que le hace ir perdiendo dioptrías mientras vas pasando las páginas del libro.

Y yo os dejo, que he quedado con una amiga en uno de los bancos del jardín. Sí, en el número 8 al lado de la papelera…..

Rosa Ribas

La detective miope

Viceversa, 2010


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4 comentarios

Archivado bajo Libros

4 Respuestas a “Ay, pena, penita, pena

  1. Yo también estaré allí, junto a la papelera donde ……. las ………
    Coincido contigo, buenísima la novela, magníficos los secundarios, estupendas las subtramas… Irene Ricart es un personaje que nos atrapa en su locura/cordura y nos sorprende por su candidez, su humor, su sencillez… y como dices su tristeza.

    • Qué tal, Alice Silver. Da gusto acercarse a una novela que se aleja de los asesinatos en serie, de las peripecias electrónicas o de los golpes mortales de karate. Da gusto compartir camino con una detective que va perdiendo sus dioptrías al mismo ritmo que hace que se nos encoja el corazón. Una chulada de libro y una chulada de personaje, la Irene Ricart.
      Un saludico, Alice, y un placer tenerte por aquí.

  2. Pingback: Entre dos lágrimas de agua, pero de agua fresca | Negra con puntillo

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