The Jimi Hendrix Experience – Purple Haze

(…)

Bosch asintió, pero no dijo nada. Al cabo de un rato recordó un momento en el Triángulo cuando una compañía que había sufrido muchas bajas por culpa de los francotiradores encontró la entrada a una red de túneles. A Bosch, Meadows y un par de ratas más llamados Jarvis y Hanrahan los fueron a buscar a una zona de aterrizaje cercana y los llevaron al agujero. Lo primero que hicieron fue tirar en el agujero un par de bengalas, una azul y una roja, y dispersar el humo con un ventilador muy potente a fin de encontrar las otras entradas a la red. Muy pronto comenzaron a emerger de la tierra más de veinte volutas de humo en un radio de unos doscientos metros. El humo procedía de los agujeros de araña que los francotiradores usaban como parapetos o para entrar y salir de los túneles. Había tantos que la jungla se tornó púrpura. Meadows, que iba colocado, metió una cinta en un radiocasete que siempre llevaba consigo y puso Purple Haze (Bruma lila) de Jimmi Hendrix a todo volumen. Era uno de los recuerdos más vivos de la guerra, aparte de los sueños, que conservaba Bosch.

Después de eso a Bosch dejó de gustarale el rock and roll. El ritmo enérgico de la música le recordaba demasiado a Vietnam.

(…)

CONNELLY, Michael. En: El eco negro. Barcelona: Roca bolsillo, 2010. p. 381

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