La horca

(…)

-La abolición de la horca fue el fin de una época del periodismo criminal -me dijo Sid Franks en una ocasión-. Ya no se transmite la sensación de dramatismo. El lugar de la ejecución. La espera al indulto de última hora que con suerte nunca llega. El ahorcamiento. Conocí a un reportero que trabajaba por su cuenta, Harry Tibbs. En realidad era una especie de estafador. Solía entrar para ver al condenado. No era tan difícil como parece. Normalmente se hacía pasar por cura. Solía verlo con alzacuello en el pub Featers de Tudor Street. Conseguía cartas de personas que esperaban para ser ahorcadas y nos las vendía a nosotros y a otros periódicos. Era buen material. Lo curioso es que era abolicionista. “En principio estoy en contra de la horca” decía, “pero cuando se deshagan de ella será el fin de mi profesión.”

(…)

ARNOTT, Jake. En Canciones de sangre. Barcelona: Mondadori, 2009. p.57

La foto en Flickr es de limeydog

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