Hermanos pequeños

(…)

No se lo dije, pero me dolía que estuviera allí. Es mi hermana menor, nos llevamos cuatro años, por eso es indiscutiblemente mi hermana pequeña y los hermanos pequeños no deberían cuidarse de los mayores. Los hermanos pequeños están ahí para que los mayores nos hagamos cargo de ellos, incluso contra nuestra voluntad. Los hermanos pequeños llegan casi siempre sin que los pidamos y vienen a destronarnos y obligarnos a crecer deprisa mientras ellos se permiten apurar todos los días de la infancia. Los hermanos pequeños están para cargarnos y ponernos en evidencia, para que nos sintamos fuertes y listos, para rompernos los juguetes y pintarrajearnos los libros, para que nos caigan broncas inmerecidas y para que les ganemos al ajedrez. Pero no están para cuidarnos. Eso va contra el orden natural de las cosas.

(…)

RIBAS, Rosa. En: La detective miope. Barcelona: Ediciones Viceversa, 2010. p. 58

La imagen, en Flickr, es de Fen Oswin

Anuncios

El hombre que no era ni jueves

Peste en Breslau me ha resultado un libro extraño. Sí. Extraño porque es un libro editado en 2007 y sin embargo nos cuenta una historia, por la forma de ser relatada sobre todo, que podría haber sido escrita un siglo antes por lo menos.

Para que te hagas una idea, la primera parte me ha recordado un poco a El perfume de Süskind , ya que nos presenta la forma de vida de la Breslau de después de la primera guerra mundial haciendo especial hincapié en la vida cotidiana de la gente: los olores de las personas, la suciedad de las calles, la poco higiene de la población con pocos recursos…. Y en la segunda se va presentando una trama que recuerda vagamente a El hombre que era jueves de Chesterton. Complicadas sociedades secretas, personas enmascaradas que pertenecen a asociaciones con complicados códigos de conducta, citas a medianoche en oscuros cementerios…. Tan acojonante, como increible, sin duda.

Y en medio, dando sentido a toda esta mezcla, Mock, un policía de Breslau un tanto peculiar. Un hombre con el corazón roto encargado de controlar los delitos relacionados con la prostitución, y que ejerce el cargo siendo un putero total. Eso sí, es un hombre que ama a las prostitutas, las protege y se preocupa por ellas.

Y será la muerte de dos prostitutas y su posterior investigación el hilo argumental de esta novela, donde precisamente Mock estará en el ojo del huracán al haber una buena cantidad de pruebas en su contra.

A mi no son las novelas que más me gustan, pero la primera parte se me ha hecho más o menos entretenida. De la mitad para adelante ya he desconectado bastante y la he terminado por saber qué le pasaba al final al Mock. De todas formas, como en este negociado caben todas las opiniones dime si has visto algo especial en esta novela, ya que yo no lo he encontrado, y eso que leí hace poco que estaba entre las novelas que la gente de Novelpol sugiere a final de año como las mejores para que las personas de dicha asociación elijan “la mejor”, y la gente de Novelpol suele disparar con muy buena puntería.

Marek Krajewski

Peste en Breslau

Traducción de Jerzy Slawomirski y Ana Rubio Rodón

RBA, 2010

(Serie Negra; 69)

La imagen es del blog “Nadie es inocente”

Spaghetti all’Amatriciana

(…)

El local de Herbie era para mafiosos y punto.

Sea por el motivo que fuere, la cuestión es que el local de Herbie se convirtió en el lugar que solían frecuentar los mafiosos de California. Ya habían salido todos de chirona y estaban todos en Las Vegas, viviendo a lo grande de su porcentaje.

Mike había salido y se había trasladado a Las Vegas, pensando que tendría una gran oportunidad, y solía sentarse a la mesa con Peter Martini, alias Mouse Senior, que acababa de ser nombrado capo. El hermano de Peter, Carmen, solía estar allí también, lo mismo que su sobrino, Bobby, que cantaba en un club nocturno.

Y por supuesto estaba Herbie, que se sentaba a hacer sus crucigramas con Sherm Simon, en el rincón conocido como «el barrio judío».

Así que había un montón de tíos con los que andar por ahí y a veces Frank se sentaba a una de las mesas y prestaba atención a la sesión de chuminadas, aunque la mayoría de las veces se metía en la cocina y cocinaba. Se lo pasaba bien delante del fogón, escuchando a los mafiosos mientras improvisaba unos linguine con vongole y spaghetti all’amatriciana, el baccalà alla Bolognese y el polpo con limone e aglio. Era casi como en los viejos tiempos, cuando era niño y el barrio italiano de San Diego todavía seguía intacto y la gente aún cocinaba de verdad.

(…)

WINSLOW, Don. En: El invierno de Frankie Machine. Madrid: Martínez Roca, 2010. p. 229

Receta Tradicional de Espaguetis a la Amatriciana (Spaghetti all’Amatriciana)


INGREDIENTES (4 pax)

  • 350gr de espaguetis100gr de panceta
  • 1/2kg de tomates
  • 1 guindilla roja
  • 1 cebolla
  • Aceite de oliva
  • Azúcar
  • Sal y pimienta
  • Queso pecorino para espolvorear

ELABORACIÓN

  1. Corta la panceta en trocitos pequeños.
  2. Dora la panceta en una sartén con muy poco aceite a fuego medio-alto.
  3. Pica la cebolla en trozos muy pequeños.
  4. Quítale las pepitas a la guindilla y córtala en trozos pequeños.
  5. Cuando la panceta esté dorada y empiece a estar crujiente añade la cebolla y póchala a fuego lento junto con la panceta.
  6. Pela los tomates, quítale las pepitas y córtalos en cuadrados (o tritúralos con la batidora).
  7. Añade los tomates a la cebolla y panceta.
  8. Ajusta de sal y pimienta.
  9. Añade una cucharadita de azúcar para contrarrestar la acidez del tomate.
  10. Deja que la salsa de tomate se haga a fuego lento durante 35-40 minutos. Si se seca demasiado  añade un poco (muy poco) de agua hirviendo.
  11. Pon una olla tapada con 1litro de agua a hervir. Cuando hierva añade una cucharada de sal y cuando vuelva a hervir los espaguetis.
  12. Cuece los espaguetis con la olla destapada según las instrucciones del fabricante.
  13. Cuando estén cocidos, escurre los espaguetis y mézclalos con la salsa de tomate que deberá estar caliente.
  14. Sírvelos inmediatamente.
  15. En la mesa, puedes rallarle un poco de queso pecorino.

TRUCOS, SUGERENCIAS, CONSEJOS…

  • Ajusta el nivel de picante del plato a tu gusto, no es necesario que uses toda la guindilla. También podrías sustituirla por pimienta de cayena.
  • Procura que los espaguetis no estén mucho tiempo cocinándose junto con el tomate, sólamente el tiempo justo para que se mezclen con la salsa. De lo contrario se cocerán demasiado.
  • Aunque lo más extendido es espolvorear queso pecorino, puedes usar cualquier otro tipo de queso.
  • En lugar de espaguetis, también está bastante extendido el comer los bucatini con la misma salsa.
  • No será lo mismo, pero puedes hacer la versión rápida de esta receta usando tomate frito, así te evitarás too el tiempo que se tarda en cocer el tomate.

La receta es del blog “Estoy hecho un cocinillas”

Cramberries – Zombie

(…)

Subieron en silencio por una colina cubierta de hierba, lejos de donde tenía lugar la fiesta. A medida que la cuesta se hacía más pronunciada se oía menos la música. Los Cramberries habían sustituido a los raperos. A Myron le gustaba ese grupo. Estaba sonando Zombie. Dolores O’Riordan no paraba de repetir: “En tu cabeza, en tu cabeza” hasta que se cansó y empezó a entonar machaconamente la palabra zombie. Bien, era evidente que los Cramberries debían esforzarse un poco más en las letras de los estribillos, pero la canción no estaba nada mal.

(…)

COBEN, Harlan. En Tiempo muerto. Barcelona: RBA, 2010. p. 151

Charlie Chan

(…)

—Me ha parecido que le llamaban Charlie Chan. ¿Por qué?

Bosch lo preguntaba más que nada porque estaba nervioso y pensaba que la conversación tal vez lo distraería de su desasosiego y la desagradable tarea que les esperaba.

—Sí—respondió Águila—. Es porque soy chino.

Bosch se volvió y lo miró. Al estar de perfil logró ver detrás de las gafas de espejo y comprobó que Águila tenía los ojos un poco rasgados. Sí, era cierto.

—Bueno, no del todo. Uno de mis abuelos lo era. Hay una gran comunidad chino-mexicana en Mexicali.

—Ah.

—Mexicali fue fundada alrededor del 1900 por la Compañía de la Tierra del Río Colorado. Ellos eran los propietarios de grandes extensiones de terreno a ambos lados de la frontera y necesitaban mano de obra barata para la recolecta del algodón y varios alimentos —explicó Águila—. Así que se establecieron en Mexicali, al otro lado de Calexico, supongo que con la idea de que fueran ciudades gemelas. Trajeron a diez mil chinos, todos hombres, y formaron una ciudad: la ciudad de la compañía.

Bosch asintió. No conocía la historia y le pareció muy interesante. De todos modos, aunque había visto muchos restaurantes chinos y rótulos en chino al atravesar la ciudad, no recordaba demasiadas caras asiáticas.

—¿Y se quedaron todos… los chinos? —inquirió Bosch.

—La mayoría sí, pero ya le he dicho que eran diez mil hombres y ninguna mujer. La compañía no lo permitía porque creían que perjudicaría el rendimiento. Entonces los chinos se casaron con mujeres mexicanas; la sangre se mezcló. De todos modos, aún conservamos gran parte de nuestra cultura. Hoy podemos tomar comida china a la hora de almorzar, ¿qué le parece?

—Muy bien.

—El trabajo policial sigue dominado por los mexicanos de origen hispano. No hay muchos como yo en la Policía Judicial del Estado y por eso me llaman Charlie Chan. Los demás me consideran un extraño, alguien de fuera.

(…)

CONNELLY, Michael. En: Hielo negro. Barcelona: Roca bolsillo, 2010. p. 248

La imagen en Flickr es de Terry McCombs

Cuando Sally encontró a Harry

La cosa empezó con “El poder del perro”. Ya no me acuerdo cuándo se lo dejé al Pedrín, pero lo que si recuerdo es que al mismo ritmo que iban pasando los meses se ampliaba el número de personas que me preguntaban por la novela, a ver si se la pasaba. Este libro empezó su andadura leeeentamente, pero la gente lo acabó convirtiendo en un betséler.

Aunque alguien tuvo que decir aquello de “ostras, Pedrín”, al final el libro retornó a su hogar para seguir pasando de mano en mano. Y en estas, que el Pedrín me dice que a ver qué le puedo recomendar, que el del perro estaba muy bien. Pues hombre, en estas andaba yo pensando que si al Pedrín hay que darle algo de calidad, que casi consigue acabar hispánicas o que cómo no lo voy a pasar lo mejor de lo mejor al Pedrín si es mi hermano menor, cuando en una visitilla a una librería veo que han vuelto a editar “El eco negro”. “Ya está, un Harry Bosch, que ahí voy sobre seguro”… y hete aquí que no pude resistir la tentación de volver a echarle un ojo a este libro, que aunque sus páginas no se me hicieron totalmente desconocidas no me acordaba de un montón de detalles para nada.

Y ha sido una gozada. Este libro me ha gustado mucho más en esta relectura que cuando lo leí por primera vez. Son ya muchos los libros que Connelly ha escrito sobre Harry Bosch, y aunque sobre esto siempre se puede discutir, creo que es uno de los personajes más rotundos y redondos que en la literatura negrocriminal puedes encontrar. Leer a Harry Bosch es leer a un clásico, para mi (y aquí es donde seguro que me dices que soy un sobrao, exagero, etc…) al mismo nivel que Ellroy, Chandler, Macdonald o cualquiera de los inventores del género. Un personaje totalmente inspirado en otros que le precedieron (las referencias a Ellroy son brutales, y el código de conducta de Bosch es un arquetipo) y al que su autor le ha hecho pasar por distintas situaciones personales y laborales a lo largo de toda la saga.

Pues aquí empezó todo y aquí vamos a conocer a Harry y a otros personajes que le van a acompañar en sus correrías por Los Angeles y el suroeste de los yuesey. En esta novela, que como decimos es en la que Connelly va poniendo los primeros ladrillos de este proyecto de personaje, la trama y los recuerdos del protagonista irán siempre relacionados a Vietnam.

Así, a  partir de conocer cómo eran y cómo hacían su trabajo en esta guerra las ratas de los túneles, iremos conociendo algunos aspectos vitales de Bosch que nos irán haciendo entender a este personaje, que como decimos, es ya un heredero fiel de los personajes clásicos de la novela negra estadounidense.

Ah, y no te fíes, que también le pasó a Pedrín. Con Bosch, sobre todo en estas sus primeras novelas no te puedes fiar de cómo va a acabar la historia hasta la última página. Porque en eso de darle una última vuelta de tuerca a un argumento, Michel Connelly es un hacha.

Y sí, al Pedrín le tendré que ir regalando toda la serie. Que dice que le ha gustao, el muy granuja.

P.S.: Casi se me olvida. Si te gusta zascandilear por la web no te puedes perder la mejor web sobre  Harry Bosch y Michael Connelly, Woodrow Wilson Drive, un esfuerzo enciclopédico descomunal a cargo de Julián Alazorza, un crack. Merece la pena, de verdad.

 

Michael Connelly

El eco negro

Traducción de Helena Martín

Roca Bolsillo, 2010

(Thriler)

La imagen está tomada del blog  “Elemental, querido blog”

 

Billie Holiday – The Man I Love

(…)

La línea de luces de la costa, el resplandor de la ciudad, la espuma blanca batiendo en el rompiente… No importaba que estuviera oscuro y la lluvia empapara los cristales. Quienes acudían a su casa por primera vez hablaban siempre de las vistas, como por obligación.

Luis Reigosa escogió un CD del estante, lo colocó en el equipo de música y sirvió las bebidas en unas copas anchas cuyos bordes había frotado antes con la cáscara de un limón. No sospechó que eran las últimas que servía.

Escucharon el bramido del viento cuando bajaron abrazados a la habitación. Desde el salón, Billie Holiday les regalaba The man I love.

 

Someday he’ll come along

the man I love

and he’ll be big and strong

the man I love.

 (…)

 VILLAR, Domingo. En Ojos de agua. Madrid: Siruela, 2007. p. 11