Matrimonio

(…)

¿Cuál es el secreto de su matrimonio?, le preguntó una vez un joven periodista a Marlene Dietrich, ciertamente extrañado por la duración del que ya hacía su cuarto o quinto sí quiero. Vivimos separados, contestó el témpano. ¿En casas diferentes, quiere decir?, se animó el plumífero, dos palabras seguidas de la diva sin un mínimo repunte de mala leche bien podían interpretarse como una invitación a la cháchara. Veo que no me ha entendido, repuso el ángel de hielo, un brillo acerado de malicia afilándole ya el tono. ¿Se refiere entonces a que su marido y usted viven en ciudades distintas? Ella lo miró, puede que en ese momento exhalase una mínima y cansada voluta de humo. Tal vez esa fuese la mejor respuesta. Pero decidió continuar, cosas de la promoción y los contratos. Así es, concedió el espejo de Venus. Vivimos en ciudades distintas, en países distintos y en continentes distintos: él en Nueva York y yo en París. La vida me ha enseñado -en este punto le faltó llamarlo hijo mío o algo por el estilo-, que la única manera de mantener vivo un matrimonio es estar lo más lejos posible el uno del otro y verse lo imprescindible.

(…)

JURADO, Francisco José. En: Benegas. Córdoba: Almuzara, 2009. p. 197

La foto en Flickr es de Andrea Balducci

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