Archivo mensual: febrero 2011

Esta noche digo… ¡¡Bienvenido!!

Se me ha quedado una sensación extraña al acabar Esta noche digo adiós. Positiva, pero extraña. Me parece que estoy ante un libro que tiene algo especial pero me cuesta un poco encontrarlo. Porque, ¿qué tiene este libro que no hayamos leído un montón de veces, y si me apuras, incluso mejor?. 

A saber. Para empezar, nos encontramos con el protagonismo compartido de dos antiguos policías, uno joven, Lincoln Perry, lo que vendría a ser el prota propiamente dicho, y por otro lado Joe Pritchard, otro poli, más maduro y que se complementa perfectamente con su socio. Dos ex policías, una oficina recién abierta y un caso complicado de asesinato que al final se complicará más de lo que parecía en un principio. Esto ya lo hemos visto más veces: Myron y Win, Kenzie y Gennaro, Elvis Cole y Joe Pike… 

Sí, hay más, pero no nos despistemos que seguimos con el argumento. El caso se complica un poco y Lincoln ha de viajar. Se divide la investigación y se incrementan los problemas. Aparece la mafia rusa, personajes poco claros, un ex marine experto en todo tipo de luchas y armas que tiene una corta intervención, una joven mujer que está tremenda…. 

Y un final con su sorpresilla. Una novela ejecutada siguiendo un patrón clásico pero muy bien contada. Te metes en la historia, sientes el frío de Cleveland, el calor de las playas de Carolina del Sur y los escalofríos de los mafiosos rusos. 

Pero esta no es una novela más. Es una primera novela muy bien construida…. por un chaval que cuando la escribió tenía 20 añitos. No quiero que pienses que es lo único que me ha llamado la atención. Es una novela que me ha gustado y está muy bien. Hay algún detalle que debería haber limado (la figura del tercer ayudante, por ejemplo), pero está muy pero que muy bien. Lo que ocurre es que me ha sorprendido encontrar un libro tan maduro en un chaval tan joven.

Este va a ser un autor a seguir, porque si mantiene el listón estaremos leyendo novela negra de altura, pero si lo sube…. entonces ya estaremos hablando de otra cosa.

Nos quedaremos, pues, en el mentirón con otros abueletes de la cuchipandi hablando de nuestras cosas mientras liamos unos cigarrillos, a ver llegar la próxima novela del joven Koryta.

Ah, y si quieres conocer algún detalle más concreto de estos personajes pásate por el rincón de Alice Silver, que de allí siempre se sale sabiendo más que cuando entraste.

Michael Koryta

Esta Noche digo adiós

Traducción de Sergio Lledó

Mondadori, 2010

(Roja y Negra ; 12)

 La imagen es de La Balacera

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Jimi Hendrix – All Along The Watchtower

(…)

Dos hombres aparecían sentados, juntos, en el extremo opuesto del local. Uno llevaba un jersey de cuello alto, pantalones grises y botas militares. Su cabello castaño aparecía cortado casi al rape, lo usual entre soldados, en tanto su interlocutor lucía una cazadora naranja, casi luminosa en su brillo, con la leyenda Orioles, SAC, de un lado a otro de la espalda y realizada en escritura tipo medieval anglosajón. El del corte de pelo a lo militar manifestó algo, suavemente, y el camarada de juerga lanzó una risita ahogada. Detrás del mostrador tintineó un vaso, al volverlo a colocar el dueño en su estantería correspondiente. La máquina de discos estalló en sonidos, con una interpretación por Jimmy Hendrix, del tema All along the Watchtower.

(…)

McBAIN, Ed. En: Llegó la banda. Gijón: Júcar, 1989. p. 67


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Conejo agridulce

(…)

Michele Zarco, aparejador y teniente de alcalde de Brancato, fue su salvación. En primer lugar lo llevó a su casa para comer sin cumplidos, es decir, lo que hubiera, nada especial, tal como dijo. La señora Angila Zarco, rubia hasta la extenuación y parca en palabras, sirvió unos nada despreciables canelones en salsa, seguidos de conejo agridulce de la víspera, plato harto difícil de preparar, pues todo se basa en la exacta proporción entre vinagre y miel y en la adecuada amalgama entre los trozos de conejo y la caponata (fritura de berenjenas, apio, alcaparras y tomates), dentro de la cual tiene que cocer la carne. La señora Zarco lo había hecho muy bien y, para acabar de redondearlo, le había espolvoreado una picadura de almendras tostadas. Además, es bien sabido que el conejo agridulce recién hecho es una cosa, pero si se come al día siguiente es algo muy distinto, pues gana mucho en sabor y aroma. En resumen, Montalbano se chupó los dedos.

(…)

CAMILLERI, Andrea. En: La paciencia de la araña. Barcelona: Salamandra, 2006, p. 200

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Arthur Conan Doyle

(…)

-Hay otras maneras de brillar -dijo Andrea-. Todo eso forma parte del pasado de Vera Reinartz. Ahora triunfo en otras cosas. Empecé a hacer culturismo seriamente en el año 2000, y ahora soy una experta en esa disciplina, ¿saben? No sólo en el deporte o las técnicas, también en su historia, en la filosofía que hay detrás. ¿Saben que el padre del culturismo moderno fue un alemán? Se llamaba Eugen Sandow. Empezó como un forzudo de circo y acabó montando las bases de este deporte. Organizó y fue juez de la primera competición mundial de culturismo. El otro juez fue Arthur Conan Doyle, el escritor británico que inventó a Sherlock Holmes.

(…)

RUSSELL, Craig. En El señor del Carnaval. Barcelona: Roca bolsillo, 2009. p. 306

La foto en Flickr es de minifig

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Angeles, demonios y el diablo estrellado

Esta es la tercera novela que RBA publica de Jo Nesbo, y desde que leí Petirrojo y Némesis pensé que de toda la cascada de libros y autores que había supuesto la llegada del policial nórdico a nuestras librerías y bibliotecas, mi preferido era Jo Nesbo. 

Para empezar, porque me parece un personaje muy dinámico. Dinámico y con una fuerza que lo hace estar lejos de la lentitud y la introspección que suele caracterizar a los personajes que nos presentan los autores y autoras nórdicos. Harry Hole, ese personaje cercano a la idea de una locomotora a la que nadie puede detener cuando ha cogido velocidad es además un personaje totalmente vulnerable y que vive al borde del precipicio, pero con un toque entrañable. Por la razón que fuera, con él todo está a un paso de irse al garete.

 Y Hole también es un hombre con una misión (quizá la propia misión sea su problema, quién sabe). Ese querer desentrañar un misterio sobre él cree que sabe la solución le va reconcomiendo y hace que poco a poco se vaya dejando hasta la dejación total. El ir como una apisonadora buscando su verdad a la vez que lo hace especial lo hace ser una persona desquiciada y que en ocasiones atraviesa su propio límite.

 A mi me ha recordado mucho desde la primera vez que cayó en mis manos a Harry Bosch, el detective de Michael Connelly. Ambos son polis que se pasan de frenada un montón de veces y sus historias son la crónica de un descarrilamiento anunciado… del que casi siempre, y cuando ya llegamos al final del libro, van librando por los pelos. 

Dicho lo cual, y admitiendo que me merendé la novela en un plis plás, no sería honrado si no os dijese que de las tres que he leído es la que me ha parecido más predecible. La historia diablesca, los asesinatos en serie… no sé, me parecía que Harry se merecía un argumento más potente.

Y eso que en cuestión de descarrilamientos, el que acontece en esta novela es descomunal, ya que nuestro protagonista empieza la investigación fuera de la policía después de haberse bebido hasta la última gota de alcohol que quedaba en los bares de Oslo. Así que esta historia va un poco de eso, de cómo ir levantándose después de haberte quedado hecho gravilla y de dónde se sacan las fuerzas para tirar para adelante. Relacionado con el renacer de Harry, se resolverá la tensión y el problema que tienen Hole y Waaler, otro de los protagonistas que hemos conocido en anteriores entregas de la saga.

 Y aunque te he dicho que esta no es la mejor novela de Jo Nesbo, te digo que en cuanto aparezca la siguiente me la pillaré con toda seguridad. Hay que apostar por este autor, el menos nórdico de los nórdicos, además de para ver si es capaz de volver a escribir al nivel de las anteriores entregas, para poder acompañar las andanzas de Harry Hole al ritmo de los Stones e Iggy Pop.

Jo Nesbo 

La estrella del diablo

Traductores: Carmen Montes y Ada Berntsen

RBA, 2010

La imagen es del blog Cuaderno de Lectura

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The Rolling Stones – Under my Thumb

(…)

Øystein se hallaba en el taxi, en la parada de la calle Therese, escuchando la cinta de los Rolling Stones, cuando sonó el teléfono.

—Oslo ta…

—Hola, Øystein. Soy Harry. ¿Tienes gente en el coche?

—Sólo Mick y Keith.

—¿Cómo?

—La mejor banda del mundo.

—Øystein.

—Sí.

—Los Stones no son la mejor banda del mundo. Ni siquiera la segunda mejor. Más bien es la banda más sobrevalorada del mundo. Y no fueron Keith ni Mick quienes escribieron Wild Horses, sino Gram Parson.

—¡Es mentira y tú lo sabes! Pienso colgar ahora mismo…

—¿Hola? ¿Øystein?

—Dime algo agradable. Rápido.

Under my thumb está bastante bien. Y Exile On Main Street tiene sus momentos.

—Vale. ¿Qué quieres?

—Necesito ayuda.

(…)

NESBØ, Jo. En: La estrella del Diablo. Barcelona: RBA, 2010. p. 221

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Elefantes

(…)

Benegas jugueteó con la punta del entrecot y la bañó en salsa. Chasqueó la lengua y esbozó una mueca que bien podría traslucir su incredulidad o dar a entender “!entonces sí que estamos bien jodidos!”, sobre todo como empezasen a encajar todas las piezas según las estaba dejando caer Jiménez. ¿Pero en qué berenjenal se había metido el desgraciado de Frankie Jurado sin darse cuenta?, pobre peón machacado en una partida que no era la suya. En casos como éste, Benegas siempre recordaba una frase de esas que suelen encabezar las agendas y los calendarios y que él se aprendió de memoria para soltarla de vez en cuando y epatar, un proverbio masai creía que era: “cuando dos elefantes se pelean, siempre pierde la hierba”. Pues de Frankie Jurado no quedaría ni una brizna en esta batalla, pensó Benegas, rematando un jugoso trozo de carne.

(…)

JURADO, Francisco José. En: Benegas. Córdoba: Almuzara, 2009. p. 248

La imagen en Flickr es de  anda ♥

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