Archivo mensual: marzo 2011

Mariachi sobre el desarraigo, la soledad y el olvido

Siguiendo con la relectura de la serie Harry Bosch, me tocaba pasarle al Pedrín “Hielo negro”, la segunda novela de la serie y en la que el personaje de Bosch, sigue creciendo y tomando forma.

En esta ocasión la historia gira alrededor del suicidio de un poli del departamento de narcóticos que estaba inmerso en la investigación de una nueva droga, el “hielo negro”.

Una historia en la que ya se empieza a ver una de las constantes del personaje, su incapacidad para aceptar lo que le mandan si no está convencido de que es lo necesario, el no aceptar la verdad política y el saltarse las normas para seguir las investigaciones allá donde le lleven.

Y en esta ocasión le llevarán a la frontera mexicana y un poco más allá, a una zona entre Mexicali y Caléxico donde la banda sonora la ponen Los Lobos y donde a duras penas sobrevivirá Harry con su español chapurreado.

Una historia de frontera escrita hace muchos años y en la que no se vislumbran ni por asomo las escenas de violencia que se vivirán en años posteriores en toda la franja fronteriza entre México y los USA.

Una historia de violencia y de tristeza. Una historia sobre la pena que sienten los que desconocen o se preguntan sobre sus orígenes. Los que tuvieron que empezar a caminar muy pronto solos, en esta ocasión también con un toque de esperanza, la que da el encontrar a una persona a la que amar.

Otra de las buenas novelas de esta serie, sólidamente construida, con un tremendo final y en la que se sigue dando forma al personaje de Harry Bosch, para mí, uno de los grandes.

Michael Connelly

Hielo negro

Traducción de Helena Martín

Roca Bolsillo, 2010

La imagen es del blog Cruce de Cables


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The Chieftains y Ry Cooder – Coast of Malabar

(…)

-¿Y su padre era…?

-Un buen hombre. -Asintió, más para él que para mí, y tomó un sorbo de vodka-. Un tipo realmente estupendo, la verdad. Recto. Decente. Y muy, muy listo. Si no te lo decían, nunca hubieras adivinado que era un poli. Le hubieras tomado por un reverendo o por un banquero. Vestía de manera impecable, hablaba de manera impecable, lo hacía todo de un modo… impecable. Tenía una sencilla casa de estilo colonial en Melrose, una esposa guapa y simpática y un hijo rubio y hermoso. Tenía el coche tan limpio que se podían comer sopas.

Le fui dando a la cerveza mientras en el segundo televisor aparecía la bandera, seguida de una pantalla azul, y observé que lo que ahora sonaba en la máquina era Coast of Malabar, de los Chieftains.

(…)

LEHANE, Dennis. En: Abrázame, oscuridad. Barcelona: RBA, 2010. p. 143


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Maniquí

(…)

Últimamente, Barbara Svendsen había empezado a pensar mucho en el tiempo. Y no porque hubiese sentido una inclinación notable por la filosofía. De hecho, la mayoría de las personas que la conocían habrían afirmado de ella todo lo contrario, seguramente. Lo que pasaba era que nunca había pensado en ese detalle, en que todo tenía su tiempo y que ese tiempo estaba a punto de agotarse. Que no haría carrera como supermodelo era algo que tenía asumido desde hacía años. Tendría que contentarse con el título de ex maniquí. Maniquí sonaba bien, a pesar de que venía del neerlandés y significaba «hombre pequeño». Petter se lo había explicado. Como le había contado la mayoría de las cosas que, en su opinión, ella debía saber.

(…)

NESBØ, Jo. En: La estrella del Diablo. Barcelona: RBA, 2010. p. 143

La imagen en Flickr es de Paco CT

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Pasta al pesto de Trapani al estilo Montalbano

(…)

Antes de regresar a casa se pasó por la tienda de comestibles a la que iba de tanto en tanto. Compró aceitunas verdes, higos secos, queso picante, pan con semillas de sésamo recién hecho y una lata de pesto de Trapani.

En Marinella, mientras se cocía la pasta, puso la mesa en la galería. La jornada, después de un tira y afloja inicial, se había rendido a un sol de primavera anticipada. No había una sola nube ni soplaba el menor viento. El comisario escurrió la pasta, la aliñó con la salsa, llevó el plato fuera y se puso a comer. Un hombre que pasaba por la orilla del mar se detuvo un instante y lo miró. ¿Qué había de extraño en él para que aquel individuo lo observara como si fuera un cuadro? Tal vez era realmente un cuadro, que podría titularse El almuerzo del jubilado solitario. Ese pensamiento le quitó el apetito de golpe. Siguió comiendo, pero de mala gana.

(…)

CAMILLERI, Andrea. En: La paciencia de la araña. Barcelona: Salamandra, 2006, p. 221

Pesto de Trapani

Para realizar este pesto necesitamos:

  • unas hojas de albahaca fresca
  • unos 75-100 grs de almendras
  • aceite de oliva virgen extra
  • 2 dientes de ajo
  • 3-4 tomates maduros o de pera
  • sal y pimienta

En el vaso de la batidora vertemos todos los ingredientes, comenzando por el tomate, el ajo y el aceite y añadiendo progresivamente la albahaca, las almendras y la sal y pimienta. Lo dejaremos triturado al gusto, en función de si queremos que esta salsa esté más suave o queremos notar los trocitos de almendra al comer la pasta.

El origen de este pesto de Trapani o alla trapanese tiene sus inicios en la época en que los barcos procedentes de Génova atracaban en el puerto de Trapani, procedentes de las rutas del Lejano Oriente, y allí los marineros trajeron consigo esa tradición del pesto.

Sin embargo, en la isla siciliana hicieron su propia versión del peste verde original y a los ingredientes de aquel añadieron el tomate y las almendras.

El pesto de Trapani es primo hermano de algunas salsas catalanas como la romesco, con la que comparte gran parte de los ingredientes a excepción de la albahaca, que en el caso de la salsa catalana sustituye por ñoras.

Aunque podéis condimentar unos espaguetis con este pesto, la salsa que hoy os propongo combina muy bien con pastas no lisas, tipo espirales, porque es más fácil que el pesto y sus aromas se adhieran a la pasta.

La receta está tomada de la página Petit Chef

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Entre dos lágrimas de agua, pero de agua fresca

Total, que yo vengo a comentar que he leído hace poco “Entre dos aguas”, la primera novela de la serie Weber-Tejedor de Rosa Ribas cuando días antes de BCNegra presentaba la tercera historia con dicha protagonista.

Y es que yo no había leído ningún libro de Rosa Ribas hasta que cayó en mis  manos “La detective miope”, una novela con mucha magia y mucha poesía que me encandiló totalmente. Era cuestión de tiempo que consiguiese los libros de esta serie y empezase con su lectura.

Un trabajo que de verdad ha merecido la pena. “Entre dos aguas” es muchas cosas, que a ver si soy capaz de explicaros, pero para empezar es una novela que se lee muy fácil y es muy entretenida. Así pues, empezamos bien.

Entretenida, original y con mucha miga, porque para empezar la protagonista es una policía alemana de madre española, que en esta ocasión ha de investigar el posible asesinato de un personaje especialmente relevante dentro de la colonia española en Franckfort.

Cornelia, la protagonista, no es que viva entre dos aguas, es que durante la novela vive en medio de dos mundos entre los que cree ha de optar. De ahí viene su insistencia en que ella es alemana y que sobre todo “ha salido a su padre”.

Y así, en medio del vaivén que vive Cornelia vamos conociendo el ecosistema en el que se mueve. Veremos las presiones de su propia madre, una gallega de Allariz que por nada del mundo quiere que nadie de la colonia española salga perjudicado; la incorporación de un nuevo miembro al equipo, el extraño comportamiento de su compañero Reiner, sus propias dudas sentimentales… así como los personajes de la colonia española que más conocen a Cornelia por su participación en un desfile como fallera o por sus intervenciones en los recitales de poesía que organizaba la asociación.

Y la pena, también. La pena de aquellos que siempre han sido extranjeros allá a donde fueron a trabajar y que ahora, cuando pueden volver, ven que casi no tienen vínculos con la tierra que los vio nacer y prefieren pasar sus últimos días en su patria de adopción.

Especialmente interesante la visión que los “viejos emigrantes” tienen sobre los nuevos, cómo hay clases incluso entre los desclasados… y cómo todo este discurso sobre la emigración y sobre la identidad, están hoy en día de plena actualidad.

Un libro muy recomendable, oigan.

 

Rosa Ribas

Entre dos aguas

Ediciones Urano, 2011

(books4pocket)


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Pogues – Dirty Old Town

(…)

Me quedé mirando el teléfono unos instantes y luego cogí la chaqueta y salí del apartamento.

No necesitaba la chaqueta. Eran más de la una de la madrugada y la humedad me impregnaba la piel de tal manera que sentía los poros malolientes y pegajosos.

Octubre. Pues vaya.

Gerry Glynn estaba fregando vasos en la pila de la barra cuando entré en el Black Emerald. El sitio estaba vacío con los tres televisores en marcha pero sin sonido; desde la máquina de discos, los Pogues cantaban su versión de Dirty Old Town a un volumen casi imperceptible; los taburetes estaban sobre al barra, el suelo había sido fregado y los ceniceros de color ámbar relucían más que unos huesos hervidos.

Gerry tenía la vista clavada en la pila.

-Lo siento -dijo sin levantar la vista-. Está cerrado.

(…)

LEHANE, Dennis. En: Abrázame, oscuridad. Barcelona: RBA, 2010. p. 137

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Puntualidad forense

(…)

—¿Un café

Mientras salía el café de la máquina intercambiaron informaciones.

—¿Cómo lo identificasteis?

—La familia denunció la desaparición ese día.

—Son pocas horas para que entrara  en los archivos de desaparecidos.

—Sí, pero a Müller se le ocurrió consultar las denuncias no cursadas y reconoció a la vícitima.

—Habéis tenido suerte.

—Es cierto. ¿Sabes cuándo murió?

—Diría que el mismo martes.

—¿Más o menos a qué hora?

—Los únicos casos en los que se puede dar la hora exacta de una muerte es cuando la víctima es arrollada por un tren, a ser posible en Suiza. —Pfisterer sonrió, era un chiste que le gustaba mucho repetir—. En el caso de este hombre, aún no te puedo dar la hora aproximada, habrá que esperar los resultados de los análisis del humor vítreo. Pero por el estado del cuerpo puedo decirte que pasó poco tiempo muerto fuera del agua.

(…)

RIBAS, Rosa. En: Entre dos aguas. Barcelona : Ediciones Urano, 2011. p. 90

La imagen, en Flickr, es de sfer

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