Archivo mensual: mayo 2011

El Pregonero

(…)

Cerca de la calle del Mercado encontró a Murrio, el pregonero, que caminaba con ojos de sueño y el redoblante malísimamente ceñido.

-¿Cuántas veces echaste el pregón -le dijo a manera de saludo.

-Pos diez o veinte.

-¿Diez o veinte?

-Pongamos que quince. Y no padezca, que más gente va a ir a ese muerto que a la feria de Albacete. Ahora en el mercado voy a darle unas cuantas repeticiones.

-Está bien.

-Y hablando de todo un poco, señor Manuel, ¿me deja usted un cigarro?, que el estanco está todavía cerrao y voy con una basca de fumar que no me tengo.

Plinio le largó un “Celtas”, que el pregonero encendió rápido y luego chupó con tanta ansia como si del “Celtas” saliese el mismísimo chorro de agua de la vida eterna. Todavía, antes de dar un paso, dio un par de chupadas tan enérgicas que Plinio, compadecido, le metió otro cigarro en el bolsillo y lo despidió con una palmada en la espalda diciéndole:

-Anda, Murrio, despabila, que tienes mucho cuento.

Murrio siguió camino con la lumbre en la boca, y antes de llegar a la esquina, para demostrar su eficacia, comenzó a batir el tambor.

Plinio se detuvo para escuchar el pregón que Murrio voceó así, con tono de salmodia:

“Se pone en conocimiento del público en general, que en la Sala Depósito, sita en el Cementerio Católico de esta ciudad, se halla expuesto el cadáver de un hombre desconocido. Como quiera que se desea su identificación, se ruega a cuantos lo deseen que comparezcan en el referido Depósito, por si alguno pudiera ayudar a la autoridad judicial con su información.”

(…)

GARCÍA PAVÓN, Francisco. En: Plinio, casos célebres – El reinado de Witiza. Barcelona: Ediciones Destino, 2006. p. 49

La imagen, en Flickr, es de edomingo 

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The Rolling Stones – Midnight Rambler

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Sonreí.

-Creo que me tomaré otra, Gerry.

-Eso está hecho.

Mantuvo la vista fija en mí, lleno de curiosidad, mientras rebuscaba a ciegas en la nevera. A nuestra espalda, Let It Bleed había dado paso a Midnight Rambler, y la armónica sonaba igual que una risita persistente surgida de la tumba.

Gerry me pasó la cerveza. Al hacerlo, su mano rozó la mía en torno a la botella helada, pero resistí las ganas de apartarla.

-El FBI me ha interrogado -dijo-. ¿Lo sabíais?

Asentí.

(…)

LEHANE, Dennis. En: Abrázame, oscuridad. Barcelona: RBA, 2010. p. 397

Rolling Stones – Midnight Rambler

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Pegamento

(…)

Bosch sólo poseía las partes de un todo; lo que necesitaba era el pegamento que las unía. Cuando recibió la placa dorada de detective, un compañero de la mesa de Robos de Van Nuys le había dicho que lo más esencial de una investigación no eran los hechos, sino el «pegamento». Y según él, éste estaba compuesto de instinto, imaginación, un poco de especulación y un mucho de suerte.

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CONNELLY, Michael. En: Hielo negro.  Barcelona: Roca bolsillo, 2010. p. 178.

La imagen, en Flickr, es de tanakawho

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Cuscús de pescado

(…)

Montalbano aprovechó indignamente su día libre y la imposibilidad de localizar a Livia

—¡Bienvenido, dottore! ¡Llega justo el día apropiado! —dijo Enzo.

Con carácter excepcional, Enzo había preparado el cuscús con ocho variedades de pescado, aunque sólo para los clientes que le caían bien, entre los cuales, cómo no, se encontraba el comisario. Éste, en cuanto tuvo el plato delante y aspiró sus efluvios, experimentó un súbito arrebato de emoción. Enzo lo advirtió, pero, por suerte, lo interpretó de manera errónea.

—¡Le brillan los ojos, comisario! ¿No tendrá unas décimas de fiebre?

—Sí —mintió sin tapujos.

Se zampó dos raciones. Después tuvo la caradura de decir que no le irían mal unos salmonetes. Más tarde, el paseo hasta el faro fue una necesidad digestiva.

(…)

CAMILLERI, Andrea. En: La paciencia de la araña. Barcelona: Salamandra, 2006, p. 49

“Cuscús” (plato a base de pescados) de Sicilia

Ingredientes para 4 personas:

  • 400 g de sémola gruesa,
  • 400 g de sémola fina,
  • 1 Kg. de pescado para caldo (mero, salmonete, escorpena),
  • 1 Kg. de mejillones,
  • 600 g. de camarones hervidos y pelados,
  • 600 g. de tomates pelados y picados,
  • 6 cucharadas de aceite de oliva extra virgen,
  • 1 cucharada de perejil picado,
  • 1 diente de ajo,
  • sal,
  • pimienta recién molida

Lavar bien los mejillones, cepillándolos, colocarlos en una cazuela, hacer que se abran a fuego alto y con el recipiente tapado, luego quitarles las valvas. Limpiar los pescados, cortarlos en pedazos grandes, cubrirlos con agua hasta el borde, llevar a ebullición, salar y cocer durante unos 8 minutos. En una cazuela colocar el tomate con 3 cucharadas de aceite, el ajo, el perejil, sal y pimienta, y cocer a fuego moderado durante 30 minutos mojando con un poco de agua si es necesario.

Verter los dos tipos de sémola en una terrina amplia y amasarlos con poquísima agua, trabajando las harinas con un movimiento de los dedos circular y concéntrico sobre el fondo y las paredes del recipiente hasta obtener numerosas bolitas. Cuando éstas estén listas, secarlas sobre un trapo. El cuscús se debe trabajar aún más, después un poco de tiempo, mezclando siempre con los dedos en sentido de las manecillas del reloj y añadiendo el resto del aceite, sal y pimienta.

Terminada la operación dejar en reposo el cuscús sobre un paño. Colocar el cuscús en una “cuscussiera” o en un colador metálico sobre una olla llena de agua y cocerlo, sin quitarlo del paño, durante unas 2 horas. Transcurrido este tiempo, colocarlo nuevamente en la terrina, verter el caldo de pescado obtenido con el hervor y cubrir con un paño. Servir el cuscús acompañado con el pescado, los mejillones, los camarones y la salsa. En un bol aparte verter el caldo de pescado que se servirá a los comensales para suavizar el palto al gusto.

Es un plato que se ha transmitido de generación en generación en Sicilia desde la época de la dominación árabe en la isla. Se puede realizar comprando el “cuscus” precocido y sartenes normales, pero no se aconseja hacerlo con el método tradicional y utilizando la “cuscussiera”, un sartén de terracota ahuecado en el fondo parecido a un colador, muy común en las casa de los habitantes de Trapani

La receta es de la web Nutrición y Recetas

Para conocer la historia de esta receta: Pisto y no Pisto

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En el límite del sufrimiento y la tristeza

La casualidad ha querido que haya escrito hace un poco de la película, Adiós, pequeña, adiós, en la que está basada esta novela. Así pues, quizá algunas cosas te suenen repetidas, ya que creo que mezclé un poco lo visto con lo leído.

Lo primero que me gustaría comentar es que con el paso de los días ha ido mejorando la impresión que me dejó este libro. Y es que Despareció una noche es un libro bastante duro; una novela que se sumerge en el mundo de los niños y niñas que desaparecen y de los cuales a veces no se vuelve a tener noticias. Esto lo hará jugando con dos historias, los secuestros de un niño y una niña que acontecen en un intervalo de tiempo bastante breve.

Tramas al margen, el libro nos va metiendo en la historia muy lentamente. Primero es el barrio, luego la familia, la normalidad de un barrio duro y la anormalidad de una madre que no se ha enterado que tiene una hija. A partir de ahí empieza la verdadera historia. Un argumento que se va enmarañando hasta su sorprendente final.

Si habéis leído alguno de los comentarios que tengo por aquí colgados de las novelas de Lehane sabréis que a mi me parece un autor que a veces abusa de la truculencia. Es un experto en dejarte una desazón en el alma que a veces, además, no parece especialmente justificada por las historias que estamos leyendo. Esto no ocurre en este caso. Las barbaridades me da la sensación que están a la altura de la historia y que ayudan a entender los estados de ánimo de los personajes…. y eso que tenemos que asistir en esta novela al protagonismo de una familia que vendría a ser algo así como la familia Adams de la cochambre, la podredumbre y la falta de escrúpulos. Pero bueno, esta segunda historia aún le da más fuerza a la historia, aunque también pueda haber gente que crea que no es más que un truco del autor para enrevesar la historia y para despistarnos. De todas formas, a mí me ha parecido que no estaba mal.

Como comentaba al hablar de la peli, me ha parecido muy interesante la disputa moral entre Kenzie y Gennaro y cómo ésta mina de manera muy importante su relación. Al final, además, queda la sensación de que Kenzie se equivoca y que genera mucho más mal que bien con su intervención. Sin embargo, aquí no parece que el autor moralice, más si recordamos que Kenzie es un niño maltratado al que por ejemplo su padre era capaz de marcarle poniéndole una plancha caliente en el pecho.

Así pues, una novela muy recomendable, muy bien estructurada, con un ritmo implacable y con un final que incluye su sorpresilla. ¿Quién da más?.

Dennis Lehane

Desapareció una noche

Traducción de María Vía

RBA, 2011

(Serie Negra ; 94)

La imagen es de la página serienegra.es

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The Velvet Underground y Nico – I’ll Be Your Mirror

(…)

Dejé de golpear el saco. Me quedé quieto frente a él, intentando controlar la respiración, notando violentas pulsaciones en las sienes y dejándome invadir por una ternura desesperada hacia ese niño-hombre, despierto en la oscuridad, envuelto en su manta, asomando a ese todo que aun no le había ocurrido.

Cuando la frecuencia de sus oscilaciones y la de mi respiración, se redujo, me sacudí a mí mismo de esa especie de trance.

Nico, con la Velvet Underground, cantaba “I’ll be your mirror”.

(…)

CAROFIGLIO, Gianrico. En: Las perfecciones provisionales. Madrid : La esfera de los libros, 2010. p. 74

The Velvet Underground y Nico – I’ll Be Your Mirror

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Ford T

(…)

-Verás, Allen, no hay otro alumno en la clase, estoy seguro, que haya leído, ni con mucho, tanto como tú, y también tengo la seguridad de que ninguno es tan sofisticado. Es decir, tenemos libros de texto que se adecuan al común denominador de inteligencia y sofisticación del estudiante medio.

-Quiere decir un estudiante de bajo nivel en lugar de medio, ¿no? Como hacían Marx y Engles, por establecer un paralelismo. El más bajo o el más pobre es siempre el promedio establecido.

-Quizá -dijo-.Es posible, Allen. Pero hay ciertos estándares que seguir, estándares establecidos por el Estado, y debemos seguirlos. !Si no, tenemos problemas¡

-Eso me recuerda a una frase de Henry Ford, señor, en los días del “Modelo T” -repuse-. Dijo que un cliente podía obtener el coche del color que quisiera… siempre y cuando el color fuera negro.

-Henry Ford fue uno de los hombres con más éxito de este país, Allen.

-¿Cómo podría equivocarse? -pregunté.

(…)

THOMPSON, Jim.  En: Hijo de la ira.  Barcelona: RBA, 2010.  p. 72

La image,n en Flickr, es de aussiefordadverts

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