Sombreros

(…)

-¿Qué está pasando? -preguntó Bosch-. He oído por la radio algo sobre un cadáver en Western y Franklin, pero nadie me ha dicho nada. Es curioso, considerando que estoy de guardia

-No te preocupes – le respondió Kleinman-. Los “sombreros” lo tienen controlado.

Bosch dedujo que Kleinman debía de ser de la vieja escuela, porque hacía años que no oía esa expresión. En los años cuarenta, los miembros del Departamento de Robos y Homicidios habían lucido unos sombreros de paja que en los cincuenta pasaron a ser de fieltro gris. Al cabo de un tiempo los sombreros pasaron de moda, pero los detectives especializados en homicidios siguieron existiendo, aunque los policías de uniforme ya no los llamaban “sombreros”, sino “trajes”. Todavía se creían los mejores y se daban muchos aires, cosa que Bosch había odiado incluso en los tiempos en que fue uno de ellos. Para él, una de las ventajas de trabajar en Hollywwod, la “cloaca de la ciudad”, era que a nadie se le subían los humos. La gente hacía su trabajo y punto.

(…)

CONNELLY, Michael. En: Hielo negro. Barcelona: Roca bolsillo, 2010. p. 10.

La imagen está tomada del blog mitiquísimo

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