Rocío Jurado – Mi amigo

(…)

-¿Y qué os dijo? -preguntó, neutro, Benegas.

-Que cuando lo besó, notó que tenía los labios fríos -contestó Marita, haciendo una mueca de sorpresa.

-¡Los labios fríos! -exclamó Benegas perplejo-. ¡Joder, como para no tenerlos con las heladas que están cayendo! ¡Si yo me tuviera que desnudar ahora se me congelaría hasta la sangre! ¡Y otra cosa ya ni te digo! -chiste fácil del inspector, que no desperdiciaba la ocasión.

Frío, como la línea de tus labios fría; frío, como un beso de pecado, que pregonaba la copla aquella de los sesenta, escrita expresamente para la hija de la Piquer. Benegas no dejó de canturrear esas primeras estrofas durante todo el rato que Sampedro condujo rumbo a casa de Susana Vidal. ¡En qué cosas más extrañas reparan y se fijan las mujeres!, se dijo. En qué estaría pensando ahora mismo Blanca, por ejemplo, pensó él a su vez: ¿en matrimonios sin obligaciones?, ¿en las obligaciones que mataron su matrimonio? En un momento dado, miró su reloj y vio la hora que era. Lanzó algo parecido a un bufido. Ciertamente llevaba un día desquiciado, de locos, y a esas alturas de la tarde tenía ya un hambrazo que se caía de espaldas.

(…)

JURADO, Francisco José. En: Benegas. Córdoba: Almuzara, 2009. p. 116

Mi amigo

 

¿Por qué tienes ojeras esta tarde?

¿Dónde estabas, amor de madrugada,

cuando busqué tu palidez cobarde

en la nieve sin sol de la almohada?

Tienes la línea de los labios fría,

fría por algún beso de pecado

beso que yo no sé quién te daría,

pero que estoy segura te lo han dado.

¿Qué terciopelo negro te amorena

el perfil de tus ojos de buen trigo?

¿Qué azul de vena o mapa te condena

al látigo de miel de mi castigo?

Y por qué me causaste esta pena

si sabes, ay amor, ¡Tú bien lo sabes!

que eres mi amigo, mi amigo.

Tienes la línea de los labios fría,

fría por algún beso de pecado

beso que yo no sé quién te daría,

pero que estoy segura te lo han dado.

¿Qué terciopelo negro te amorena

el perfil de tus ojos de buen trigo?

¿Qué azul de vena o mapa te condena

al látigo de miel de mi castigo?

Y por qué me causaste esta pena

si sabes, ay amor, ¡Tú bien lo sabes!

que eres mi amigo, mi amigo.

¡Mi amigo!

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Mc Ahan

(…)

Y luego estaba Maqueijan, que nunca se iba de vacaciones. Simplemente, no se dejaba ver semana y media por Comisaría. En realidad, nadie recordaba cómo se llamaba Maqueijan. Pasaba un poco como con él, con Benegas, pues salvo su madre -y en diminutivo, además, lo cual lo hacía aún más ridículo- nadie lo llamaba por su nombre de pila desde hacía más de treinta años. Incluido él mismo en las cada vez más frecuentes ocasiones en que se descubría hablando solo, bien para reñirse bien para aclararse las ideas, “diálogos introspectivos” los llamaba el inspector. A Maqueijan todo el mundo lo llamaba así por Zebulón McAhan, aquel personaje legendario de “la Conquista del Oeste”, esa serie que echaron por televisión hará unos veinte años y que hizo que a todos los tipos altos y desgarbados del país se les llamase “maqueijan” durante un tiempo. Pues bien, a este se le había quedado el mote para siempre. Además era clavado en los andares al mítico Zebulón, demasiado bamboleantes, escorado a babor y estribor continuamente, como un gorila incómodo porque le hubiesen afeitado las ingles. Maqueijan era el todoterreno de la Brigada: si había que ser sagaz, lo era, aunque tampoco había que pasarse, y si había que dar un par de hostias, las daba. También servía como paño de lágrimas porque no era muy locuaz el hombre y te dejaba largar carrete.

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JURADO, Francisco José. En: Benegas. Córdoba: Almuzara, 2009. p. 37

Herman’s Hermits – No Milk Today

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Veintiún días limpiando aviones.

Tenía razón Elin Herzog, la espalda le dolía tanto como después de las primeras jornadas. Al principio pensaba que se le pasaría a los pocos días, una de las expectativas que no se habían cumplido; la otra era que tal vez el cansancio físico la ayudaría a dormir. Pero el insomnio seguía. Caía agotada en la cama, el sueño no llegaba y cuando lo hacía era para abandonarla ahuyentado por cualquier sonido, una conversación en la calle, la dinamo de una vieja bicicleta una discusión en algún piso cercano. Se había levantado tan cansada que no había tenido tiempo ni ganas de bailar cuando en la radio empezó a sonar otra de sus favoritas. No Milk Today sólo la movió a comprobar, canturreándola, si le quedaba suficiente leche para el resto de la semana.

Mientras una hora después recorría con dos compañeras uno de los pasillos desnudos que conectan las zonas de embarque, aprovechó el comentario de una de ellas sobre sus pronunciadas ojeras para lamentarse una vez más de su penuria económica.

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RIBAS, Rosa. En caída libre. Barcelona : Viceversa, 2011. p. 120

Gravlax, Filete Stroganov y Pollo a la Kiev

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 Un plato de gravlax asado fue puesto delante de Osborne, y a su lado, un plato de patatas fritas casi tan delgadas como las que acostumbran a preparar en Rusia. Arkady estaba famélico.

—¿De verdad no desea compartir esto conmigo? —inquirió Osborne—. Es delicioso. ¿Al menos un poco de vino? ¿No? Es curioso —continuó hablando mientras comía—, solía suceder que cuando un emigrado ruso llegaba a Estados unidos, instalaba un restaurante. Servían magnífica comida: bistec Stroganov, pollo a la Kiev, pazca, blini y caviar, esturión en jalea. Eso era hace cincuenta años, sin embargo. Los nuevos emigrados no saben guisar, ni siquiera saben lo que es la buena comida. El comunismo ha acabado con la cocina rusa. Ése es uno de sus grandes crímenes.

(…)

SMITH, Martin Cruz. En: Parque Gorki. Barcelona: Zeta, 2011. p. 494

Cómo hacerse (criminalmente) el sueco

Ha habido tal inflación de títulos nórdicos negrocriminales que ha llegado un momento en el que resulta difícil separar la paja del grano. Se a como fuere, tenía yo ganas de hincarle el diente a la Trilogía de Estocolmo, ya que se ha hablado de las novelas que la componen como “algo diferente” dentro de las hordas vikingocriminales que pueblan las estanterías de nuestras librerías favoritas.

Y así de entrada os tengo que confesar que esta primera novela me ha gustado un montón. Me ha parecido más cercana a Harry Holt que a Wallander, así que os podéis imaginar que aquí por lo menos va a haber ritmillo (muuuucho ritmillo)…. Y es que Dinero fácil es todo un tratado sobre la delincuencia.

Lapidus va a colocar en los rincones del cuadrilátero a tres personajes, Jorge, JW y Mrado. Tres personas que viven los bajos fondos de Estocolmo desde distintos ángulos y que conforme vamos pasando páginas vamos comprendiendo que sus destinos, como dijo el poeta, son varios ríos que van a parar en este caso no a la mar, sino a un desagüe de tamaño descomunal.

Porque todo lo que quieras saber de drogas se lo puedes preguntar a Jorge, un hombre de origen chileno que lo que no sabía de drogas en la calle acabó aprendiéndolo en la cárcel, de la que, por cierto, consiguió escaparse dando un gran brinco. De verdad.

Porque si tienes curiosidad por saber cómo vive, cómo viste, qué bebe o con qué se droga un megapijo de Estocolmo, todo eso te lo explica JW, un fraude andante, pero sobre zapatos italianos, un superviviente que es más listo que el hambre y para el que todo vale a la hora de perseguir sus sueños . Todo lo que usted quiso saber de cómo funciona el blanqueo del dinero proveniente de la droga y nunca se atrevió a preguntar, se lo puede consultar a JW.

 Porque también está Mrado, un matón serbio que se machaca durante el día en un gimnasio, un soldado formado en la guerra de los Balcanes y que siempre está presto y dispuesto a hacer daño a quien le ordene su jefe y antiguo camarada. Ese es Radovan, dueño y señor de gran parte de lo que se menea de forma ilegal por las calles de la capital.

Y porque todos estos personajes tienen su cara B, una bella hermana que un día desapareció en un ferrari amarillo, una hija a la que no puede ver más que un par de veces al mes por orden judicial o una hermana que va olvidándose de dónde viene y lucha con todas sus fuerzas para que su vida sea “como la de los vikingos”…. y un denominador común: todos quieren joder a Radovan aunque no tengan muy claro cómo.

 Te dejo, pues, con esta guía alternativa de Estocolmo, todo un libro de autoayuda para criminales y que pretende que conozcamos la cara B del estado del bienestar. Bueno, eso, o como dice el título de ahí arriba, otras formas de hacerse el sueco.

Jens Lapidus

Dinero fácil: Trilogía de Estocolmo I

Traducción de María Sierra

Punto de lectura, 2010

The Jayhawks – I’d Run Away

(…)

El Mustang nuevo que alquilé no iba igual que mi Boss 302. Cuando pisé el acelerador hasta el fondo, el motor tardó casi un segundo en reaccionar, se despertó, se desperezó y hasta se rascó antes de iniciar finalmente la aceleracion. Con todo, tenía un reproductor de CD, de manera que pude escuchar a los Jayhawks mientras conducía por el tramo de edificios de estilo neobrutalista de la Interestatal 26, con I’d Run Away sonando a todo volumen cuando me desvié por la salida de North Meeting Street en dirección a Charleston, hasta que la ambigüedad de la letra de la canción hizo que la quitase y que pusiera la radio, aunque aquella estrofa aún resonaba dentro de mi cabeza:

Así que tuvimos un pequeñín.

Supe que aquello no iba a durar mucho.

Era algo que tenía en mente.

Pero lo que tenía en mente era muy fuerte

(…)

CONNOLLY, John. En El camino blanco. Barcelona: Tusquets, 2006. p. 144


Not guilty

(…)

“En fin, qué se le va a hacer, uno no ha inventado la rueda del mundo ni la forma de pararla”, que solía decir Benegas para consolarse de contrariedades como ésta. Cuando le ocurría una cosa así, el inspector no podía evitar acordarse del modelo judicial anglosajón. Allí existe una fórmula por la que un juez, si no encuentra pruebas suficientes para condenar a alguien, pero está seguro de que ese alguien tampoco es trigo limpio, lo absuelve tras dictaminar que esa persona es “not guilty”; o sea, no culpable, que no es lo mismo, ni muchísimo menos, que decir que es absolutamente inocente. Parece se que los hijos de Roma no hilamos tan fino.

(…)

JURADO, Francisco José. En: Benegas. Córdoba: Almuzara, 2009. p. 300

La imagen en Flickr es de trackrecord