Mc Ahan

(…)

Y luego estaba Maqueijan, que nunca se iba de vacaciones. Simplemente, no se dejaba ver semana y media por Comisaría. En realidad, nadie recordaba cómo se llamaba Maqueijan. Pasaba un poco como con él, con Benegas, pues salvo su madre -y en diminutivo, además, lo cual lo hacía aún más ridículo- nadie lo llamaba por su nombre de pila desde hacía más de treinta años. Incluido él mismo en las cada vez más frecuentes ocasiones en que se descubría hablando solo, bien para reñirse bien para aclararse las ideas, “diálogos introspectivos” los llamaba el inspector. A Maqueijan todo el mundo lo llamaba así por Zebulón McAhan, aquel personaje legendario de “la Conquista del Oeste”, esa serie que echaron por televisión hará unos veinte años y que hizo que a todos los tipos altos y desgarbados del país se les llamase “maqueijan” durante un tiempo. Pues bien, a este se le había quedado el mote para siempre. Además era clavado en los andares al mítico Zebulón, demasiado bamboleantes, escorado a babor y estribor continuamente, como un gorila incómodo porque le hubiesen afeitado las ingles. Maqueijan era el todoterreno de la Brigada: si había que ser sagaz, lo era, aunque tampoco había que pasarse, y si había que dar un par de hostias, las daba. También servía como paño de lágrimas porque no era muy locuaz el hombre y te dejaba largar carrete.

(…)

JURADO, Francisco José. En: Benegas. Córdoba: Almuzara, 2009. p. 37

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