Guerra

(…)

La guerra lo jode todo. Más aún, jode a la gente. Y eso era justamente lo que había sido de Levendale House: se había convertido en un refugio para gente realmente jodida.

Lo raro sobre la guerra es que cuando terminó todos querían hablar de ella. Glorificarla. Y cuando no hablaban sobre ella veían películas sobre ella, las cuales parecían todas protagonizadas por John Mills. Era como si se hubiera generado un deseo colectivo de convencerse mutuamente de que en realidad se había tratado de una gran  aventura que había unido a todos y que había sacado lo mejor incluso de los peores.

Esto era, desde luego, una gilipollez.

Lo que la gente no quería ver era la sombra de miseria que la guerra había proyectado; la maraña de seres humanos arruinados que había dejado en su estela. Pero había personas dispuestas a mirar la verdad de frente y lidiar con ella cada día. Los que trabajaban en Levendale House cuidaban los cuerpos rotos y las mentes rotas de unos muchachos que habían sido arrojados a la picadora de carne y habían regresado convertidos en ancianos. Ciegos, lisiados, locos.

(…)

RUSSELL, Craig. En: Lennox. Barcelona: Roca editorial, 2010. p. 184

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