El beso de Glasgow

(…)

—Tú estabas esta noche en casa de Calderilla. ¿Qué negocios te traías con el tipo? ¿Te había pedido que husmearas un poco para él?.

—Solo husmeaba a su hija, si acaso. Puro placer, nada de negocios.

—¿Seguro? —Sneddon me miró entornando los ojos y bajando la cabeza. Así solo se le vía la frente, lo cual era una ventaja en Glasgow. Atenas había sido la cuna de la democracia; Florencia había dado al mundo el Renacimiento; Glasgow había llevado a su máximo refinamiento el arte del cabezazo: el Beso de Glasgow, como lo conocían cariñosamente en todas las naciones del mundo—. Me cabrearía de verdad si no fueras del todo sincero conmigo.

(…)

RUSSELL, Craig. En: El beso de Glasgow. Barcelona: Roca editorial, 2011. p. 27

La imagen, en Flickr, es de shellac

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