The Smiths – There is a light that never goes out

(…)

—¿Quieres que te acompañe a cerrar un trato?

Estaba mirando fijamente a Bubba desde el otro lado de la mesa de billar cuando un tontorrón puso una canción de los Smiths en el tocadiscos. Odio a los Smiths. Antes preferiría que me ataran a una silla y me obligaran a escuchar un popurrí de canciones de Suzanne Vega y Natalie Merchant mientras contemplaba cómo un grupo de artistas se metía clavos a martillazos en los genitales, que escuchar durante treinta segundos a Morrissey y los Smiths con sus quejas, con la angustia propia de los estudiantes de arte, de que eran humanos y necesitaban ser amados. Quizá sea un cínico, pero si uno quiere que lo amen, lo mejor que se puede hacer es dejar de quejarse; con un poco de suerte, igual se lo follan y eso ya sería un primer paso bien prometedor.

(…)

LEHANE, Dennis. En: Desapareció una noche. Barcelona: RBA, 2011. p. 347


The Smiths – There is a light that never goes out

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