Guayominí

(…)

¿A dónde van las personas que desaparecen? —me había preguntado una vez Alicia durante el desayuno.

A Guayominí —le respondí.

No sé por qué se lo dije. Me salió así.

Para Alicia, como para todos los niños, las conversaciones de los padres estaban llenas de palabras oscuras, de fragmentos misteriosos y sugerente. Imagínense, pues, los retazos que llegan a un niño de lo que hablaban un policía y una detective. Y ella quería saber.

¿Dónde está Guayominí?

Ése es el punto, nadie lo sabe porque es un lugar que cambia y por eso necesitamos buscar tanto.

Víctor había movido la cabeza como diciendo: “¿Qué le estás contando esta vez a la cría?”. Pero al final él también acabó enviando a gente a Guayominí. La joven colombiana que transportaba drogas en el cuerpo y que habían encontrado muerta en un contenedor, a la que mencionó sin darse cuenta de la presencia de Alicia, estaba en Guayominí. También vivía allí el hijo de un traficante de drogas al que Víctor y sus compañeros anduvieron buscando infructuosamente durante un par de meses y un camello del que sólo se encontró la ropa flotanto en el Llobregat. Guayominí, el país que se desplazaba por el espacio y donde la gennte cantaba canciones horteras en inglés, se convirtió en un reino poblado por personas cuyos nombres nos perseguían a Víctor y a mí, pero que no tenían por qué perseguir a nuestra hija. El reino de los desaparecidos borrados, donde las viejas con demencia senil que salían de sus casas y no sabían encontrar el camino de vuelta de la panadería jugaban al escondite con los camellos que tenían que cambiar de barrio y con los sólidos padres de familia que un día y sin aviso previo ponían tierra por medio. Si los hallabas, te daban puntos en inglés y en francés. Doce puntos.

¿Y por qué los buscáis?

Porque muchos se han ido sin despedirse, y eso no se hace.

Y porque cuando los encontramos vivos y los devolvíamos a su lugar, sentíamos que tal vez nuestro trabajo sí tuviera algo de sentido. Eran momentos dulces.

(…)

RIBAS, Rosa. La detective miope. Barcelona: Ediciones Viceversa, 2010. p. 84

La imagen, en Flickr, es de fa11ing_away

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