Patti Smith – Horses

(…)

Llamé a Angie a su casa, pero me salió el contestador. Aun así, cabía la posibilidad de que estuviera en casa. A menudo desconecta el teléfono cuando está poco sociable.

¿Incidente? —me preguntó Bubba mientras nos dirigíamos al South End— . ¿Quieres decir un incidente internacional?

Me encogí de hombros.

Con Angie, no descartaría esa posibilidad.

¡Caramba! —exclamó Bubba—. ¡Eso síu que sería genial!

La encontramos en casa, tal y como esperaba. Había estado limpiando y fregando el suelo de madera con jabón Murphy; el Horses de Patti Smith se oía con tal estruendo que tuvimos que gritarle por una ventana abierta porque no oía el timbre.

Bajó la música, nos hizo pasar.

Si pisáis el suelo de la sala de estar, os arreo —

 (…)

LEHANE, Dennis. Plegarias en la noche. Barcelona: RBA, 2011. p. 276

Patti Smith – Horses

Chiribito

(…)

 Me acerqué a la mesa, di las buenas noches y pedí permiso para participar en la partida. Me lo dieron y me senté al lado de un sujeto gordo que sudaba. El Moléculas llevaba un buen rato hablando y le interrumpí, le gustaba mucho darse importancia.

—Bueno, Toni, bienvenido, les estaba diciendo aquí a estos caballeros las normas de la casa, que tú conoces mejor que nadie. Veinticinco cada jugador por partida y el cinco por ciento de las ganancias del mayor ganador. Eso es lo único que tendrán que pagar a la casa. No se admiten trampas, voces, peleas, ni borracheras, tampoco cantar, ni molestar. Si necesitan un crupier, lo piden. En ese caso tendrían que pagarlo a razón de quinientas cada uno. Cada vez que deseen cambiar de baraja, les costará cincuenta por barba. Les estaba diciendo que aquí se juega al póquer cubierto de treinta y dos cartas, o Chiribito, también llamado la Señora. Si desean beber, pueden pedir bebidas a nuestros empleados, el señor Cuqui y doña Luz María.

 (…)

MADRID, Juan. Adiós, princesa. Barcelona: Zeta, 2011. p. 30

La imagen, en Flickr, es de rahego