Chiribito

(…)

 Me acerqué a la mesa, di las buenas noches y pedí permiso para participar en la partida. Me lo dieron y me senté al lado de un sujeto gordo que sudaba. El Moléculas llevaba un buen rato hablando y le interrumpí, le gustaba mucho darse importancia.

—Bueno, Toni, bienvenido, les estaba diciendo aquí a estos caballeros las normas de la casa, que tú conoces mejor que nadie. Veinticinco cada jugador por partida y el cinco por ciento de las ganancias del mayor ganador. Eso es lo único que tendrán que pagar a la casa. No se admiten trampas, voces, peleas, ni borracheras, tampoco cantar, ni molestar. Si necesitan un crupier, lo piden. En ese caso tendrían que pagarlo a razón de quinientas cada uno. Cada vez que deseen cambiar de baraja, les costará cincuenta por barba. Les estaba diciendo que aquí se juega al póquer cubierto de treinta y dos cartas, o Chiribito, también llamado la Señora. Si desean beber, pueden pedir bebidas a nuestros empleados, el señor Cuqui y doña Luz María.

 (…)

MADRID, Juan. Adiós, princesa. Barcelona: Zeta, 2011. p. 30

La imagen, en Flickr, es de rahego

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