El espantapájaros

A poco que visites estas páginas de vez en cuando te habrás dado cuenta de que soy un gran fan de Michael Connelly, diría que de todo lo que escriba este hombre incluyendo la saga de su personaje más conocido, el detective angelino Harry Bosch.

Y me ha sorprendido un poco la poca repercusión que ha tenido entre la marea negra la última novela que se ha publicado de Connelly por estos lares, La oscuridad de los sueños. Puede ser que la gran cantidad de títulos negrocriminales la hayan relegado a un lugar secundario, quizá el que este autor publique tanto, vaya usted a saber si será porque el libro no lo protagonizaba Bosch…..

Porque esta novela no está protagonizada ni por su detective estrella ni por el abogado que últimamente colma la atención de su autor, el abogado del Lincoln, Michael Haller, sino que Connelly recupera a uno de sus primeros personajes; alguien que ya protagonizó hace años “El poeta”, y que de manera tangencial ha aparecido en alguna otra aventura, el periodista Jack McEvoy. El plumilla contará además con la inestimable ayuda de otro personaje mítico de Connelly, la investigadora del FBI Rachel Walling.

A mi me ha gustado bastante esta novela. Para empezar, porque es una historia muy entretenida que como es habitual en Connelly va a ir muy pegada a la actualidad, y es por eso que tendrá su importancia tanto la crisis de los periódicos como medio de comunicación tradicional, como el uso de las nuevas tecnologías, en este caso en su vertiente más cabrona, la que supone que el que controla la tecnología tenga la capacidad y el poder de joderte la existencia.

 Pero personajes que están como un cencerro al margen, me ha encantado ver que Connelly disfruta contándonos las anécdotas y los entresijos de un periódico, como cuando él mismo trabajaba en el Times. Es un tanto extraño que este prolífico autor se haya tenido que trabajar las comisarías para conocer la cara B de las comisarías y el lado oscuro de los investigadores o los juzgados para contarnos las triquiñuelas que utiliza su abogado y no haya aprovechado más y mejor sus amplios conocimientos del mundo del periodísticos para darle más empaque y protagonismo a su periodista preferido. Pero bueno, doctores tiene…

Y no te cuento nada más. Te dejo con La oscuridad de los sueños, titulada originalmente “El espantapájaros”, un título mucho menos poético pero más descriptivo de lo que te vas a encontrar entre las páginas de esta obra. Una novela negra protagonizada por un periodista y una investigadora del FBI escrita con mucho oficio, muy entretenida, y con varios temas que trasversalizan la novela como la crisis económica, el caos reinante en los medios de comunicación, la privacidad en internet…. y hasta la historia de la bala única, de la que no te voy a contar nada para ver si picas y te lees el libro.

 Bang!.

Michael Connelly

La oscuridad de los sueños

Título original: The Scarecrow

Traducción de Javier Guerrero

Roca editorial, 2011

(Roca Criminal)

Miles Davis – Bitches Brew

(…)

—Deja que yo me encargue.

—¿Qué dices?

—Que me dejes hacerlo a mí —dijo Frank.

«Estáis cagados de miedo, tíos. Os entrará pánico y arremeteréis contra él hasta no dejar nada. Si hay que hacerlo, dejadme que yo lo haga rápido y limpiamente. Se lo debo. Es mi amigo.»

Frank lo encontró en el dojo. En el equipo de música sonaba a todo volumen Bitches Brew, de Miles Davis. Frank entró y vio a Mac de pie sobre una pierna temblorosa y tirando patadas al saco con la otra. El saco apenas se movía. Mac ni siquiera se dio cuenta de que estaba allí.

Frank se acercó y le metió dos balas del 45 en la nuca. Después se fue a su casa, sacó del garaje su vieja tabla de surf larga y grande y la enceró bien; se fue al mar y dejó que las olas lo machacaran.

(…)

WINSLOW, Don. El invierno de Frankie Machine. Madrid: Martínez Roca, 2010. p. 310

Diezmar

(…)

»Craso se puso furioso, me reprendió delante de los demás comandantes y decidió escarmentar a mis hombres para que sirviera de ejemplo.

-Eso he oído -suspiré, pero Mumio estaba decidido a concluir su historia.

-Se le llama «diezmar», que significa matar un hombre de cada diez. Aunque es una antigua tradición romana, no conozco a nadie que recuerde haberla presenciado en toda su vida. Como ya sabes, a Craso le gusta restaurar las viejas tradiciones. Me ordenó que identificara a los primeros quinientos hombres que habían huido, lo cual no fue tarea fácil considerando que tenía doce mil soldados. Luego dividió a los quinientos en cincuenta grupos de diez y echaron la vida a suertes. Uno de cada diez hombres sacó una alubia negra. O sea que murieron cincuenta hombres en total.

»Las distintas unidades formaron en círculos, alrededor de la víctima desnuda, amordazada y con las manos atadas a la espalda. Entregaron porras a los nueve miembros restantes de la unidad y a una señal de Craso comenzó a sonar un tambor. Fue un acto sin honor, gloria ni dignidad. Algunos dicen que Craso hizo lo que debía….

 (…)

 SAYLOR, Steven: El brazo de la justicia. Barcelona : Círculo de lectores, 1998. p. 354

La imagen, en Flickr, es de chrisinplymouth

Cannoli

(…)

Cuando llegó y preguntó por Pasquano, un auxiliar le contestó que el doctor aún estaba trabajando y que había dado orden de que lo esperara en su despacho.

Lo primero que vio el comisario encima del escritorio de Pasquano, entre papeles y fotografías de asesinados, fue una bandeja de cannoli gigantes —esos dulces rellenos de ricotta— al lado de una botella de passito de Pantelleria —el vino de uvas pasas propio de la isla— y un vaso. Era bien sabido que Pasquano era tremendamente aficionado a los dulces. Montalbano se inclinó para aspirar el aroma de los cannoli: estaban recién hechos. Entonces vertió un poco de passito en el vaso, cogió un cannolo y empezó a zampárselo, contemplando el paisaje a través de la ventana abierta.

(…)

CAMILLERI, Andrea. El campo del alfarero. Barcelona: Salamandra, 2010, p. 26

No abras la boca

Por segundo verano consecutivo, Verdon ha conseguido colocar su libro en esas estanterías donde colocan “los libros más vendidos”. Hay que reconocer el buen trabajo que ha realizado la gente de Rocacriminal con este autor y lo bien editados que están los libros, con unos diseños de portadas de lo más sugerentes y reconocibles.

Ya comentamos cuando leímos el primero, Sé lo que estás pensando que Verdon había constuído una historia con un planteamiento muy potente y original pero que al final había caído en lo previsible y en lo fácil. Además, a mi me parece que al personaje protagonista, el superpolicía David Gurney, le falta atractivo. Bueno, quiero decir que a mi no ha acabado de convencerme ni de engancharme.

Y con estos antecedentes es con los que abrí la segunda entrega de esta serie, una novela sobre la maldad y la dominación sexual que se irá complicando poco a poco y que podrá en serios apuros la integridad física de Gurney. Sin embargo, en ningún momento me he quitado la sensación de que “esta novela ya la he leído otras veces”. Si Verdon en su anterior novela al menos había conseguido cautivarnos con un argumento tremendamente original en esta ocasión la novela es mucho más convencional y todavía mucho más predecible.

Estamos, pues, en mi opinión, ante un thriller veraniego. Bien escrito, efectista y alargagado hasta las “cuatrocientas páginas mínimo” como mandan los cánones. Es de esperar que haya una tercera entrega el próximo verano porque parece que ha funcionado muy bien. Yo me alegro por los editores, pero veo casi imposible que cuando yo abra los ojos el próximo estío, lea la siguiente de Verdon.

No abras los ojos

John Verdon

Traducción de Javier Guerrero

Roca Editorial, 2011

Diamanda Galas – Gloomy Sunday

(…)

Cuando Tana decidió dedicarse a este negocio, lo primero que hizo fue grabar un compacto con todas las versiones que pudo encontrar de Gloomy Sunday, desde la original de Rezsô Seress hasta una de las más actuales, la que grabó Björk hace unos pocos años. Es lo que denomina habitualmente como la ISS: Inducción Subliminal al Suicidio. Antes de permitir la entrada del nuevo cliente conectó el equipo de música. La voz de Diamanda Galas comenzó a sonar tenuemente.

—Adelante, por favor

 (…)

BOSQUE, Ricardo. Manda flores a mi entierro. Zaragoza: Mira, 2007. p. 21

Aunque a mi la versión que más me gusta es la de Heather Nova.

La pena

(…)

—La pena —dijo— es carnívora. Se alimenta tanto si estás despierto como si no, tanto si la combates como si te rindes a ella. Se parece mucho al cáncer. Y un buen día te levantas y ves cómo ha engullido todas las demás emociones: la alegría, la envidia, la avaricia y hasta el amor. Y te encuentras a solas con la pena, desnudo ante ella, convertida en tu dueña.

Entrechocaron los cubitos de hielo de su vaso, y él se los quedó mirando—No tiene por qué ser así —dijo Angie.

(…)

LEHANE, Dennis. Lo que es sagrado. Barcelona: RBA, 2011. p. 23

La imagen, en Flickr, es de Felipe & Lyvia