Archivo mensual: marzo 2012

Vikingos muy delincuentes

Con este comentario se finiquita la lectura de la Trilogía de Estocolmo, la enciclopédica obra de Jens Lapidus en la que se nos ha ido describiendo la cara B, la cara criminal, de uno de los países más civilizados de mundo. Una historia contada, además, con un estilo bastante lejano a la forma de narrar de los negrocriminales nórdicos. Estilo directo, rápido y sin concesiones. Se acabaron los devaneos de Martin Beck o las comidas de tarro de Wallander. Aquí lo que cotiza en bolsa es que haya acción. Los monólogos reflexivos y las largas diatribas sobre “hacia dónde se encamina nuestra sociedad” y “qué va a ser del estado del bienestar que tanto nos ha costado construir”, pasan a un segundo plano.

Me quedo con la sensación de haber leído una obra que se ha ido desinflando según han ido llegando nuevas entregas y en la que el gran descubrimiento para mi ha sido JW, un personaje muy original y muy bien logrado. Todo un arquetipo el de este joven que quería ser y vivir como un pijo; y que para ser uno de ellos, va a hacer lo que haga falta, desde conducir un taxi por los barrios por los que sus amigos nunca irían, pasar a ser el traficante de la jetset local o aprendiz de blanqueador de toda corona negra que pase ante sus despiertos ojos una vez que se da cuenta que es ahí, entre banqueros y testaferros donde está realmente el negocio. Un chaval que ve que la única forma de llegar a ser un vikingo distinguido es sabiéndose mover tanto con la gente de esa cara B de Estocolmo de la que hablaba un poco más arriba como con la aristocracia sueca.

En esta tercera entrega vuelven a aparecer casi todos los personajes que iniciaban la acción en “Dinero fácil” y algunos que también aparecían en “Nunca la jodas“: el ya mencionado JW que ha aprendido durante la acción del segundo libro lo poco que aun no sabía sobre blanqueo de dinero y delitos económicos; Jorge, acompañado de Mahmud, que ha decidido salir de la miseria dando un golpe en condiciones; el capo mafioso Radovan Kranjic, aunque el protagonismo se lo cede a su joven hija, Natalie… y luego algún personaje nuevo, como Hägerström, un policía infiltrado que es de lo más interesante de esta entrega.

Y me da la sensación de que en el momento en que Lapidus tiene que rematar la jugada, una historia que se ha ido fraguando poco a poco a lo largo de dos gruesos libros, pierde la oportunidad de hacer una gran novela negra. Que aunque la novela esté bien, con algunos personajes más que prometedores como los mencionados Natalie y Hägerström, hay otros que quedan muy desdibujados o pierden protagonismo. Es el inexplicable caso de Mahmmud, con sus eternas dudas entre el vivir como un sueco de verdad y la presión de la tradición musulmana. Otros, como en el caso de JW y Jorge, pierden gran parte de la fuerza que tenían cuando aparecieron en la primera novela. Están bien pero les falta un punto de genialidad.

Así que me he quedado un tanto decepcionado… y eso que el final está bastante bien resuelto, con sus sorpresas, equívocos… Un final bastante abierto que si no da pie a que a la trilogía le nazca por sorpresa un hermanito pequeño, quizá sí a que Lapidus pueda tirar de algún personaje de los que llegan vivos al final de la novela para escribir alguna novela más.

Ah!, y me ha gustado también cómo al final queda plasmando de forma bastante clara que la primera pregunta que debemos hacernos es cuál es la cara A y B del disco, y que cuando se habla de criminalidad, si nos ponemos a pintar en el suelo una raya y gritamos “que se pongan a este lado los criminales”, nos encontraremos en ese bando a personas que no esperaríamos.

Bueno, o quizá sí.

Una vida de lujo

Jens Lapidus

Traducción de Martin Simonson

Suma de letras, 2011

3 comentarios

Archivado bajo Libros

Bala única

(…)

Rachel me miró con una media sonrisa.

—¿Qué, ahora tú eres el profiler?

—No, solo quiero saber en qué estás pensando.

—Para ser sincera, estaba pensando en algo que dijo un hombre con el que estuve hace un par de años. Teníamos… eh… una relación de esas que no van a ninguna parte. Yo empecé con mis propias obsesiones y sabía que él todavía estaba colgado de su exesposa, aunque vivía a quince mil kilómetros de distancia. Cuando hablamos de ello, me comentó la teoría de la bala única. ¿Sabes lo que es eso?

—¿Lo del asesinato de Kennedy?

Rachel simuló que me daba un puñetazo en el pecho.

—No, sobre el amor de tu vida. Todo e mundo tiene una persona por ahí, una bala. Y si tienes suerte en la vida, conoces a esa persona. Y una vez que lo haces, una vez te disparan en el corazón, entonces no hay nadie más. No importa lo que ocurra (muerte, divorcio, infidelidad, lo que sea), nadie más puede volver a acercarse. Esa es la teoría de la bala única.

 (…)

CONNELLY, Michael. La oscuridad de los sueños. Barcelona : Roca Editorial, 2011. p. 173

La imagen, en Flickr, es de xapaburu

Deja un comentario

Archivado bajo Cuentitos Negritos

Cristopher Cross – Best that you can do

(…)

En esa época Artair aún salía con Marsaili, así que asistieron juntos al baile de San Valentín. Esos días sonaba una canción por la radio titulada Arthur’s Theme (Best That You Can Do). Era raro, porque la letra parecía haber sido escrita pensando en Artair. Todo eso de limitarse a pasarlo bien sin preocuparse de las aspiraciones que otros pudieran haber depositado en ti. Yo la llamaba Artair’s Song. Esa noche, cuando la tocaron, Artair y Marsaili la bailaron juntos, bastante pegados y muy cariñosos el uno con el otro. Yo bailaba con Sine, pero no pude evitar observarlos por encima de la cabeza de mi pareja. No me había fijado antes en el primer verso de la canción, que no hablaba de Arthur, pero ese día le presté atención: hablaba de encontrar a una chica que te roba el corazón y luego perderla sin saber muy bien cómo. Y esa letra removió algo en mi interior, una especie de celos latentes o de arrepentimiento, y me descubrí abrazado a Sine pero deseando que fuera Marsaili. Se me pasó, por supuesto. Cuestión de hormonas de nuevo. Me trastocaban la cabeza en esos años.

 (…)

MAY, Peter. La isla de los cazadores de pájaros. Barcelona: Grijalbo, 2011. p. 269

Deja un comentario

Archivado bajo Karaoke Kriminal

Albúmina

(…)

-¿Quién de vosotros llamó a la policía?

-Fui yo -respondió Vibeke-. Llamé mientras Anders iba a buscar al portero.

-¿Antes de haberla encontrado? ¿Cómo sabías…?

-Había sangre en el agua que se filtró por nuestro techo.

-¿Ah, sí? ¿Y cómo lo supiste?

Anders Nygård exhaló unj suspiro de exasperación exagerada y poso una mano en la nuca de Vibeke.

-Era roja, ¿verdad?

-Bueno -dijo Harry-. Hay otras cosas que son rojas y que no son sangre.

-Es verdad- admitió Vibeke-. Y no fue el color.

Anders Nygård la miró con sorpresa. Ella sonrió, pero Harry se dio cuenta de que trataba de evitar la mano del novio.

-Viví unos años con un cocinero y juntos llevamos un pequeño restaurante, así que aprendí algunas cosas sobre cocina. Entre otras, que la sangre contiene albúmina y que, si viertes sangre e una cacerola de agua a una temperatura superior a sesenta y cinco grados, se coagula y forma grumos. Igual que cuando rompes un huevo en agua hirviendo. Cuando Andres probó los grumos que había en el agua y dijo que sabían a huevo, comprendí enseguida que era sangre. Y que algo grave había pasado.

Anders Nygård entreabrió la boca ligeramente. De pronto, él también palideció bajo el bronceado.

-¡Buen provecho! -murmuró Harry antes de marcharse.

(…)

NESBØ, Jo. En: La estrella del diablo. Barcelona: RBA, 2010. p. 40

La imagen, en Flickr es de Abhishek Jacob

Deja un comentario

Archivado bajo Cuentitos Negritos

Atila, episodio huno

Mala Hostia es la segunda novela que el @Clubnoir_ se propuso como lectura para ir intercambiando pareceres durante el mes de febrero de 2012. Si no sabes bien qué ese eso del @Clubnoir_ unicamente es un pequeño esfuerzo por juntar a un puñado de personas apasionadas por el género negro que nos movemos en Twitter y en el que se propone una lectura al mes para ir comentando la jugada. Todo muy poco estructurado y en plan un poco salvaje; como el propio espíritu de Twitter, vamos.

Tras una primera lectura en la que se le hincó el diente a Cosecha Roja, y viendo que la idea de empezar por los clásicos tampoco había sido una buena decisión, cambiamos totalmente el rumbo y nos decantamos por Gutiérrez Maluenda, un autor que nos gusta mucho a la gente que solemos mover los hilos del @clubnoir_, que es bastante desconocido para lo buen escritor que es y que tiene algo que yo suelo buscar en los libros que leo como si de pepitas de oro se tratara, y es el ser capaz de darle a sus historias unos buenos brochazos de sentido del humor. Es mucho más habitual que te encuentres con novelas negras que se pasen de frenada en lo que a truculencia se refiere y que para pasar página tengas que apartar un par de cadáveres que encontrarte una obra que se pase (o que simplemente lo intente) a la hora de utilizar el sentido del humor.

Es verdad que de Atila esperaba más. Está muy bien la novela y está muy bien el personaje, pero en todo momento lo iba comparando con Humphrey, otro personaje de Gutiérrez Maluenda que se mueve por las mismas calles que Atila y que a mi me gusta mucho más. Quizá porque Atila es más hijoputa, más seco, un tipo que no duda a la hora de tirar de gatillo… pero no sé, me gusta más Humphrey, quizá un personaje mucho más literario y menos real, pero, qué hostias, esto es literatura, y a cada cual le gusta lo que le gusta. Por cierto, puedes leer una reseñita que escribí sobre la primera novela de este personaje, Los muertos no tienen amigos.

Me ha recordado un poco la lectura de Mala hostia a las novelas de Ken Bruen con Taylor como protagonista. Son novelas, igual que ésta de Gutiérrez Maluenda muy contundentes, con una banda sonora bestial (si te gustan los tangos te lo vas a pasar de miedo leyendo a Atila. Gardel va haciendo un bonito repaso a algunos tangos legendarios a lo largo de esta novela)… pero es un personaje que vive tanto tiempo en el filo de la navaja que en alguna ocasión acaba cortándose. Eso me ha pasado a mi con Atila.

Que lo que aquí te digo no sea obstáculo para que en cuanto puedas te agencies esta novela y empieces a leerla. Vas a darte una vuelta por la parte menos turística de El Raval y te vas a ver enseguida atrapado por una historia de puticlubs y de mujeres muy blancas que llegaron a nuestras tierras buscando una vida mejor y que no salen bien paradas.

La historia de Atilano, aprendiz de Huno y politoxicómano del drinkin, que como los detectives clásicos es de los que no suelta la presa una vez que ha empezado a morder, pero que en su ir derribando obstáculos que le lleven a la resolución del misterio arrastra toda un mochilón de recuerdos, nostalgias y descreimientos que le hacen ver la vida con un escepticismo que raya lo brutal.

Y de banda sonora, Gardel.

Atila

Luis Gutiérrez Maluenda

Al revés, 2011

Y que no se me olvide recomendarte una visita a otro puntillo de vista, el de Aramys Romero, el auténtico motor del @Clubnoir_

3 comentarios

Archivado bajo Libros

Lina – I’m not the enemy

(…)

Reinó la oscuridad. Una cortina de llamas explotó al fondo del escenario en el mismo momento en que una voz de cantante negra americana pegaba a la audiencia a su asiento

You can’t love nobody

Unless you love yourself.

Don’t take it out on me babe,

I’m not the enemy.

Llegó ceñida en una piel roja; el largísimo cabello pelirrojo le caía en cascada sobre los hombros. Alta, musculosa, senos de una belleza feroz, caderas desarrolladas y piernas elegantes.

Are you the man I love,

The man I know loves me?

Come on, talk to me, boy,

I’m not the enemy.

—Guau —resopló Maxime. Y empezó el strip-tease. Clásico, sin mesas de baile, sin barra de acero. Un espectáculo sólido, una historia ancestral. Nadie decía ni una palabra, ni se pestañeaba. (…)

 (…)

SILVAIN, Dominique. En: El pasadizo del deseo. Madrid, Suma de letras, 2008. p. 168

Deja un comentario

Archivado bajo Karaoke Kriminal

Espaguetis con judías blancas al estilo Guido Guerrieri

(…)

Me quité la chaqueta y los zapatos y me dirigí a la cocina para ver si tenía los ingredientes necesarios para lo que había pensado preparar: Judías blancas, romero, un par de cebollones, huevas prensadas de atún. Y espaguetis. Había de todo.

Ante de empezar fui a elegir la música. Tras pasarme un rato indeciso delante de la estantería, escogí las poesías de Yeats con música de Branduardi. Regresé a la cocina cuando ya estaba empezando a sonar la música.

Puse a hervir el agua para la pasta y le eché sal de inmediato. Una costumbre personal mía, porque, si no lo hago enseguida, se me olvida y la pasta me sale sosa.

Limpié los cebollones, los corté en rodajas finas y los puse a freír en la sartén con el aceite y el romero. Al cabo de cuatro o cinco minutos añadí las judías y una pizca de guindilla. Los dejé cocer mientras echaba en el agua doscientos gramos de espaguetis. Los escurrí cinco minutos después, porque a mí la pasta me gusta muy entera, y los salteé en la sartén con el condimento. Tras haberlo puesto todo en el plato, lo espolvoreé abundantemente (más de lo que exigía la receta) con las huevas de atún.

(…)

CAROFIGLIO, Gianrico. En: Con los ojos cerrados. Barcelona, Ediciones Urano, 2007. p. 55

La imagen, en Flikr, es de rofi.

Deja un comentario

Archivado bajo A Fuego Negro