Vikingos muy delincuentes

Con este comentario se finiquita la lectura de la Trilogía de Estocolmo, la enciclopédica obra de Jens Lapidus en la que se nos ha ido describiendo la cara B, la cara criminal, de uno de los países más civilizados de mundo. Una historia contada, además, con un estilo bastante lejano a la forma de narrar de los negrocriminales nórdicos. Estilo directo, rápido y sin concesiones. Se acabaron los devaneos de Martin Beck o las comidas de tarro de Wallander. Aquí lo que cotiza en bolsa es que haya acción. Los monólogos reflexivos y las largas diatribas sobre “hacia dónde se encamina nuestra sociedad” y “qué va a ser del estado del bienestar que tanto nos ha costado construir”, pasan a un segundo plano.

Me quedo con la sensación de haber leído una obra que se ha ido desinflando según han ido llegando nuevas entregas y en la que el gran descubrimiento para mi ha sido JW, un personaje muy original y muy bien logrado. Todo un arquetipo el de este joven que quería ser y vivir como un pijo; y que para ser uno de ellos, va a hacer lo que haga falta, desde conducir un taxi por los barrios por los que sus amigos nunca irían, pasar a ser el traficante de la jetset local o aprendiz de blanqueador de toda corona negra que pase ante sus despiertos ojos una vez que se da cuenta que es ahí, entre banqueros y testaferros donde está realmente el negocio. Un chaval que ve que la única forma de llegar a ser un vikingo distinguido es sabiéndose mover tanto con la gente de esa cara B de Estocolmo de la que hablaba un poco más arriba como con la aristocracia sueca.

En esta tercera entrega vuelven a aparecer casi todos los personajes que iniciaban la acción en “Dinero fácil” y algunos que también aparecían en “Nunca la jodas“: el ya mencionado JW que ha aprendido durante la acción del segundo libro lo poco que aun no sabía sobre blanqueo de dinero y delitos económicos; Jorge, acompañado de Mahmud, que ha decidido salir de la miseria dando un golpe en condiciones; el capo mafioso Radovan Kranjic, aunque el protagonismo se lo cede a su joven hija, Natalie… y luego algún personaje nuevo, como Hägerström, un policía infiltrado que es de lo más interesante de esta entrega.

Y me da la sensación de que en el momento en que Lapidus tiene que rematar la jugada, una historia que se ha ido fraguando poco a poco a lo largo de dos gruesos libros, pierde la oportunidad de hacer una gran novela negra. Que aunque la novela esté bien, con algunos personajes más que prometedores como los mencionados Natalie y Hägerström, hay otros que quedan muy desdibujados o pierden protagonismo. Es el inexplicable caso de Mahmmud, con sus eternas dudas entre el vivir como un sueco de verdad y la presión de la tradición musulmana. Otros, como en el caso de JW y Jorge, pierden gran parte de la fuerza que tenían cuando aparecieron en la primera novela. Están bien pero les falta un punto de genialidad.

Así que me he quedado un tanto decepcionado… y eso que el final está bastante bien resuelto, con sus sorpresas, equívocos… Un final bastante abierto que si no da pie a que a la trilogía le nazca por sorpresa un hermanito pequeño, quizá sí a que Lapidus pueda tirar de algún personaje de los que llegan vivos al final de la novela para escribir alguna novela más.

Ah!, y me ha gustado también cómo al final queda plasmando de forma bastante clara que la primera pregunta que debemos hacernos es cuál es la cara A y B del disco, y que cuando se habla de criminalidad, si nos ponemos a pintar en el suelo una raya y gritamos “que se pongan a este lado los criminales”, nos encontraremos en ese bando a personas que no esperaríamos.

Bueno, o quizá sí.

Una vida de lujo

Jens Lapidus

Traducción de Martin Simonson

Suma de letras, 2011

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3 comentarios

Archivado bajo Libros

3 Respuestas a “Vikingos muy delincuentes

  1. Hola, Terri.
    No sé si ya te lo había dicho, pero sigo con atención tus comentarios de la “Trilogía de Estocolmo”. Aún cuando pienses que no hizo “una gran novela negra”, ya me picó suficiente como para tenerla entre mis pendientes.
    Te digo más, la había empezado y venía bien pero claro… me llegó “1983”, de David Peace y bueno… Lapidus fue al banco de suplentes.
    Gracias por la reseña.
    Abrazo
    A

    PS: “Nunca la jodas” aquí se llama “Mafia blanca”…

    • No es que no me haya gustado, es que como la primera novela me pareció tan redonda, esperaba que la continuación hubiese mantenido el tipo o que incluso hubiese mejorado. Te animo a leerla, que puede resultarte interesante.
      Ah, y entiendo que ante la llamada de una novela del Red Riding Quartet, hayas dejado todo al margen. Yo todavía no me he recuperado de la lectura de 1977.

      Un saludico y que te vaya todo bien por tu tierra.

  2. c.

    Añado
    ““que se pongan a este lado los criminales”, nos encontraremos en ESE bando”

    Tiro en la nuca.
    Luego nada.
    NADA

    C.

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