El oso y el madroño

(…)

Ángel se la llevó a la calle, tratándola, para diversión de la joven, como a una recién llegada a la ciudad en que había nacido.

—Primero cruzaremos hasta Tetuán y tomaremos algo en Casa Labra — dijo.

Elena estuvo de acuerdo, se abrieron paso por el gentío que llenaba las aceras de Puerta del Sol y esperaron a cruzar por entre el tráfico que circulaba alrededor de la fuente y el monumento del oso y el madroño, distintivo oficial de la capital, ironía que no había escapado a catalanes y de otras regiones, que veían a Madrid como al oso que robaba los frutos del resto de España; aunque los madrileños eran en realidad los que reían los últimos porque el fruto pequeño y rojo del madroño no servía para alimentar ni a hombres ni animales, salvo, tal vez, a los osos auténticos, a punto ya de extinguirse.

(…)

SERAFIN, David: Sábado de gloria. Barcelona : Grijalbo, 1983. p. 76

La imagen, en Flickr, es de mariocutroneo

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