Un cuento chino

Aparte del fenómeno nórdico, que desde hace ya una larga temporada ha ido pasando por nuestras librerías y bibliotecas como si de una tormenta de hielo se tratara, en los últimos años también se observa un mayor interés por los autores chinos, así como por cómo se tratan los problemas de esta gran comunidad tanto en la propia China como en la diáspora.

Hemos podido leer los esfuerzos por recensionar todo esto por parte de Alice Silver, y hemos tenido incluso la ocasión de poder leer cómo se acercaba Mankell a esta comunidad en su obra el Chino, de la que ya hablamos hace tiempo por aquí.

Y ahora me encuentro con que Padura nos presenta una historia de su detective Mario Conde en la que contándonos una antigua investigación ha de entrar en contacto con la exigua y anciana comunidad que aún puebla el barrio chino de La Habana. Bueno, en realidad es una versión corregida de la original, publicada en 1988.

Y como todo lo que toca Padura, y más cuando en vez de escribir un novelón se contenta con contarnos la historia en formato breve, la verdad es que vuelve a armar un libro maravilloso.

Lo borda al presentarnos a su protagonista tan voluble como siempre, con sus dudas, con los sofocones producidos por ese estar siempre preparado para el sexo e incluso sus prejuicios hacia la comunidad china. Y lo sigue bordando cuando nos volvemos a encontrar La Habana, la suya, justo sostenida por cuatro puntales mal puestos y que pareciera que se fuesen a venir abajo en cualquier momento.

Y nos reímos con él, por cómo él se ríe de sí mismo y de las cosas que le pasan. Y nos cautiva la poesía, la sensibilidad y el sentimiento que destila toda la novela. Da igual lo que nos cuente. Da igual que pasemos de la risa al llanto. Da igual. Todo lo que hacen Padura y el Conde se hace con cuidado. Desde el trago de orujo que se lleva un par de cuerdas vocales a su paso, a las conversaciones con Carlitos, su amigo inválido. Desde cómo aprieta a un chivato que el Conde sabe que es un pobre diablo, a las conversaciones con los ancianos chinos, siempre delante de suculentos platos de comida.

Hace ya unos años leí una novela de Padura, con este mismo personaje, que me dejó KO total; era “Adios Hemingway”. Hoy, un poco más pellejos los tres, Padura, el Conde y yo, he creído sentir un mareo similar al sumergirme en las páginas de esta gran y entrañable novelita.

Novelita,  novelón, cuento chino…. todo eso y mucho más.

La cola de la serpiente

Leonardo Padura

Tusquets, 2011

(Andanzas ; 690/7)

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