Bette Davis

(…)

—Irene —interumpió mi movimiento. Me senté de nuevo—, ¿estás a gusto entre nosotros?.

—Claro. ¿Por qué lo preguntas?

—Para estar seguro —hizo una pausa—. Y porque quiero que sepas que estoy muy satisfecho con tu trabajo.

—Gracias, jefe.

Con tus compañeros parece que has congeniado muy bien.

—Así es.

Que Flavia ni me hablaba y me dirigía miradas torvas no se lo conté. Ésas son las cosas que los jefes tienen que averiguar por sí mismos.

—¿Te gusta el despacho?

—Sí.

—¿No te molesta compartirlo con Rodrigo?

—No. Todo lo contrario.

—Pues bien.

—Sí.

Cerró la conversación recordándome:

—¿Recuerdas el epitafio de la tumba de Bette Davis?

—Pues no, jefe.

—“She did it the hard way”

—Gracias.

Salí sin saber qué había querido decirme realmente y me preparé para el nuevo caso. Esta vez tenía que salir de la ciudad. El cliente vivía en el Prat y me iba a ayudar a encontrar lo que estaba buscando.

(…)

RIBAS, Rosa. La detective miope. Barcelona: Ediciones Viceversa, 2010. p. 64

La imagen, en Flickr, es de ADiamondFellFromTheSky

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