Börek

(…)

Cuando por fin se despidieron, Cornelia volvió a la ducha. Después, envuelta en un albonoz de Jan, se calentó en el microondas unos restos de börek con espinacas que había comprado en el turco de la esquina. Lo comió de tres bocados de pie en la cocina y recordó demasiado tarde que había leído que una vez que las espinacas recalentadas pueden ser tóxicas. Se acordó de que muchos emperadores romanos, temerosos de morir envenenados, acostumbraban el cuerpo con pequeñas dosis de veneno. ¿Eran tres bocados de börek de espinacas recalentadas un veneo o un antiveneno?…

(…)

RIBAS, Rosa. Entre dos aguas. Barcelona : Ediciones Urano, 2011. p. 102

Y si quieres poner manos a la obra, te dejo un par de enlaces para experimentar:

Que aproveche!!

 

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