Archivo mensual: marzo 2013

Georges Simenon – Los Pitard

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Se levantó de un salto, entró y se plantó delante de la librería. Tenía que tratarse de un libro que había leído a la vez que Livia. Casi independientemente de su cerebro, su brazo derecho se levantó para coger un volumen de cubierta azul celeste: Los Pitard, de Georges Simenon, una obra maestra. Le había gustado mucho, tanto que la había leído otras dos veces por su cuenta. Lo abrió. Ahí estaba, el protagonista de la novela, el capitán Émile Lannec de Ruán, propietario de un viejo vapor, el Rayo del cielo.

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CAMILLERI, Andrea. La edad de la duda. Barcelona, Salamandra, 2012. p. 59

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Zeibekiko

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Guikas está bailando un zeibekiko. La Dirección Genral de Seguridad del Ática al completo tiene la rodilla hincada en el suelo y bate palmas rítmicamente para acompañar los saltos del jefe. Yo también participo aunque de lejos, desde la mesa de los recién casados.

El banquete nupcial tiene lugar en el restaurante campestre La Casa de Epicuro, que de campestre no tiene nada, porque se encuentra nada más entrar en el municipio de Jalandri, y dispone de un salón especial para «REUNIONES, BAUTIZOS Y CELEBRACIONES DE BODAS – MÚSICA EN VIVO». Nosotros entramos en la tercera categoría, la de las bodas, y, en con respecto a si debía haber o no música en vivo, como de costumbre prevaleció la opinión de Adrianí: «A los policías les gusta bailar. Se ofenderán si no hay orquesta».

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MARKARIS, Petros. Con el agua a cuello. Barcelona: Tusquets, 2011. p.17

La imagen, en Flickr, es de calliope_Muse

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Jokke & Valentinerne – Alt Kan Repareres

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Harry se había olvidado por completo del reloj hasta aquel otoño, cuando Oleg fue a visitarlo al piso de la calle Sofie. Fue él quien, buscando la GameBoy de Harry, encontró el reloj de plata en un cajón. Y Oleg, que tenía nueve años, pero que hacía mucho que había derrotado a Harry en su pasión común, el Tetris, ese juego pasado de moda, se olvidó de la partida que tanta ilusión le hacía y se puso a arreglar el reloj, en vano.

—Está roto —dijo Harry.

—Bueno —repuso Oleg—. Todo tiene arreglo.

Harry esperaba de todo corazón que aquello fuese cierto, pero había días en que lo dudaba. Aun así, se preguntó si debía enseñarle a Oleg quiénes eran Jokke&Valentinerne, y su álbum titulado Todo tiene arreglo. Pensándolo mejor, Harry llegó a la conclusión de que a Rakel, la madre de Oleg, no le haría gracia ese panorama: que su ex novio alcohólico enseñara a su hijo canciones sobre un alcohólico, compuestas e interpretadas por un consumidor muerto.

—¿Tiene arreglo? —preguntó al joven que había al otro lado del mostrador y que, a modo de respuesta, abrió el reloj con movimientos rápidos y precisos.

—No merece la pena.

—¿Cómo que no merece la pena?

—Cualquier anticuario puede venderte un reloj de estos que funcione, por menos dinero del que te costará poner este en marcha. —Inténtalo de todas formas —insistió Harry.

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NESBØ, Jo. El Redentor. Barcelona: RBA, 2012. p. 24

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El cumple de la Moni

Hay fechas que no se olvidan. Entre otras cosas, porque hoy es el cumpleaños de mi hermana Moni, y también el de mi amiga Laura.

Pero también hoy es un día para acordarse de que un día como hoy hace ahora un añito el Pedro perdió pie y acabó con sus huesos en el hospital y con una prótesis de titanio en un costado.

A día de hoy, el patriarca vuelve a estar como acostumbraba, es decir, con su buena estampa casi impecable, esa afortunada mezcla de ministro, obispo, rentista y vizconde ruso en el exilio;  aunque, eso sí, cuando la cosa se pone en marcha bajemos de revoluciones y empecemos a ver las cosas a cámara lenta. Es lo que tiene ser el rey de la casa.

Este proceso cada cual lo ha llevado como buenamente ha sabido. Yo en concreto, dejé los bolis y casi de leer. Y no me preguntes muy bien por qué porque yo tampoco lo comprendo. Entre el acojono por la situación, la jodida reflexión sobre la edad (la ajena y la propia), el propio devenir de cada cual y grandes dosis de pereza, vagonetismo ilustrado y cambios varios, me he tirado casi un añito dando la espalda a mis amistades virtuales.

 Sigo virtualmente muy perezoso y también un tanto avergonzado por haberme ido  a la francesa, así que he intentado volver sigilosamente, haciendo poquito ruido. No creo que pueda (ni quiera) volver a editar al ritmo con que lo hacía antaño; pero lo que si que espero es seguir aprendiendo y pasándomelo bien con la gente a la que he conocido y con la que he coincidido por estos lares. Haciendo lo de siempre: recorrer Las Palmas con Eladio Monroy, dando una vuelta en la moto acuática de Ulises Sopeña o escuchando algún viejo disco de jazz con Humpfrey. Y para poder desbarrar sobre los más negros libros o pinchar pequeñas y grandes canciones, Aunque a la hora del pinche, casi mejor que el desbarre verse sobre los mejores guisos, los mejores tragos o las mejores cantinas.

 Y que no falte de ná.

La imagen, en Flickr, es de EricMagnuson

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Abismo

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—Las pruebas demostrarán, damas y caballeros, que el detective Bosch es un producto de su departamento —dijo Chandler—, una máquina insensible y arrogante que dispensaba justicia según él la veía. Se les pide que se pregunten si es eso lo que queremos de nuestro departamento de policía. Se les pide que enmienden un error para proporcionar justicia a una familia cuyo padre y marido les fue arrebatado.

»Para terminar me gustaría citar a un filósofo alemán llamado Friedrich Nietzsche, quien hace más o menos un siglo escribió algo que creo que guarda relación con lo que estamos haciendo hoy aquí. Nietzsche dijo: “Si luchas contra monstruos, tú serás uno de ellos. Si miras al abismo, el abismo te devolverá la mirada…”

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CONNELLY, Michael. La rubia de hormigón. Barcelona: Roca bolsillo, 2011. p. 40

La imagen, en Flickr, es de kinojam

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Neil Young – Cinnamon Girl

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 —¿Qué te apetece escuchar? —preguntó Quinn—. ¿Dismer… Disber…?

—Se llaman Dismenberment Plan —lo corrigió Tracy—, y no tienes nada de ellos. ¿Por qué no pones el nuevo de Dave Matthews?

—Qué monada. No entiendo lo de este tío. Es música para viejos que tienen pinta de jóvenes. Ni es rock ni es jazz. ¿Qué coño es?

—Lo decía en broma.

—¿Qué tal si ponemos a Neil?

—Neil no está mal.

Quinn introdujo Everybody Knows This Is Nowhere en el reproductor de cedés y lo puso en marcha. Cinnamon Girl empezó a sonar justo cuando él se sentaba junto a Tracy en el sofá. Ella llevaba una blusa de color azul cielo con botones y unos pantalones gris pizarra. El cabello rubio, cortado estilo años sesenta, le caía hasta los hombros. Tenía desabrochados tres botones de la blusa y enseñaba el nacimiento de los pechos, abundantes y lozanos. Vaya maravilla de noche, pensaba Quinn.

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PELECANOS, George P. Música de callejón. Barcelona: Ediciones B, 2004. p. 92

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Técnicas de negociación

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 Hägerström hablaba de técnicas de negociación. En Asia siempre hay que ser educado, seguir el rollo de kapun khap, no mirar a los ojos. Nunca calentarse. No decir no, no, no y dárselas de duro. En lugar de eso decir sí, sí, sí y después cambiar de idea. Sonreír y fingir que ya había acuerdo, aunque todavía faltaran decenas de kilómetros para el encuentro.

—Da igual que tengas razón o no —dijo el exchapas —. Que hayan tratado de jugártela hasta la médula. Porque si te calientas, demuestras que has perdido el control y entonces pierdes. Entonces los tailandeses ya no te tienen ningún tipo de respeto. Siempre hay que conservar la calma.

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LAPIDUS, Jens: Una vida de lujo. Madrid : Suma de letras, 2011. p. 398

La imagen, en Flickr, es de matias asun

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