Georges Simenon – Los Pitard

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Se levantó de un salto, entró y se plantó delante de la librería. Tenía que tratarse de un libro que había leído a la vez que Livia. Casi independientemente de su cerebro, su brazo derecho se levantó para coger un volumen de cubierta azul celeste: Los Pitard, de Georges Simenon, una obra maestra. Le había gustado mucho, tanto que la había leído otras dos veces por su cuenta. Lo abrió. Ahí estaba, el protagonista de la novela, el capitán Émile Lannec de Ruán, propietario de un viejo vapor, el Rayo del cielo.

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CAMILLERI, Andrea. La edad de la duda. Barcelona, Salamandra, 2012. p. 59

Zeibekiko

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Guikas está bailando un zeibekiko. La Dirección Genral de Seguridad del Ática al completo tiene la rodilla hincada en el suelo y bate palmas rítmicamente para acompañar los saltos del jefe. Yo también participo aunque de lejos, desde la mesa de los recién casados.

El banquete nupcial tiene lugar en el restaurante campestre La Casa de Epicuro, que de campestre no tiene nada, porque se encuentra nada más entrar en el municipio de Jalandri, y dispone de un salón especial para «REUNIONES, BAUTIZOS Y CELEBRACIONES DE BODAS – MÚSICA EN VIVO». Nosotros entramos en la tercera categoría, la de las bodas, y, en con respecto a si debía haber o no música en vivo, como de costumbre prevaleció la opinión de Adrianí: «A los policías les gusta bailar. Se ofenderán si no hay orquesta».

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MARKARIS, Petros. Con el agua a cuello. Barcelona: Tusquets, 2011. p.17

La imagen, en Flickr, es de calliope_Muse