Iron & Wine – Lion’s Mane

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 Un silencio desagradable se extiende a su alrededor. “Resulta triste no poder soportar la calma con personas próximas a uno”, piensa Kris y se pone en pie.

—Voy a poner música.

En el salón, se agacha delante del equipo de música, rebusca entre los CD y pone uno de Iron & Wine. La guitarra, la voz. Cuando se incorpora de nuevo, su mirada se posa en el exterior. Es claramente el tiempo equivocado para echar de menos a su hermano, del mismo modo que hace tres días era el tiempo equivocado para enterrar a una amiga. La primavera estalla, y Kris la ve por todas partes. Tiene intenciones de regresar donde está Tamara y decirle que puede llamar a Gerald, que ese tiempo lo pone de los nervios y que ya está harto de buscar explicaciones en su mente para la desaparición de Wolf; entonces distingue un brillo en la tierra. Es como un déjà vu. Mira asustado a sus pies y espera verlos en medio de un charco. Luego mira hacia la derecha. Wolf no está a su lado. Tamara sigue sentada en la cocina; Kris está solo en el salón, y Iron & Wine cantan We Gladly Run in Circles, mientas que, desde el jardín, brillan y saludan, nuevamente, las corolas blancas de un ramo de lirios.

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DRVENKAR, Zoran. Sorry. Barcelona: Seix Barral, 2011. p. 345

Ensalada de pulpo

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El cabestro del subinspector, que se sentía coreado en sus ocurrencias, respondió poniendo cara de mártir:

—¡Es una jefa terrible! Si nuestra arma reglamentaria fuera un látigo, lo usaría sin pensarlo contra sus ayudantes. Rieron de buena gana mientras yo no le encontraba ninguna gracia a la situación. Caminamos por el barrio hasta llegar a un pequeño restaurante en el que, al entrar, nos embargó un delicioso perfume a comida recién hecha. El subinspector seguía con su ánimo gozoso y parlanchín. Yo le hubiera asesinado, pero mis colegas italianos parecían encantados con su humor. Pedimos ensalada de pulpo, verduras rebozadas y pasta. A instancias del ispettore, a mi compañero le sirvieron un enorme plato con diversas especialidades que él devoró como si hubiera padecido de hambre milenaria. A los postres, el propietario del establecimiento se llevó a los hombres a la bodega para mostrarles todos los tipos de grappa que atesoraba. En cuanto desaparecieron, Gabriella sacó el móvil e hizo una llamada a la cuidadora de su bebé. Hablaron un momento y después mordisqueó una galleta con aire preocupado.

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GIMÉNEZ BARTLETT, Alicia. Nadie quiere saber. Barcelona, Destino, 2013. p. 177

Y de la infinidad de recetas que se pueden encontrar por estos lares, os dejo la de Ensalada de pulpo y garbanzos de Mikel López Iturriaga y tiene muy buena pinta esta de Ensalada de pulpo con pimentón, de Petitchef.

Que aproveche!!!

 

La imagen, en Flickr y con licencia Creative Commons, es de Wen Rou