Archivo mensual: abril 2013

Iron & Wine – Lion’s Mane

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 Un silencio desagradable se extiende a su alrededor. “Resulta triste no poder soportar la calma con personas próximas a uno”, piensa Kris y se pone en pie.

—Voy a poner música.

En el salón, se agacha delante del equipo de música, rebusca entre los CD y pone uno de Iron & Wine. La guitarra, la voz. Cuando se incorpora de nuevo, su mirada se posa en el exterior. Es claramente el tiempo equivocado para echar de menos a su hermano, del mismo modo que hace tres días era el tiempo equivocado para enterrar a una amiga. La primavera estalla, y Kris la ve por todas partes. Tiene intenciones de regresar donde está Tamara y decirle que puede llamar a Gerald, que ese tiempo lo pone de los nervios y que ya está harto de buscar explicaciones en su mente para la desaparición de Wolf; entonces distingue un brillo en la tierra. Es como un déjà vu. Mira asustado a sus pies y espera verlos en medio de un charco. Luego mira hacia la derecha. Wolf no está a su lado. Tamara sigue sentada en la cocina; Kris está solo en el salón, y Iron & Wine cantan We Gladly Run in Circles, mientas que, desde el jardín, brillan y saludan, nuevamente, las corolas blancas de un ramo de lirios.

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DRVENKAR, Zoran. Sorry. Barcelona: Seix Barral, 2011. p. 345

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Ensalada de pulpo

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El cabestro del subinspector, que se sentía coreado en sus ocurrencias, respondió poniendo cara de mártir:

—¡Es una jefa terrible! Si nuestra arma reglamentaria fuera un látigo, lo usaría sin pensarlo contra sus ayudantes. Rieron de buena gana mientras yo no le encontraba ninguna gracia a la situación. Caminamos por el barrio hasta llegar a un pequeño restaurante en el que, al entrar, nos embargó un delicioso perfume a comida recién hecha. El subinspector seguía con su ánimo gozoso y parlanchín. Yo le hubiera asesinado, pero mis colegas italianos parecían encantados con su humor. Pedimos ensalada de pulpo, verduras rebozadas y pasta. A instancias del ispettore, a mi compañero le sirvieron un enorme plato con diversas especialidades que él devoró como si hubiera padecido de hambre milenaria. A los postres, el propietario del establecimiento se llevó a los hombres a la bodega para mostrarles todos los tipos de grappa que atesoraba. En cuanto desaparecieron, Gabriella sacó el móvil e hizo una llamada a la cuidadora de su bebé. Hablaron un momento y después mordisqueó una galleta con aire preocupado.

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GIMÉNEZ BARTLETT, Alicia. Nadie quiere saber. Barcelona, Destino, 2013. p. 177

Y de la infinidad de recetas que se pueden encontrar por estos lares, os dejo la de Ensalada de pulpo y garbanzos de Mikel López Iturriaga y tiene muy buena pinta esta de Ensalada de pulpo con pimentón, de Petitchef.

Que aproveche!!!

 

La imagen, en Flickr y con licencia Creative Commons, es de Wen Rou

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Plátano bicolor

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La maciza puerta de madera estaba abierta. Custodiaban la entrada de la torre un par de tipos maduros vestidos con gruesas cazadoras de paño. Lucían brazaletes rojinegros y se protegían la cabeza con un plátano bicolor, la gorra que Buenaventura Durruti había hecho popular. No les dieron el alto. Se limitaron a saludar con un simple «¡salud!» y siguieron con su labor: apurar hasta el límite dos colillas inverosímilmente consumidas. No estaba la cosa para ir desperdiciando picadura.

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IBÁÑEZ, José Luis. Nadie debería matar en Otoño. Madrid: Espasa Calpe, 2007. p. 22

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Lynyrd Skynyrd – Gimme Three Steps

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Me dio una dirección de Erin Avenue. Le di las gracias, volví a la camioneta y conduje en dirección norte por Pearl hasta que se convirtió en la calle Veinticinco Oeste, justo después de Clark Avenue. Tras girar a la izquierda hacia Erin Avenue aminoré la marcha para ver los números de las casas. Encontré la que buscaba sin necesidad de mirar de nuevo la dirección. Había una camioneta de Pinnacle Properties aparcada frente a la casa. El edificio en sí era una estrecha vivienda de dos pisos que había conocido mejores días. Un montón de basura y escombros descansaba sobre la acera. En el jardín de entrada lleno de maleza un letrero deteriorado proclamaba que la casa había sido adquirida por Neighborhood Alliance. Aparqué al otro lado de la calle y enfilé el camino que llevaba hasta la casa. Del interior llegaba una música. Sonaba «Gimme Three Steps» de Lynyrd Skynyrd justo cuando estaba a punto de llegar a los tres escalones de la entrada. En ese momento se abrió una puerta lateral de golpe y salió un tipo gordo, pelirrojo y descamisado seguido de un hispano musculoso. Bajaron por el camino llevando cada uno un saco lleno de escombros que vaciaron encima del montón; el contenido de uno de ellos se hizo añicos y ambos sacos acabaron tirados en medio de la acera. El hispano se dio media vuelta con actitud indiferente y me vio junto a la puerta. El pelirrojo estaba recolocando los sacos sobre el montón de desperdicios.

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KORYTA, Michael. El lamento de las sirenas. Barcelona : Mondadori, 2011.  P. 133

Y con un saludo de agradecimiento muy grande a Iker, que ha dejado por ahí abajo un comentario muy musiquero, que me ha encantado, con tres canciones que encajarían en un montón de novelas negrocriminales, os dejo este vídeo de Rufus Wainwright.

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Documento de identidad

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—¿Quieres ver sus documentos de identidad? —preguntó Jaak a Arkadi, obligando a Gary a arremangarse. En la parte inferior de su brazo izquierdo tenía un tatuaje que representaba a una mujer desnuda sentada en una copa de vino, sosteniendo el as de corazones.

—Le gusta el vino, las mujeres y las cartas —dijo Jaak. En el brazo derecho tenía tatuado un brazalete formado por picas, corazones, diamantes y tréboles.

—Le entusiasman las cartas—. En el meñique de la mano izquierda lucía un círculo de picas boca abajo.

—Esto significa que ha sido condenado por vandalismo.— En el dedo anular de la mano derecha mostraba un corazón atravesado por un cuchillo.

—Esto significa que está dispuesto a matar. Como verás, nuestro amigo Gary no es precisamente un santito. Digamos que es un delincuente habitual que ha sido arrestado en una reunión de especuladores y que debería cooperar con nosotros.

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CRUZ SMITH, Martin. La plaza roja. Barcelona : Ediciones B, 1993. p. 26

La imagen, en Flickr y bajo licencia Creative Commons, es de Daquella manera

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The Who – Bargain

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Siempre he sido capaz de reconstruir mentalmente cualquier pieza musical. Cada una de las notas de una melodía. En alta fidelidad. Soy como una gramola. Desgraciadamente, no puedo demostrarle a nadie este prodigio, deben confiar en mi palabra.

De todos modos, qué alegría y alivio saber que mi mundo se va a ver libre de alguien como Burger. Los Who resuenan en mi cabeza:

And it’s a bargain, the best I ever had. 

Me giro dos o tres veces por reflejo para ver si el tipo ha decidido seguirme o si su presencia allí se debe al azar. Pero no me sigue. Yo formo parte del mundo de los jubilados de Largos, no del de sus asesinos. Puedo relajarme, sentirme ligero y transparente como el viento.

Entro en mi jardín en el mismo momento en que suena el timbre de la puerta. Interrumpiendo el solo de Townshend que suena en mi cabeza. Recorro la casa para ir a abrir la puerta.

Perle.

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DELPLANQUE, Frantz. Un gramo de odio. Madrid : Alfaguara, 2012. p. 25

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Lalara

Aunque no con demasiada asiduidad, por aquí también solíamos hablar de música. Un poquito. Así que allá voy, a hablaros de una cantante con la que tengo una deuda pendiente; Lara. La Lara para los que la hemos visto dar sus primeros pasos en esto de patearse escenarios y alegrar un poco la vida del prójimo a base de emocionarnos a pentagramaza limpio.

Recuerdo la primera vez que fuimos a verla, que le tocó telonear a Mikel Andueza, Iñaki Salvador y compañía, que por cierto se marcaron un conciertazo tremendo jazzeando melodías vascas. Si podéis, escuchad la versión del “Txoria Txori” de esta gente, que es un lujazo. A lo dicho, que me encantó ese concierto y me encantaron los teloneros, un grupo de gente jovencísima capitaneados por Lara, La Lara, Lara Vizuete.

Imagino que tiene que ver con la biografía de cada cual, pero no deja de sorprenderme cómo algunos temas que a uno le han empezado a gustar ya talludito, esta gente se los metiera entre pecho y espalda con tanta naturalidad y desparpajo. ¿Qué cantaba yo cuando estaba en el insti? No sé, algún tipo de batiburrillo que podía ir desde Supertramp a Hertzainak. Eso y los grandes éxitos de Teresa Rabal, por supuesto, y la canción de la muerte del Palomo de Rocío Dúrcal. Bueno, mejor no poner en marcha la máquina del tiempo, que dicen que el sueño de la sinrazón produce monstruos..

Total, que me volví a acercar a ver a Lara hace unos meses cuando estuvieron tocando en la última edición del festival de Jazz de Miranda de Ebro, que como siempre, corrió a cargo de la gente del Mirajazz. Y allí que me fui con la Elvi y la Yuyu al Bocca a ver con qué nos encontrábamos. Y lo que nos encontramos fue una pasada. Una pasada de concierto. Cuando en un evento jazzístivo tienes la sensación de no ha pasado el tiempo, que has estado a gusto incluso habiendo tenido que estar de pie porque la sala estaba a tope, y te vas con la sonrisilla de haber visto un buen concierto y todavía con sed de gintónic, es que el concierto es de los que valen, valieron, la pena.

Una pasada la sencillez con la que se arrancaban con temas de los que te tocan la fibra. Una pasada la calidad y el estilazo que destilaba la formación. Una pasada el repertorio…. Una pasada de concierto.

No sé si he dicho que fue una pasada. Creo que sí. Mira te dejo la lista de las canciones que se cantaron ese día en el Bocca (a mi el repertorio me encantó, salvo una de las canciones de la Whitehouse, a la que no le pillé el punto).

  • Something Got A Hold On Me – Etta James.
  • If I Were A Bell – Stacey Kent
  • Lullaby Of Birdland – Sarah Vaughan
  • Desafinado – Stan Getz
  • Calling You – Jevetta Steele
  • You Know I’m Know Good – Amy Winehouse
  • My Funny Valentine – Diane Reeves
  • Mia – Mayte Martin
  • Beautiful Love – Sophie Milman
  • Wake Up Alone – Amy Winehouse (Hidden Treasures)
  • How High The Moon – Ella Fitzgerald
  • Golden – Jill Scott
  • Alfonsina y el mar – Mercedes Sosa

Bueno, ya veis que esta gente no se anda con chiquitas y que las canciones pueden aparecer en el repertorio de cualquier artista de campanillas. A mi, desde luego, para cuando empecé a escuchar los sones brasileiros, ya me tenían en el bote. Ah, y no me quiero olvidar de los músicos que acompañaron a Lara, que fueron Luismi Segurado, Félix Oviedo y Darío Guiber, tres buenos músicos que rayaron a gran altura, si bien es cierto, que entre que estaba al final de la sala y que me deslumbraba la solista con su traje de bola de discoteca saturdaynaigfiber apenas pude verles.

Y es que imagino que es que esta chavala es una artista, así, sin más. Cosas de la genética o de los dioses. Que daría igual que estuviera por allí en una esquina del escenario tocando el triángulo, el yepero, o haciendo la segunda voz del “Alabaré, alabaré”.

Lara, La Lara, Duduá

P.S.: Si estás hoy por Donosti puedes ver al Lara Vizuete Quartet desplegar lo mejor de su repertorio en el Altxerri hacia las 20:00 h.

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