Alboka

(…)

La ducha escupía el agua, no se decidía a la franqueza del chorro. La habitación había conocido tiempos mejores. Me cambié de ropa interior y de camisa para salir fresco a la calle. Un taxi me llevó a la Alameda de Mazarredo y me dejó justo en la esquina con la de Recalde. El taxista no quería arriesgarse a ir más allá, a causa de los disturbios en los astilleros, amplificados al otro lado de la ría por los alborotos de la Universidad. Varias camionetas de la Policía Nacional estaban aparcadas a la entrada de la Avenida del Puerto de la Paz y en la misma plaza de Carlos VII. La Sociedad Gastronómica «Alboka» lucía el instrumento musical que le daba nombre en el dintel de la puerta: un par de cuernos de caza abiertos en media luna sobre un semicírculo de madera cortado por dos radios en forma de arco. Transpasado el umbral, me encontré en una gran sala con largas mesas de madera y las paredes tachonadas de trofeos de caza, como si, de pronto, me hallara en el Hérot skildingo y fuera a recibirme el propio Rodgar. En su lugar, lo hizo un hombre pequeño y nervudo, provisto de una nariz inequívocamente vasca, las manos a la espalda y la mirada remolona.

(…)

QUINTO, Manuel. Cuestión de astucia. Barcelona: Editorial Laia, 1985. p. 35

La imagen, en Flickr, es de Mintegui

Y si tienes curiosidad por escuchar cómo suena el artilugio, aquí tienes a Mixel Ducau a pleno pulmón:

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