Visage de pantomime

(…)

Beate tecleó algo rápidamente y enseguida aparecieron en la pantalla dos fotografías del hombre que acababan de ver. Una, de cuando sacaba la tarjeta, la otra, mientras miraba el reloj.

—He elegido estas dos instantáneas porque en ambas mantiene la cara más o menos en la misma postura y así es más fácil verlo. Están sacadas con un intervalo de algo más de cien segundos. ¿Lo ves?

—No —admitió Harry—. Obviamente, se me dan bastante mal estas cosas, ni siquiera logro ver a la misma persona en las dos fotos. Ni tampoco me parece que sea la persona a la que vi junto al río Akerselva.

—Bien, entonces lo has visto.

—¿Qué he visto?

—Esta es la foto de la tarjeta de crédito —dijo Beate pulsando una tecla. Apareció la instantánea de un tipo de pelo corto y corbata—. Y esta otra, la que le tomó el Dagbladet en la plaza de Egertorget.

Dos fotos nuevas.

—¿Ves si es la misma persona? —preguntó Beate.

—En realidad, no.

—Yo tampoco.

—¿Tú tampoco? Pero si tú no lo ves, ¿significa que no es la misma persona?

—No —respondió Beate—. Significa que tenemos un caso de hipermovilidad. En el ámbito profesional se llama visage de pantomime.

—¿De qué hablas?

—De alguien que no necesita maquillaje, disfraz ni cirugía plástica para transformarse.

(…)

NESBØ, Jo. El Redentor. Barcelona: RBA, 2012. p. 285

La imagen, en Flickr, es de Jorge del Casar Sánchez

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