KO

(…) 

—No hagas gilipolleces, Claudia. No hagamos gilipolleces.

Ella está sorda y avanza dos pasos hacia él. Es como si ni siquiera me hubiera visto, a pesar de que estoy muy cerca, a su izquierda.

No es que yo decida hacer lo que hago. Ocurre y se acabó. Ella no me ve y tampoco ve mi derechazo, que sale disparado y le golpea la barbilla de refilón. El más clásico de los golpes de K.O. Puedes ser el hombre más fuerte del mundo, pero si recibes un buen directo propinado de la manera adecuada en la punta de la barbilla, no hay nada que hacer. Se apaga la luz y se acabó. Es como una anestesia.

(…)

CAROFIGLIO, Gianrico. Con los ojos cerrados. Ediciones Urano, 2007. p. 199

La imagen, en Flickr y bajo licencia Creative Commons, es de Sidious Sid

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