Monedas

(…) 

Prendo siempre era generoso dándome cuerda. Ahora ya no importaba, pero antes de que me comunicaran que prescindían de mis servicios siempre había adoptado una posición no intervencionista. Nos llevábamos bien, aunque tampoco era ningún incauto. Tenía que darle explicaciones del uso de mi tiempo y de lo que estaba persiguiendo, pero siempre me daba la ocasión de elaborarlo antes de ponerlo al corriente.

Me alejé de la Balsa en dirección a la zona de ascensores.

—¿Tienes monedas? —me preguntó Prendergast desde atrás. Le hice una seña por encima de la cabeza sin volverme. Prendergast siempre me decía eso cuando yo salía de la redacción a investigar un artículo. Era una frase de Chinatown. Ya no usaba teléfonos públicos (ningún periodista lo hacía), pero la idea era clara: mantente en contacto.

(…)

CONNELLY, Michael. La oscuridad de los sueños. Barcelona : Roca Editorial, 2011. p. 44

La imagen, en Flickr y bajo licencia Creative Commons, es de Fernando Rossi

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