El lamento del soldado

(…)

Broome identificó a Ray Levine de pie junto a la figura dominante del monumento: una estatua de cuatro metros de altura llamada El lamento del soldado, obra de Thomas Jay Warren y J. Tom Carrillo. El soldado en cuestión aparece arremangado y sostiene el casco en su mano derecha, pero lo que te llamaba la atención, lo que te hacía pensar, era el modo en que esa figura de bronce miraba hacia abajo, con evidente dolor, el montón de chapas militares que le cuelgan de la mano izquierda. Podías captar la devastación en su bello y gallardo rostro al contemplar las identificaciones de sus camaradas muertos, con el rifle todavía pegado a la espalda y la bayoneta en la cadera. Tras él, un grupo de soldados cansados parece materializarse en un muro de agua, mientras uno de ellos carga con un compañero herido o quizá muerto. Al lado, bajo una llama eterna, aparecen grabados los nombres de los 822 ciudadanos de Nueva Jersey caídos o desaparecidos en combate.

En entorno normal, el monumento resultaría sobrio y adecuado para la meditación, pero aquí, enclaustrado entre los desechos del paseo marítimo de Atlantic City, devenía hasta profundo. Durante un ratito, ambos hombres —Broome y Ray Levine— se quedaron allí de pie, contemplando las chapas que motivaban el lamento del soldado, enmudecidos.

(…)

COBEN, Harlan. Quédate a mi lado. Barcelona : RBA, 2013

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