Leyes

(…)

Trató de aprovechar el tiempo para pensar en su visita a TaniaLee, pero el ambiente reinante en la unidad vigilada y ahora en la cárcel de mujeres le había dejado la mente revuelta. Suponía que casi todo el mundo sentía horror ante la idea de que le encerrasen, pero el horror de los inuit al respecto era todavía mayor. Todos los inuit que conocía habrían declarado que preferirían morir antes que pasar una sola noche entre rejas, y lo habrían dicho en serio. En parte, pensó, porque ellos vivían casi toda su vida al aire libre en una tierra sin límites de ningún tipo; también porque los inuit se hallaban sometidos a unas leyes cuyos principios les resultaban a menudo incomprensibles. No era que quisieran quebrantar la ley; era más bien que no la sentían como propia desde un principio.

(…)

McGRATH, M.J. El niño de la nieve. Barcelona : Ediciones B, 2012

La imagen, en Flickr y con licencia Creative Commons, es de Gabriel Sanz

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