Tatuaje (1)

(…)

—¿Lo han identificado?

—No. No sabemos nada de él.

—Levanta la sábana.

—Ah. Vale —dijo Willi—. Algo sabemos. Está azul de tatuajes de la cabeza a los pies. Ha estado en la cárcel.

Los tatuajes de prisión se hacían con un gancho afilado y «tinta» hecha de orina y hollín. Una vez bajo la piel, el pigmento era azul y ligeramente desdibujado, pero detrás de los barrotes, los tatuajes eran más que arte; eran autobiografía. Para cualquiera que leyera los símbolos, un hombre tatuado era un libro abierto.

—Cuéntame lo que ves —dijo Arkadi.

—De todas clases. La Virgen y el Niño, lágrimas, gatos, tela de araña, Cruz de Hierro, una daga ensangrentada, alambre de espino. Lo habitual.

—En cuanto cuelgue, quiero que hagas fotos de los tatuajes de Mudito con el móvil y que me los mandes. Tengo un experto.

(…)

CRUZ SMITH, Martin. Las Tres Estaciones. Barcelona, Ediciones B, 2012

La imagen, en Flickr y con licencia Creative Commons, es de micaeltattoo

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