Roberto Goyeneche – Naranjo en Flor

(…)

Entran en el Quilombo y la vida continúa sonriéndoles, porque el local está muy concurrido pero hay mesa libre, precisamente la que ocuparon la primera noche. Desde el escenario, Marcelo, guitarra en mano, les sonríe, saludándolos con la cabeza, mientras canta «Naranjo en flor». Es extraño observarle esa expresión alegre, mientras continúa cantando, con mucha intensidad, esos versos tan tristes: Primero hay que saber sufrir, después amar, después partir y al fin andar sin pensamiento; perfume de naranjo en flor, promesas vanas de un amor que se escaparon con el viento. Pero así son las cosas del tango y del cariño y de los viejos amigos. Por eso se sienten tranquilos y blandamente felices entretanto el camarero les trae los cubalibres que han pedido y ellos saludan y se dejan saludar por los conocidos de Tito, escuchando la voz rasposa y la guitarra desacompasada de Marcelo, hasta que finalmente el argentino arrastra los últimos versos (eterna y vieja juventud que me ha dejado acobardado como un pájaro sin luz) y aprovecha los aplausos para anunciar una pausa (la hora del alpiste del gorrión, lo llama) y bajarse del escenario. Suena a medio volumen el «Libertango» de Piazzolla, y, mientras las conversaciones tejen un murmullo persistente que nimba el local, el propietario viene a su mesa.

(…)

RAVELO, Alexis. La estrategia del pequinés. Barcelona : Alrevés, 2013. 

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