Terrorismo

(…)

«terrorismo: m. 1. Dominación por medio del terror. / 2. Gobierno de un pueblo por medio de procedimientos violentos y crueles, imposición del poder por parte de una clase social determinada o de un grupo con el uso de medidas extremadamente violentas; terrorismo rojo (el que practican los revolucionarios vencedores contra la clase burguesa) / terrorismo blanco (el que practica la clase burguesa dominante a través de los organismos del Estado).»

El Dimitrakos vuelve a decepcionarme. En parte, sus acepciones están justificadas por su época. Por entonces no existían las organizaciones terroristas de ahora, como 17 de Noviembre o Lucha Revolucionaria. Y, ciertamente, ahora no existe ya el terrorismo blanco. La única acepción que aún tiene validez es la del «gobierno de un pueblo por medio de procedimientos violentos y crueles». Así fue el gobierno de la dictadura militar. A no ser que consideremos terrorismo blanco las continuas amenazas de nuevos recortes de los sueldos, de las pensiones y de las pagas extra. Ésta es nuestra versión del terrorismo blanco, «el que practica la clase burguesa dominante a través de los organismos del Estado».

(…)

MARKARIS, Petros. Pan, educación, libertad. Barcelona, Tusquets, 2013

NOOOOOOOOOOOOOOOOO

La imagen, en Flickr y con licencia Creative Commons, es de Eduardo.

Germán Coppini – Pepito, el grillo

(…)

Busqué una melodía adecuada en mi teléfono móvil de última generación, uno de los dos minicaprichos, a lo sumo, con los que mi renta de funcionario congelado y divorciado me permitía llevar una vida semejante a la de las celebrities que lideran nuestro mundo y sirven de faro y luminaria a nuestras nuevas generaciones. Abrí la puerta de la leonera donde mi hijo roncaba a pierna suelta, y que durante el resto del tiempo era una habitación normal, y me acerqué sigilosamente hasta la cama en la que yacía enrollado en el edredón. Acerqué el teléfono hasta donde supuse que podía estar su cabeza y le di al play.

Comenzaron a sonar unas campanas dulces y ligeras, y después una cálida voz femenina que hacía los coros, junto a la suave percusión que anunciaba la inminente entrada del solista. Éste cantaba al fin en voz baja, casi como si se esforzara para no irritar al auditorio:

La estrellita que una noche divisé
fue la que hizo verdadera la ilusión que yo soñé,
mis harapos en fino lino convirtió
y me impuso una tarea de un bellísimo valor.
Cuando te asalte la duda
o a punto estés de ceder a una tentación,
llámame con un silbido,
yo seré tu celador.

A partir de ahí, se arrancaba un piano que ya no era tan leve, al que acompañaba un sintetizador que llegaba incluso a resultar molesto. Fue el instante en que el ronquido cesó y el cuerpo bajo el edredón comenzó a moverse. Luego sonó un graznido bajo la cobertura:

—Papá, eres un carca.

—No te quejes, soldado. Carcundia por carcundia, podría haberme inclinado por Iron Maiden. 22 Acacia Avenue, por ejemplo.

—Ya, se te agradece —rezongó—. ¿Qué demonios es eso?

—Germán Coppini, Pepito, el grillo. Un himno que deberías conocer, si es que no lo has oído nunca. Y atender a la letra, que ningún rapero alcanzará jamás con esos ripios que ahora consideráis canciones.

Mi hijo asomó la cara somnolienta:

—Punto uno, no eres tan viejo para hablar así. Punto dos, odio el rap. Punto tres, estoy hecho polvo. ¿No puedo sobar un poco más?

SILVA, Lorenzo. Los cuerpos extraños. Barcelona : Destino, 2014