Bobby Bland – Further On up the Road

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En el ejército había tipos que tenían cosas así. Una maravilla. Pero estaban tirando el dinero. Porque el mejor equipo de sonido que hay en el mundo te sale gratis. Es el que tienes en la cabeza. Y suena todo lo bien que tú quieras que suene. Al volumen que tú quieras. Estaba apoyado en el rincón de la celda reproduciendo mentalmente un tema de Bobby Bland. Un viejo tema que me gustaba mucho. Lo estaba reproduciendo a todo volumen. Further On up the Road. Bobby Bland lo canta en sol menor. Lo que dota a la canción de cierto aire alegre y optimista. Contrapuesto al regusto amargo y vengativo de la letra. La canción a la vez se convierte en un lamento, en una predicción, en un consuelo. Y consigue el efecto que se supone que el blues tiene que conseguir. El relajado sol menor logra que la canción resulte casi dulce. No agresiva.

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CHILD, Lee. Zona peligrosa. Barcelona : RBA, 2015

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Ford Fiesta

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El Ford Fiesta no es uno de los coches más fáciles de robar (esa es la verdad), pero los yonquis se encapricharon de él: a Rodolfo Maqueda se lo robaron más de treinta veces: la policía ya lo conocía: lo llamaban por teléfono y le decían: Rodolfo, ¿eres tú?: sí, dime, ¿qué ha pasado esta vez?: nada, que tu coche ha aparecido en la avenida de Pan Bendito: ¿está bien?: no, lo empotraron en una farola: Rodolfo Maqueda puso una barra de hierro (enganchaba el volante con el pedal del freno), pero los yonquis se lo aserraron y se llevaron el coche: después le puso otra barra de hierro y una cadena y nada, tampoco dio resultado, los yonquis le robaron el coche y, además, le dejaron de regalo un paquete de chicles: entonces Rodolfo Maqueda puso dos cortacorrientes, dos barras de hierro, dos cadenas y un cartel que decía: «róbalo ahora, cabrón»: los yonquis volvieron a robarle el coche: no le quedó más remedio que dejar un papelito en el que les pedía a los yonquis que al menos le aparcaran el coche cerca del barrio y no se lo devolvieran con el depósito vacío ni con manchas de sangre en el asiento de atrás: así, llegaron a un acuerdo: sin embargo, la solución se le ocurrió al cabo de un año: por las noches encerraba en el coche a un rottweiler: eligió de la perrera el rottweiler más cabrón (el que tenía más ojos de asesino): no volvieron a robarle el coche nunca más: al cabo de un par de meses, todos los coches de la calle tenían un rottweiler dentro.

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LLORENTE, David. Te quiero porque me das de comer. Barcelona : Alreves, 2014.

1981 Ford Fiesta Ghia MKI

La imagen, en Flickr y con licencia Creative Commons, es de Spanish Coches

Orquesta América – Miñoso al bate

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Para contribuir al perseguido aunque manifiesto ambiente de nostalgias, por el audio del salón se dejaba escuchar una prodigiosa selección de chachachás, mambos, sones, boleros y danzones famosos en la Cuba de la década de 1950. Periódicamente ocupaba el espacio el chachachá de Miñoso («Cuando Miñoso batea de verdad, la bola baila el chachachá»), interpretado desde la eternidad por la Orquesta América, pero cada nueva pieza que se oía resultaba de inmediato identificada por la añoranza agresiva de Daniel Kaminsky, quien le susurraba a su hijo el nombre de su ejecutante: Benny Moré y su banda, Pérez Prado, Arcaño y sus Maravillas, el Conjunto de Arsenio, Barbarito Diez, la Aragón, La Sonora Matancera de antes, la de verdad, con Daniel Santos o Celia Cruz al micrófono…

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PADURA, Leonardo. Herejes. Barcelona : RBA. 2013

Dream a Little Dream – Michael Bublé

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Al rato tintineó la señal de que alguien había dejado un mensaje en el buzón de voz. Acabé mi cena. Fregué los platos y el vaso. Tiré la lata de cerveza vacía y la servilleta en la bolsa de basura. Me comí una nectarina que se aburría de soledad en el frutero de la mesa. Bublé había cambiado a una canción más dulce, Dream a Little Dream. Me serví una copa. Me encendí un puro. Y esperé a que acabara la balada: si eran malas noticias, mejor que me agarraran con buen ánimo.

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CORREA, José Luis. El verano que murió Chavela. Barcelona : Alba, 2014

AK-47

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La habitación era lo bastante alta para él y tenía un suelo liso de cemento. Tres de las paredes estaban cubiertas de estanterías llenas de la mercancía habitual: pistolas Glock muy usadas, Smith & Wesson calibre 38 como la suya, cajas de munición, un Kalashnikov. Harry nunca había tenido en sus manos un ejemplar de aquella famosa automática rusa, cuyo nombre oficial era AK-47. Acarició la culata de madera.

—Un original de 1947, el primer año de fabricación —dijo Van Boorst.

—Parece que aquí todo el mundo tiene una —dijo Harry—. La causa de muerte más popular en África, según dicen.

Van Boorst asintió.

—Por dos razones muy sencillas. Cuando los países comunistas empezaron a exportarlas a este continente después de la guerra fría, un Kalashnikov costaba tanto como una gallina cebada en tiempo de paz. Y, en tiempo de guerra, no más de cien dólares. Por otro lado, funciona bien, con independencia de lo que hagas con él, y eso en África es importante. A los mozambiqueños les gustan tanto los Kalashnikov que han puesto uno en la bandera nacional.

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NESBO, Jo. El leopardo. Barcelona : Random House, 2014

La imagen, con licencia Creative Commons, es de la Wikipedia

Michael Bublé – Mack the Knife

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Me despedí de Álvarez y de Esponda. Allí ya no se me había perdido nada. Necesitaba una ducha y una cena. Pensaba mejor oliendo a limpio y con el estómago lleno. Me comprometí a mantener el teléfono abierto toda la noche por si debían dar conmigo. Salvo con Beatriz, no tenía intención de hablar con nadie. Y ella (sus hijos habían vuelto, arrepentidos, al redil) estaría ocupada en sus asuntos, así que la llamada sería breve. Me preparé un sándwich de atún, abrí un paquete nuevo de anacardos salados, saqué una cerveza de la nevera y puse música. Michael Bublé entonaba Mack the Knife cuando sonó el móvil. Si hay algo que me mata es no reconocer el número de la persona que llama. La gente que me interesa está registrada en mi lista de contactos. Por experiencia sé que el resto o no me va a interesar jamás o es portadora de malas noticias. Por otra parte, no podía ser de la comisaría. No tan pronto. De modo que lo dejé sonar hasta que se cansó.

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CORREA, José Luis. El verano que murió Chavela. Barcelona : Alba, 2014

The Association – Windy

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Al cabo de un rato, los cuatro nos dejamos caer en los sofás, cerca de la antigua sección infantil. La cabeza me daba vueltas, y puede que me hubiera dormido un momento. Cuando me desperté, una de las rubias se puso a hablar conmigo.

—Me llamo Windy —dijo.

—¿Wendy?

—No, Windy. Con una i en lugar de la e.

Lo dijo como si lo hubiera explicado un millón de veces antes, lo cual supuse que sería cierto.

—¿Como la canción? —pregunté.

—¿Conoces la canción? —se sorprendió ella—. No parece que tengas edad para eso.

Everyone knows it’s Windy… —canté—. A mi padre le encantaban los Association.

—Vaya. A mi padre también. Por eso me llamaron así.

Para mi sorpresa, la charla se convirtió en una conversación de verdad. Windy tenía treinta y un años y trabajaba en un banco, pero estaba estudiando para obtener el diploma de enfermería pediátrica, que era lo que le gustaba de verdad, en un centro comunitario, no muy lejos de allí. Además, cuidaba a su hermano discapacitado.

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COBEN, Harlan. Seis años. Barcelona : RBA, 2015.

No es la primera vez que aparece esta canción en la Negra con puntillo. Puedes echarle un vistazo a esta entrada, El principio de incertidumbre de Heinsenberg, donde se hace referencia también a este tema al comentar la tercera temporda de Breaking Bad.