AK-47

(…)

La habitación era lo bastante alta para él y tenía un suelo liso de cemento. Tres de las paredes estaban cubiertas de estanterías llenas de la mercancía habitual: pistolas Glock muy usadas, Smith & Wesson calibre 38 como la suya, cajas de munición, un Kalashnikov. Harry nunca había tenido en sus manos un ejemplar de aquella famosa automática rusa, cuyo nombre oficial era AK-47. Acarició la culata de madera.

—Un original de 1947, el primer año de fabricación —dijo Van Boorst.

—Parece que aquí todo el mundo tiene una —dijo Harry—. La causa de muerte más popular en África, según dicen.

Van Boorst asintió.

—Por dos razones muy sencillas. Cuando los países comunistas empezaron a exportarlas a este continente después de la guerra fría, un Kalashnikov costaba tanto como una gallina cebada en tiempo de paz. Y, en tiempo de guerra, no más de cien dólares. Por otro lado, funciona bien, con independencia de lo que hagas con él, y eso en África es importante. A los mozambiqueños les gustan tanto los Kalashnikov que han puesto uno en la bandera nacional.

(…)

NESBO, Jo. El leopardo. Barcelona : Random House, 2014

La imagen, con licencia Creative Commons, es de la Wikipedia

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