La cura del sombrero

(…)

Carl se dejó caer sobre la cama y se puso a pensar en la cura del sombrero. Por lo que sabía, era una cura que su padre seguía haciendo cuando se ponía enfermo. «Túmbate en una cama», solía decir. «Cuelga un sombrero de uno de los extremos del pie de cama y luego busca con la mano la botella de priva que debes tener siempre en la mesilla de noche, y bebe hasta que veas un sombrero en cada extremo. Te garantizo que al día siguiente estás curado. Y si no, te importa un bledo ya.» Sí, la cura era infalible, pero ¿y si tenías que conducir un par de horas después? ¿Y si no querías apestar a alcohol? Porque seguro que Mona no iba a reírle las gracias viéndolo en ese estado. Dio varios suspiros y se compadeció de sí mismo. De todas formas, echó mano de su botella de Tullamore Dew y tomó un par de sorbos. Tampoco iba a hacerle daño.

(…)

ADLER-OLSEN, Jussi. Expediente 64. Madrid : Maeva, 2013

mi sombrero viajero

La imagen, en Flickr y con licencia Creative Commons, es de pegatina1

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