Blondie – Heart of Glass (2)

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—Buenos días, Ulises. ¿Qué tal va todo?

—Perfectamente, doña Lucía, no puedo quejarme. Bueno, en realidad, aunque me quejase no me serviría de nada, así que…

—Vaya, le veo algo triste. ¿Asuntos laborales? Si quiere, le dejo las películas de las que le hablé el otro día, no conozco mejor remedio para olvidarse de todo. Bueno, la música de los ochenta también ayuda lo suyo, ¿no cree? —añade señalando las notas discotequeras que siguen sonando a toda pastilla.

—Desde luego, doña Lucía. Por cierto, que esa canción es una de las favoritas de mi madre. No sé qué de un corazón o algo por el estilo…

—Heart of Glass, de Blondie. Ahora ya no se hace música como la de entonces. Ni películas tampoco. ¿Qué? ¿Se las dejo?

—Pues mire, no es mala idea, no me vendría mal un rato de evasión —le agradezco el detalle.

—Ahora mismo se las traigo.

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BOSQUE, Ricardo. Cuestión de galones. Madrid : Literaturas Com Libros, 2011.

No es la primera vez que suena este tema en el Karaoke Kriminal. Puedes echarle un ojo a esta otra “versión”, en el Cold, cold, ground de Adrian McKinty.

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Zombie

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1 medida de ron oscuro

 1 medida de ron claro

 ½ medida de brandy

 1 medida de jugo de papaya con naranja

 1 medida de jugo de piña

 Gotas de limón

 Cubitos de hielo

Mezcle las bebidas con el hielo en el vaso mezclador o en una licuadora. Sírvalo en un vaso Tiki. Adorne con piña, cereza y menta fresca. Disfrútelo con el éxito de 1963 de los Venture’s Let there be drums.

Quizás la más famosa de las bebidas Tiki nació en el bar Don the Beachcomber’s. Su dueño, Donn Beach, un famoso restaurantero californiano, usó ron para sus cocteles por lo barato. El ron, antes de los treinta, era bebida de alcohólicos o marineros, pero él lo mezcló con jugos de fruta para que perdiera su sabor fuerte.
El zombie fue creado para un cliente asiduo que una noche traía cruda. Se lo tomó. Al rato regresó con Donn: se sentía como un muerto viviente. Las mezclas de Donn eran apreciadas por Clark Gable, Charlie Chaplin, Buster Keaton, Groucho Marx y Marlon Brando. Donn Beach se convirtió en el más famoso mixologista de California y el padre fundador de la cultura Tiki.
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HAGHENBECK, F.G. Trago amargo. Barcelona : Roca editorial, 2009

Bruce Springsteen – State Trooper

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Por el rabillo del ojo, Ben distingue el coche de la Patrulla de Caminos de California, aparcado en la mediana de la autopista.

Están al acecho, como la muerte.

(El cáncer, los ataques al corazón, los aneurismas: todos esperan pacientemente en la mediana.)

Ruega que el poli tenga algo mejor que hacer y repite para sí una canción de Springsteen («Mister state trooper, please don’t stop me, please don’t stop me, please don’t stop me»), no por temor a los años en la cárcel, sino porque supondría la muerte de O. Mira por el espejo retrovisor para si el poli arranca («Por favor, no me haga parar; por favor, no me haga parar»), pero no lo hace.

¡Carajo! Ben no puede respirar.

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WINSLOW, Don. Salvajes. Madrid : Martínez Roca, 2011.

 

Ulrike Meinhof

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Yo, sin embargo, pienso en Ulrike Meinhof, una periodista alemana de izquierdas que acabó militando en la Rote Armee Fraktion, la Fracción del Ejército Rojo, un grupo terrorista de extrema izquierda liderado en un principio por Andreas Baader y que acabó llamándose la banda Baader-Meinhof. ¿Qué es eso de la crueldad más absoluta? Ulrike no era una asesina en serie, no era una sádica, no era un monstruo. Era solo una periodista progre que se dejó llevar por el ideal ismo, ayudó a fugarse a Baader de prisión con la excusa de una entrevista y acabó uniéndose a la RAF, abandonando a su marido burgués y a sus pequeñas hijas. Por supuesto, Meinhof y su grupo causaron mucho dolor. Pero, para ellos, matar no era un fin, sino un medio, un mal necesario. Igual que para cualquier otro grupo armado, para cualquier ejército, para cualquier Estado en el que exista la pena de muerte. Así pues, ¿qué era aquello de buscar en su cerebro la crueldad más absoluta? ¿Acaso existe algo así, una predisposición innata a la crueldad? Y, si existe, ¿es el cerebro el sitio donde habría que buscarla?

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RAVELO, Alexis. La última tumba. Madrid : Edaf 2013

Ulrike Meinhof Univerity Berlin 1968

La imagen, con licencia Creative Commons, está en Flickr, y es de seven resist.  Además, en la Wikipedia puedes encontrar más información sobre la Fracción del Ejército Rojo.

Pink Floyd – Shine On You Crazy Diamond

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Sonja tenía razón, por supuesto: fue más sorprendente que se quitaran la vida jugadores como Gary Speed o Robert Enke que un hombre como Drennan, pero siempre había esperado y creído que mi antiguo compañero de equipo reconduciría su vida. Al fin y al cabo, yo era una prueba viviente de que se podía volver al fútbol después de un desastre. ¿No es así? Me senté en una butaca con el iPad y me pasé otra hora viendo una selección de los mejores goles de Drenno en YouTube. Algunos eran los tantos más bonitos que había visto nunca, y algunas asistencias eran mías, lo cual estaba bien, pero la música que los acompañaba —Shine On You Crazy Diamond, de Pink Floyd—, aun resultando totalmente apropiada para un hombre como Drenno, no me animó en absoluto y rompí a llorar una vez más.

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KERR, Philip. Mercado de Invierno. Barcelona : RBA, 2015

Calabacines rellenos de arroz

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Con ella vino Uli, para empezar las clases de informática. Cuando Katerina le contó que también Adrianí quería escuchar Radio Esperanza, Uli la invitó a acompañarnos. Le enseñó cómo encender el ordenador y luego utilizó un truco para que, en adelante, no necesite el ratón para conectar la radio; ahora basta con pulsar la tecla F3. Adrianí se retiró encantada y llegó mi turno. Uli me enseñó en un par de horas lo que yo no habría sido capaz de aprender ni en dos semanas. Es decir, cómo redactar un texto, cómo guardarlo, cómo abrir el correo electrónico y cómo descargar archivos de Internet. El joven, además, fue tan encantador que alabó mi inteligencia en lugar de presumir de sus propias habilidades. Como recompensa, cenó calabacines rellenos de arroz con salsa de huevo y limón, que devoró sin parar de exclamar con la boca llena: «Delicious, delicious!». En realidad, esta mañana debería haberme sentado al ordenador para seguir practicando yo solo, pero hace tantos años que combato el insomnio con la ayuda de Dimitrakos que me ha parecido una traición dejarle de lado.

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 MARKARIS, Petros. Pan, educación, libertad. Barcelona, Tusquets, 2013

Imposible conseguir la receta de Adrianí, así que os dejo por un lado la que me ha parecido que podría asemejarse más, el Kilokitàkhi Gemistó del blog Asopaipas, y por otro lado, la versión de un cocinero al que sigo en Youtube, el Cocinero Universitario.

Eric Clapton – Rambling on My Mind

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Tuve que esperar largo rato. Tanta espera me ponía un poco nervioso, por lo que empecé a cantar para mí. Desgrané todas las versiones de Rambling on My Mind que conocía. Una canción versionada hasta la saciedad. Suele considerarse que es una canción tradicional, porque nadie sabe quién la compuso. Ni de dónde procede. De la zona del delta del Mississippi, lo más probable. Es una canción sobre culos de mal asiento, sobre personas incapaces de permanecer mucho tiempo en un mismo lugar. Sobre gente como yo.

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CHILD, Lee. Zona peligrosa. Barcelona : RBA, 2015