Arroz con leche

(…)

Sarito insistió tanto y el caldo de papas olía tan bien que Monroy no pudo resistirse a la invitación. Almorzaron los tres, los dos ancianos y él, en el comedor, con profusión de bromas y queso tierno recién traído de Fuerteventura por el hijo de Paco Nieves, que iba allá por negocios dos veces a la semana.

El ex marinero terminaba ahora la segunda taza de arroz con leche, con un aire de fruición que ponía en su semblante la expresión de un niño.

—Ay, cómo me gusta verte comer, querido —dijo Sarito, poniéndole una mano en el hombro—. Si quieres más, hay más, ¿eh?

Monroy la miró con pánico.

—Sarito, me vas a reventar… Si ya estoy embostado.

Paco Nieves rió todo lo estruendosamente que sus pulmones se lo permitieron.

—Pero, mi niño, si no has comido nada… —insistió Sarito—. Ese cuerpo lo tienes que llenar.

—Sarito, te lo juro: no me cabe ya ni una peladilla. Ella enarboló una sonrisa mientras se levantaba.

—Bueno, un cafecito sí —propuso.

—Ah. Eso sí.

(…)

RAVELO, Alexis. Solo los muertos. Las Palmas de Gran Canarias : Anroart, 2008

 

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