Archivo mensual: diciembre 2016

Pink Floyd – Shine On You Crazy Diamond

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—¿Alguna mujer misteriosa más te ha dejado una felicitación?

—Hoy no.

—Si fuera algo serio te lo hubiera dicho sin más, no te hubiera dejado una nota tan críptica. Eso solo pasa en las películas.

—Estaba pensando exactamente lo mismo.

El tiempo se detuvo uno o dos segundos.

—No dejes que el trabajo te pueda, ¿vale?

—Vale.    —Pues cuídate.

—Me cuidaré.

Colgó. Me preparé otro gimlet de vodka, bajé las luces y puse Wish You Were Here, de Pink Floyd. Avancé la aguja hasta Shine On You Crazy Diamond, la canción sobre la depresión mental de Syd Barrett, y puse el tocadiscos en repetición. Llamé a la RUC de Carrick y pregunté por el agente McCrabban.

—McCrabban al habla —dijo.    —¡Cristo bendito! ¿Todavía estás ahí?

—No deberías tomar el nombre de Dios en vano. Y sí, todavía estoy aquí.

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McKINTY, Adrian. Oigo sirenas en la calle. Madrid : Alianza, 2013

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Hanky-Panky

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½ oz de ginebra

 1 ½ oz de vermut dulce

2 gotas de Fernet Branca

Mezcle las bebidas en el vaso con hielo, enfriándolo. Sírvalo en un vaso martinero con una cereza mientras oye una ópera de Gilbert y Sullivan.

El hanky-panky fue idea de Ada Coleman. Su benefactor era Ruper D’Oyly Carte, que construyó el Hotel Savoy y produjo las óperas de Gilbert y Sullivan en Londres. Ella le dio al bar del hotel una posición reconocida sirviendo a Mark Twain, al príncipe de Wales, o al príncipe Wilhelm de Suecia, y al actor Charles Hawtrey, quien le pidió algo para animarse. Al darle este coctel, lo bebió de golpe diciendo By Jove!» That is the real hanky-panky
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HAGHENBECK, F.G. Trago amargo. Barcelona : Roca editorial, 2009

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The B-52’s – Love Shack

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–Trabajas en el Aphrodisiac, ¿verdad? – preguntó King.

Lulu se sorprendió.

–Sí. ¿Cómo lo sabes? – Esbozó una sonrisa-. No me digas que has estado allí.

King le devolvió la sonrisa. –Sí, una vez, hace años.

–Cuando fui a trabajar allí era más que nada una casa de putas. Entonces se llamaba Love Shack, ¿sabes?, por la canción de los B’52. Pero yo le veía más posibilidades. Con los años lo he convertido en un buen club. Sí, todavía hay bailarinas y esas cosas, pero eso no es más que una sección, lo que se conserva del original. Júnior hizo buena parte de las obras de renovación. Tendríais que ver cómo ha quedado, columnas de madera, bonitas molduras, cortinas elegantes y paredes empapeladas. Tenemos un restaurante muy bueno, con mantelerías y vajilla de porcelana, sala de billar y un lugar para jugar a cartas, una sala de cine y un bar de primera con una zona acondicionada especialmente para que los hombres fumen puros. Además, acabamos de abrir un club para los empresarios locales. Un lugar para relacionarse, ya sabéis. Tenemos acceso a Internet, un centro de negocios. Los ingresos aumentaron un ochenta y seis por ciento el año pasado y fue el mejor de los últimos diez. Además he insistido para que cambien el nombre por algo un poco más…

–¿De mejor gusto? – sugirió Michelle.

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BALDACCI, David. El juego de las horas. Barcelona : Ediciones B, 2005

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Sacamantecas

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 El Sacamantecas era nuestro Jack el Destripador alavés, estrella imprescindible en todas las formaciones de Perfiles Criminales a las que había acudido.

Juan Díaz de Garayo Ruiz de Argandoña, nacido en 1821 en Eguílaz, un pueblecito de la Llanada Alavesa, asesinó, violó y mutiló a seis mujeres, cuatro de ellas prostitutas, y murió por garrote vil en la antigua prisión del Polvorín Viejo.

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GARCÍA SÁENZ DE URTURI, Eva. El silencio de la ciudad blanca. Planeta, 2016

La imagen es de la Wikipedia

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Miles Davis – Kind Of Blues

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 Harry cerró el grifo. Notaba en las rodillas la puerta del armario de debajo del fregadero. Jim Beam susurraba su nombre desde el interior.

Se puso un pantalón y una camiseta, fue al salón y puso Kind of Blues, de Miles Davis. Era el original, en el que no habían compensado el que la grabadora del estudio fuera un pelín lenta y todo el disco resultara en una dislocación imperceptible de la realidad. Estuvo escuchando un rato antes de subir el volumen para acallar los susurros de la cocina. Cerró los ojos.

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NESBO, Jo. El leopardo. Barcelona : Random House, 2014

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Pastel de puerros con gambas

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Así que llego a una hora discreta al restaurante del hotel donde tiene su cuartel general María Consuelo Marugán. Me siento al fondo, en una mesa desde la que puedo ver quién entra y sale y el rincón de la caja donde una empleada ordena los menús y cobra las facturas. Pido pastel de puerros con gambas y un lenguado. Agua mineral para beber. Cuando el somelier me llena la copa hasta donde debe estar llena una copa, la veo aparecer. La reconozco fácilmente por las fotografías de la ceremonia del entierro. Compruebo que tiene posiblemente los dos mejores pechos de todas las islas, grandes y hermosos como un anillo de Saturno, con dos intuidos satélites negros en el centro, y un trasero abastecido y redondo como rueda de ruleta que incita a apostar en él todas las fichas.

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FUENTES, Eugenio. El nacimiento de Cupido. Sevilla : Muñoz Moya y Montraveta, 1994.

 

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Les Rita Mitsouko – Marcia Baila

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A Frédéric Saint-Michel le gustaba que lo llamaran Chichin, por otro Frédéric, el guitarrista de los Rita Mitsouko. Saint-Michel cultivaba una imagen de dandi cool: pelo largo, barba incipiente, voz grave. Había conservado de una educación rigurosa y diez años de patrulla en los scouts un sentido de la moral que tranquilizaba a Charles y a Louise, y de una vuelta al mundo que hizo él solo con menos de veinte años, una vena de locura que seducía a las chicas, incluidas las mucho más jóvenes que él.

Incluida Myrtille.

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BUSSI, Michel. No lo olvides jamás. Punto de lectura, 2016

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