Shosholoza

(…)

Emmanuel se estaba adentrando en el veld cuando un segundo grupo de criados, decididos a despejar la zona blanca del pueblo antes del toque de queda, pasaron andando a buen paso y cantando. Emmanuel conocía la canción:

– Shosholoza, shosholoza… Kulezontaba

La traducción aproximada era «Ve más deprisa, andas vagando por esas montañas. El tren viene de Sudáfrica». La propia palabra shosholoza sonaba como el silbido de un tren de vapor. El aire trajo el rítmico canto de los criados a sus oídos y Emmanuel sintió el calor de la noche africana en su piel y su pelo. Las voces de los criados se fueron apagando y él se volvió hacia la casa del comisario.

(…)

NUNN, Malla. Un hermoso lugar para morir. Madrid : Siruela, 2012

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